Entiendo y comprendo que sigas volviendo allí, a tu pasado, a tus recuerdos, a pesar de que yo estoy aquí, a tu lado, con mi presente que eres tú. Mi pasado duerme en el baúl del olvido, ya no necesito abrirlo, ya no hiere ni me reconforta.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Entiendo y comprendo que sigas volviendo allí, a tu pasado, a tus recuerdos, a pesar de que yo estoy aquí, a tu lado, con mi presente que eres tú. Mi pasado duerme en el baúl del olvido, ya no necesito abrirlo, ya no hiere ni me reconforta.
Todo pasa a velocidad de vértigo: pasa la vida, pasa el amor y pasa la muerte. ¿Qué queda? Nada, nada queda, salvo la estela, el rastro que deja en el aire un cuerpo en movimiento.
A menudo, la realidad de la
imagen no se corresponde con la de los hechos, pero sirve como representación
de ellos. Tampoco importa tanto lo que realmente ocurra como lo que la gente
piense que ha ocurrido. Así suele ser, aunque parezca que no lo es. Y es que la
realidad y la imaginación son caras de una misma moneda, la que apostamos cada
día en el gran casino de la vida.
Seis meses no es nada, es todo cuando se ama como tú me amas. Es lágrima, es alegría, es llanto, es risa, es miedo, es taquicardia, es felicidad. Es un querer y no poder, es poder queriendo que yo te quiera a tu manera. Seis meses multiplicados por catorce son ya unos cuantos años, años ha que no se olvidan tan fácilmente, pero es mejor recordar para no olvidar ni un minuto vivido contigo. Seis meses y muchos más, a tu lado, hasta la eternidad.
Los cuerpos sin vida de las hojas de otoño flotaban en el agua a la espera de ser rescatados. Cuando llega a su fin, todo cae por su propio peso, es la ley de Newton y ley de vida.
No es fácil no estar, cuando quieres estar a su lado. No es fácil callar, cuando estarías hablando todo el rato. No es fácil terminar el día sin tenerla otra noche contigo. No es fácil, no, pero más difícil sería perderla y no saber nada de ella.
Por muchos candados que nos pongan, el nuestro no es un amor cerrado, en libertad nos amamos, sin ataduras ni contratos.
Inevitablemente, si quieres avanzar, no queda más remedio que atravesar las tormentas que la vida te pone por delante. Son momentos de tensión, peligro e incertidumbre, pero una vez superados el horizonte vuelve a perfilarse claro, limpio y despejado. ¡Allá vamos, suerte!
Sencillamente, al final, mi vida ha escrito ella sola, junto a él, el mejor cuento, mi mejor cuento, el que nunca creí poder llegar a contar, ni real ni ficticio, tan irreal como verdadero, tan creíble que es increíble, tan inolvidable que jamás nunca nadie debería olvidar si este cuento de amor se escribiera algún día.
Extracto del cuento ¿Y ella qué sabía?
En muchos momentos en los que estoy solo o acompañado imagino que estás conmigo, mejor dicho, pienso que estaría muy a gusto contigo en esos momentos que estoy solo o acompañado.
Y desde ese mismo instante comenzó para ella la más bella historia que jamás en su vida imaginó poder vivir. A partir de esa noche supo lo que significaba la palabra amor y lo que implicaba amar de verdad.
Extracto del cuento ¿Y ella qué sabía?
Y poco a poco, y aunque parezca imposible, en esos pocos días fue sintiéndose atraída por él, hasta tal punto que, cuando quiso darse cuenta, ya estaba enamorada de un hombre que ni conocía.
Extracto del cuento ¿Y ella qué sabía?
Por aquellas fechas el otoño seguía deshojando la margarita, unos amores se iban y otros venían, con tristeza y dolor unos, otros con esperanza y alegría.
En ocasiones sí, pero no es lo habitual, lo normal es que no te enamores de un día para otro, sino después de un día tras otro, aunque exista el amor a primera vista o a primera lectura. Cuando te conocí, tú jugabas con ventaja, pues ya estabas enamorada de mí y yo apenas sabía algo de ti, por no decir nada. Y así fue, necesité de unos días, quizás de unas semanas, para quedarme atado a ti, según tú con la cuerda muy larga, por propia voluntad y por todo lo que me dabas. Y desde entonces, y ya va para largo, seguimos enamorados, con nuestras pequeñas crisis de vez en cuando, con nuestras historias y nuestras vivencias de ayer, de hoy y de mañana.
Llamemos amor a nuestra locura, amistad segura, deseo que nos transfigura y pasión que a veces nos hiere, pero que siempre nos cura.
Si no buscas no encuentras, si no experimentas no descubres, si no te reflejas no te ves y entonces estás perdido.
Lágrimas de otoño caían y escribían en efímeras hojas un triste relato, silencioso llanto que por amor vertía, a quien supiera leer, un caudal de amargo desencanto.
Las nieblas del pasado se hicieron presente aquella noche. Recuerdos de tiempos vividos en un mundo paralelo que dejaron huella. Sentimientos de culpa, arrepentimiento, pesar y un halo de nostalgia por aquellos seres que habitaron su mundo hace diez años. Yo estaba allí, a su lado, escuchando su relato, incrédulo a ratos y asombrado en otros. Ella había mentido a todos, jugado, engañado, pedido perdón y terminado con esa ficción. Ahora era yo, según ella, quién debía hacer de juez por todo lo que hizo entonces y me ocultó tantos años. Con argumentos que no vienen a cuento, la declaré inocente, por su arrepentimiento y porque nunca estuvo obligada a darme cuenta de aquel cielo y de aquel infierno pasados. Nadie está libre de pecado, si por pecado se entiende vivir la vida de otra manera.
Aunque no lo creas, siempre es mejor una buena mentira que una mala verdad. No te engañes, yo sí te creo, me da igual que sea verdad o mentira. ¿Acaso no son ambas reflejo de una misma realidad?
Ante una misma realidad una cosa es lo que ves y otra diferente lo que imaginas. Yo siempre te imagino y te veo igual, en color o en blanco y negro, lo mire cómo lo mire.
De camuflaje visten las hojas de
otoño antes de caer al suelo y mientras esperan arden en mil colores de fuego.
Tomando el camino equivocado siempre te encuentro. Será que mis pasos, inconscientes, te buscan o los tuyos, despistados, me hallan.
Era rubia y con ojos de gata, de esos que si te echan la mirada encima te atrapan. De movimientos lentos y pasos suaves, como de danza. Flexible de cuerpo, piel felina, gestos dulces y voz aflautada, pero si le pisabas la cola mostraba los dientes, sacaba las uñas y te desafiaba. Estuvo conmigo un tiempo, entraba y salía a su antojo, en mi habitación dormía, salvo cuando se iba con otro. Un día desapareció sin decir adiós, sin dejar rastro. Desde ese día algo me falta, tengo un vacío por dentro, que nada ni nadie lo tapa, y la casa llena de ratas.