Hay quien dice que voy a mi bola y no lo dice por el nombre de la calle donde habito, sino por el caminar libre y aleatorio que llevo, serán habladurías, supongo.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Hay quien dice que voy a mi bola y no lo dice por el nombre de la calle donde habito, sino por el caminar libre y aleatorio que llevo, serán habladurías, supongo.
Todo era azul, el mar, el cielo y tu mirada. Una botella azul, de Solán de Cabras, un tapón azul, una carta azul y en tinta azul un poema: Todo era azul, el mar, el cielo y tu mirada.
Enmarcado en un círculo de ruina y desolación emerge el peñón en aguas mediterráneas, testaruda roca que sin querer me atrapa.
Fácil es mantener el equilibrio
cuando el mar está en calma y las olas llegan dulces a la orilla. Una maravilla
deslizarse sobre una tabla con suaves golpes de remo. ¡Qué no se levante el
viento! ¡Qué la vida te respete! ¡Qué no
caigas en el infortunio ahora que eres feliz, amigo!
A las 07:33 de un día de octubre comienza a amanecer y las primeras luces azules y frías de la mañana conviven con las amarillas y cálidas de la noche que termina, no llegan a mezclarse y en un par de minutos ambas habrán desaparecido dejando paso a otra luz, uniforme y única, que dominará todo el espacio. A todas luces doy fe.
Reflejos hay que tener para captar los mejores momentos del día. La vida pasa por delante de nuestros ojos y debemos estar atentos, no vaya a ser que se nos escape.
Cuanto más alto subimos más pequeño lo vemos todo, menos el horizonte que se alarga y se ensancha. Conviene tomar distancia para verlo todo más claro, escalar a la cima nos hace más sabios.
Entre tú y yo hay un mar de posibilidades, unas soñadas y otras reales, paisajes en calma y fuertes marejadas, naufragios, rescates y aventuras dispares, hoy no estás, pero quizás estés mañana.
Manteniendo la distancia de seguridad, incluso conmigo mismo, difícil es que pueda contagiarme. Reflejo soy de lo absurdo en tiempos de pandemia.
Hay bancos que siempre están abiertos a asumir riesgos mientras otros permanecen cerrados a nuestros propósitos.
Hay quien necesita que alguien le marque los tiempos. Yo voy a mi ritmo, libre de cronómetros y pizarras, porque sé que siempre me esperas.
Deberíamos intentar conducirnos bien en todas las situaciones, es cuestión de práctica y de no perder el control.
A veces no sé lo que digo y otras
no digo todo lo que sé. En ocasiones hablo más de la cuenta y en otras, que
debería hablar, callo. No siempre digo lo que pienso, pero siempre pienso lo
que tengo que decir. Soy más de escuchar que de hablar, dicho sea de paso. ¿Y
tú qué dices?
Un día más la noche se apaga y se enciende el sol. En la cama quedan los sueños, todavía calientes, mientras te pones en pie. Ducha caliente y olor a café. Noticias de última hora, lo mismo que ayer. La puerta se abre, la calle amanece, reinicias la marcha otra vez. Rutina diaria, la vida avanza sin querer.
Como pez en el agua en tus mares me sumerjo y acaricia mi memoria tu recuerdo, sirena eres de otro tiempo.
En el escaparate de la vida te expondrás para ser observado. Podrás vestirte llamativamente, de camuflaje o según la moda que marquen. Adoptarás un papel o te mostrarás tal como eres. Pasarán por delante de ti, te mirarán de reojo, por encima del hombro o frente a frente, pero todos, en algún momento, se verán reflejados en los cristales y serán juzgados.
Como el agua, como el aire, como la masa que amasas con tus manos, mi corazón adopta todas las formas, se deforma, se transforma y se conforma cuando pasas por delante de él, con solo verte.
Si él ya está muerto y por tanto no sufre: ¿por qué has de sufrir tú? Acéptalo, intenta vivir en paz y ser feliz, ese era su deseo.
Ahora, que ya no es hora de decirte nada y porque nada nuevo tengo que decirte, quiero decirte, para que no lo olvides, incluso cuando lo hayas olvidado todo, que un día te quise, sin querer y sin darme cuenta, y que desde ese día no he podido dejar de quererte, hasta ahora.
Amor eterno se juraron y
abrazados se arrojaron al vacío, desde la peña de los enamorados, la mora y el
cristiano.
Ahora que tú duermes y que yo velo, vuelo hacia allí, escondido en un sueño, para hacerme dueño de ti y esclavo de tu deseo.
Las mejores películas son las que tú te montas. Protagonista eres en todas ellas. Yo me conformo con papeles secundarios con tal de estar a tu lado.
Nos pasamos media vida esperando que pase algo interesante y cuando pasa, sucede tan deprisa que no llegamos a sentirlo.