Difícil será recuperar el
esplendor que un día tuviste. Confórmate con el encanto y la nostalgia que
transmite el abandono, la dejadez y el paso del tiempo.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Difícil será recuperar el
esplendor que un día tuviste. Confórmate con el encanto y la nostalgia que
transmite el abandono, la dejadez y el paso del tiempo.
Hay personas a nuestro alrededor que vemos casi todos los días y que pasan desapercibidas. Otras, en cambio, a las que hemos visto en un par de ocasiones, quedan ancladas para siempre en nuestras vidas. Podríamos no volver a verlas nunca más, pero jamás llegaremos olvidarlas. ¿No serás tú una de ellas?
Lisa y llanamente: sin rodeos ni circunloquios, con franqueza, sin ambages, con lisura, con sencillez y sin exageraciones. Después de toda una vida queriendo decírselo, le dijo que la amaba y todavía está esperando su respuesta. Sin prisa, con paciencia, en calma y con la ilusión de un niño que todavía cree en sueños imposibles.
Hay un lugar en la noche que cada noche guardo para ti. Y aunque no vengas todas las noches, ninguna noche faltas para mí.
Cárcel de pasión era tu ausencia y entre sombras y sábanas revueltas, tu recuerdo se hacía presente cada amanecer.
De azul se vistió la noche, a juego con tu vestido. Y entre pinos, grillos y el canto lejano de un autillo, tu recuerdo se hizo presente.
Y si en algún momento el destino te pierde, sigue las indicaciones que encuentres a tu paso, porque paso a paso volverás a tu camino.
La muerte no es el final, siempre queda el recuerdo de sus vidas y el paisaje que habitaron, no lo olvides.
Siempre tuve la sensación de ser la oveja negra. Pensar y actuar diferente. Romper clichés e ir a contracorriente. No era una impostura, era una necesidad vital, algo natural que nunca me supuso ningún esfuerzo. Hay un precio que hay que pagar por ser así, pero también hay un beneficio, el de poder descartar a quien nada te aporta y centrar tu atención en un puñado de personas, esas que sí que suman y me importan.
Cuando subes y cuando bajas hay un ojo que todo lo ve. Ándate con ojo con lo que haces, no vaya a ser que...
Ha caído la tarde, el horizonte se ha teñido de naranja y la luna comienza a elevarse. Un viento fresco azota la noche y los murciélagos despiertan con hambre. En silencio aflora tu recuerdo, no estás, pero nunca has dejado de reinar en mi mente. Hace sueño y mis ojos se nublan, pronto caeré solo en la cama si una llamada tuya no lo remedia.
A mí también me gusta ir por donde no debo ir, tomar la dirección prohibida y asumir el riesgo de acertar.
Corta, intensa y luminosa, juntos, se nos hizo la noche. Entre fuego y llamas ardimos en la hoguera del amor. Noche de San Juan, demasiado breve, pero mientras la pasión continúe flameante, mantendremos encendida la antorcha que alimenta e ilumina los sueños en el solsticio de nuestras vidas.
Hay amores piratas que nos roban la vida y nos secuestran el alma. Si andas a la deriva, por esos mares desangelados, ten cuidado, pues nunca sabes lo que puede pasar.
Un espejo es una cámara de fotos sin memoria, capta todas las imágenes a su alcance, pero no conserva ninguna, salvo la propia.
Hacer público lo más íntimo, dicen, forma parte de mi manera de narrar. Contar lo que siento a través de otros personajes que dan vida a mi vida, o a otras vidas, y la suplantan. Buscar excusas, anécdotas, coartadas... para expresar lo que veo, lo que pienso y aquello que siento. Aunque no siempre es lo que parece, la realidad suele ser más inverosímil, pero, salvo a mi biógrafa, todo no se puede contar.
Me he despertado hace diez minutos. En sueños escuché llover intensamente y soplar el viento con fuerza, había tormenta. He abierto la ventana y hay poca luz, siento el frío ahí afuera. Aquí dentro, con la sábana hasta el cuello, escribo pensando en ti y te transporto con mi imaginación para traerte desde la alcoba de tu casa hasta mi cama. Te acojo a mi lado, te acaricio, te beso, te digo que te quiero, te abrazo y te protejo durante un instante eterno y reconfortante. Han pasado unos minutos, has dormido profundamente y despiertas un poco aturdida, pero encantada, en tu cama. ¿Acaso no fueron dos sueños sincronizados?
Pongamos cada cosa en su sitio y establezcamos un orden. Que sea armónica la composición y agradable a la mirada. Hay imágenes que transmiten calma y sonidos, como el silencio, que son un bálsamo para los sentidos.
Entre tú y yo hay física y
química, aunque también hay religión, educación física, manualidades y muchas
más asignaturas, algunas todavía pendientes. Sacamos buenas notas en casi
todas, pero hay alguna que se nos resiste, en esa rozamos el aprobado y habrá
que recuperar en próximas convocatorias.
Somos compañeros. De esa clase de
compañeros que comparten la goma de borrar el pasado menos amable y los lápices
de colores para pintar un presente lleno de imaginación y mucho color. En los
recreos jugamos juntos y cuando nos llevan de excursión compartimos asientos
contiguos en el autobús. Somos valientes, atrevidos y un poco traviesos, pero
sin molestar a nadie. Tú eres una niña a la que le gusta mucho leer y escribir
y yo un crío raro que va siempre a su bola. Hacemos buena pareja en las fiestas
de fin de curso y la gente piensa que entre tú y yo hay algo más, o mucho más,
que una simple amistad. Ha terminado el curso y este verano que entra irás a la
playa con tu familia, te pondrás morenita. Yo estaré en el campo con la mía y
te echaré de menos. Si aprobamos todo en septiembre pasaremos de curso juntos y
tal vez nos pongan en la misma clase. Si es así y te apetece podremos juntar
nuestros pupitres para estar todavía más cerca.
Y ya me tengo que despedir, pues se está haciendo muy tarde para acostarme, no trasnocho tanto cómo tú. Tengo que decirte que te quiero y que lo he pasado muy bien contigo en este curso, amiga y compañera. Hasta pronto.
Rodeado de un campo de amapolas, bajo un cielo de primavera y envuelto en el trino de inquietos pajarillos, florece las ruinas del convento. Nada queda por dentro, tan solo un vacío de recuerdos. Vidas de monjas que fueron, durante siglos, dueñas de trabajo, oración y recogimiento alrededor de un rosal que también florecía en invierno.
Antes de que nuestros troncos se abrazaran para siempre, nuestras raíces ya habían contactado bajo tierra, ocultas a todas las miradas, y nuestras ramas se acariciaban, disimuladamente, mecidas por un viento de amor, propio de la ribera del Escabas.
Fuimos a cruzar La Raya, frontera de España con Portugal, en busca de un pasado común a dos países que comparten historia, tradiciones, costumbres y leyendas. Fue grato aceptar y compartir el café de Mario en Idanha-a-Velha; subir a lo alto del castillo de Monsanto; comer Bacalao Dorado en el restaurante O Raiano, de Penha Garcia, y pasear por las románticas calles de Marvão. No era un cuento, pero lo parecía.
El fuego prendió en nuestros
cuerpos al momento,
consecuencia de chispeantes
miradas.
Sonaron todas las alarmas
y desalojaron la sala.
Quedamos solos, tú y yo,
abrasando el instante,
dejando arder la llama
apasionada.
Una lluvia fina y persistente
ahogó el incendio intencionado:
¿Quién pulsó la alarma?
Ahora queda el rescoldo,
la brasa olímpica que prenderá,
de nuevo,
en otros espacios privados, sin
miedos ni alarmas.
¿Me das fuego?
Una manera de hacer justicia es la venganza, pagar con la misma moneda para devolver la afrenta. Y si él no se entera y el otro no se lo espera, la jugada será redonda, atrevida y maestra.
De cerca todo se ve mejor, pero
conviene tomar distancia para encajar el contexto en la mirada, así tendremos
una visión completa y una idea más global y aproximada.
Esta es la luz que busco y no siempre encuentro. Para mí no hay otra que la supere ni que emocione más. Luz que trasforma en oro todo lo que toca. Dorada luz de atardecer.
La aventura consiste en cruzar a la otra orilla conociendo lo que dejas atrás, pero sin saber muy bien lo que hay por delante ni lo que te espera. Al final la vida se acaba y aquello que no te atreviste a hacer ya no podrás hacerlo. Da el paso, todavía estás a tiempo.