Mirando hacia dentro, a través del espejo, descubrimos lo que hay fuera, porque lo que hay fuera es un reflejo de lo que llevamos por dentro.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Mirando hacia dentro, a través del espejo, descubrimos lo que hay fuera, porque lo que hay fuera es un reflejo de lo que llevamos por dentro.
Cuando estamos juntos el tiempo se detiene, pasan las horas sin darnos cuenta y hasta el reloj se queda doblemente manco. ¿Qué tendremos? ¿Qué habrá entre nosotros para llegar a esos extremos?
No basta con apuntalar la fachada para evitar que nuestro amor se derrumbe, hay que buscar soluciones más profundas, que lleguen al alma, y ponerlas en práctica.
Esta noche he soñado que me
atrapabas, pero no he sentido miedo, porque sé, amor, que no me harás nada.
Todo empieza sin querer, cómo un juego, un capricho, una venganza, un desliz, una locura, un tropiezo, un deseo, una aventura pasajera... cualquier excusa nos vale, de momento, pero, cuando te das cuenta, ha pasado un tiempo, es demasiado tarde, y ya no puedes dejar de amar.
La Ciencia duda, la Religión no, he ahí la diferencia entre fe e investigación. Vacunas, medidas de protección, distanciamiento y tratamientos médicos frente a rezos, procesiones y actos de fe. Yo, ante esta pandemia, no dudo, me quedo con la Ciencia.
No se trata de cómo vemos el
mundo sino de cómo lo imaginamos. Y es ahí donde la pintura, la fotografía, la
escultura, el teatro, la música, la danza, el cine, la poesía... el arte y la
literatura ayudan a expresarlo.
Si, por suerte, algún día llego a esa edad, que a este paso no tardaré mucho, no me llames "persona mayor", ni "miembro de la tercera edad", ni "nuestros mayores", ni "abuelo", porque todavía no lo soy, ni emplees ningún otro ridículo eufemismo, llámame "viejo" y nada más.
Hay mucho campo por delante y mucho trecho que recorrer. No vamos a detenernos en los detalles ni atenernos a sus consecuencias, lo que pretendemos es llegar a conocernos, un poco más, al final del viaje.
De mis naufragios, no esperes una botella con una carta desesperada. Lee los mensajes que te llegan cabalgando en las olas e interpreta el significado oculto de mis palabras. Solo así sabrás cuánto te quiero y podrás, algún día, rescatarme de tu ausencia.
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Toma mi mano y llama, si quieres que salga a abrir. Golpea tres veces en la puerta, que te pueda oír. Y si ves que tardo un poco, es que estoy pensando cómo te voy a recibir. Desde la ventana, a lo lejos, te veía venir. Y mi mente se puso en marcha, para ordenar todo lo que te quería decir. Toma mi mano y llama, si quieres que salga a abrir.
Aunque camines deprisa no llegarás más lejos que yo. Podrás ir por delante de mí y tal vez, en algún momento, te pierda de vista, pero sé que, tarde o temprano, te daré alcance, porque mi objetivo eres tú.
Si lo miras por delante será diferente a si lo miras por detrás. Todas las miradas, desde diferentes ángulos y posiciones, ayudan a conocer y comprender el mundo que nos rodea. No debemos quedarnos con la primera mirada, hay que seguir mirando y remirando. Yo te miro, con buenos ojos y desde distintos puntos de vista, y todavía no te conozco del todo, siempre descubro algo nuevo en ti que me sorprende.
Hay un puente que cruza a lo desconocido. Cambiar de orilla, dejar atrás tu pasado, emprender una nueva vida. A veces, las circunstancias obligan y otras es el destino el que tira de ti y te arranca de la rutina.
Cinco pétalos conforman un
pentágono morado y a flor de piel, sensible a tanta belleza, el amor se
manifiesta, cárdeno y púrpura, cuando paseo a tu lado por tierras ajenas y
extrañas. Cinco dedos de mi mano buscan otros cinco de la tuya y se encuentran,
entrelazados, sin apenas darnos cuenta.
Hay una mirada vacía y profunda que permanece intacta en el capirote del nazareno. Solo falta ponerle ojos para ver la pasión, porque el sentimiento lo lleva por dentro.
Y ahí siguen, cada noche, de la
mano, en silencio, recorriendo las calles, ajenos a todo, salvo a su fe.
Quiso ser sol, pero no pasó de farola. Conocer nuestras limitaciones ayuda a evitar esfuerzos innecesarios. No vayas de farol sin las cartas apropiadas.
A todas luces, en el crepúsculo, saturan los colores y surge de la nada un contraste de tonos cálidos y fríos que despiden la tarde y dan la bienvenida a la noche. Tal vez sea el mejor momento del día para recordarte, mientras tú andas a lo tuyo en otro tiempo y en otra parte.
No sé quién fue Pilar. Me encontré esta placa, hace tres años, en un antiguo cementerio abandonado de La Matarraña y llamó mi atención. Desde entonces, cada 25 de marzo, me sumo al llamamiento de no olvidar a Pilar. Si tiene mérito alojar en tu memoria a los seres queridos que ya no están, más lo tendrá, todavía, recordar a alguien desconocido como Pilar.