A veces, es necesario callar y no decir nada. Basta contemplar la naturaleza que, vestida de primavera, nos regala estampas llenas de esplendor.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
A veces, es necesario callar y no decir nada. Basta contemplar la naturaleza que, vestida de primavera, nos regala estampas llenas de esplendor.
Como estaba roto y ya no servía para nada me abandonaron junto al contenedor de basura. Entonces apareció él, se fijó en mí, vio reflejado su cuerpo, disparó la cámara y me sentí útil por última vez. Ahora sólo soy un recuerdo hecho añicos.
Sabes que con frecuencia voy buscando reflejos para ver el mundo de otra manera, encontrarme a mí dentro de él y vernos juntos cuando caminas a mi lado. Es una imagen que queda ahí, dentro de la cámara y de mi memoria. En esta ocasión no estabas tú, pero si tu nombre que evoca tantos recuerdos y despierta mis siete sentidos, los cinco básicos, el común y el del amor. Sigo buscando.
Una escalera que conduce al tejado, el vuelo de una golondrina, una silla vacía colgada en la pared y un gato jugándose su penúltima vida. Se enciende la mañana, abro los ojos y echa a volar la imaginación intentando encontrar un mundo diferente, no porque me disguste el que veo sino por ver algo irreal, pero que tenga más sentido.
Quiero ayudarte a podar las ramas secas de tu vida, aquellas que ya no sirven para nada, ni para dar sombra ni para acoger un nido. Tan sólo sirven para arder en la lumbre, desaparecer entre llamas y transformarse en humo.
Fino tallo y pétalos de seda, frágil bandera, de carmín pintas, cada primavera, los verdes campos, y en tu corola nace un poema de amor que el viento esparce, amapola.
Puedo darte mil versos: versos de todos los colores y de sabores distintos, versos cortos y apasionadamente largos, versos para toda la vida y versos de usar y tirar, versos diversos, cóncavos y convexos, versos crudos, fritos o asados, también osados, versos que te hagan sentir, soñar y amar, versos tristes y versos para morirte de risa, mil versos puedo darte si a cambio tú me das un beso de bollicao.
El amor es poderoso
Quizás sea lo que más poder
tiene,
Mucho poder.
Hasta mueve el mundo
Y remueve los cuerpos,
A todas horas.
Agita corazones
Y hace temblar las almas,
Todos días.
El amor nos reúne
Sí, pero es difícil encontrarlo,
Aunque yo lo encontré contigo, amor.
Y en las entrañas de mi subterránea ciudad imaginaria elijo siempre, de los cuatro, el camino imperfecto que persigue la luz hacia el oeste. Lugar donde muere el día y nace la noche, reino de sueños y antesala de un nuevo amanecer a tu lado, porque sin ti me falta algo, me faltas tú.
Pasan las nubes y pasan los años, pasan las aves rapaces volando; pasan las gentes y pasan sus modas; pasa todo lo que pasa y al final, salvo las piedras, nada, ni nadie, queda.
Brillan más las ideas cuando alrededor todo es oscuro. Frente a la monotonía de los mensajes tradicionales, encendamos la luz a otras maneras de ver lo cotidiano. Decir "no", rebelarte, huir de los lugares comunes, ser tú y no ser nadie. Y cuando salgas de este mundo, apaga y márchate sin hacer ruido.
Vestida de rosa floreces en mi jardín y tu perturbador perfume despierta mis deseos más básicos, aquellos que, instintivamente, tienden a poseerte, cumpliendo así con tus mejores presagios.
Lunáticos eclipses habitan la noche. Sombras que se interponen entre tú y yo impidiendo vernos. Tendrá que ser en sueños nuestro encuentro. A oscuras y a tientas, para que pueda abrazar tu cuerpo orbitante, impregnarme de ti y descubrir tu misteriosa cara oculta.
No pongáis puertas al campo ni candados al amor. Que sea libre el paso y voluntario estar juntos mientras juntos queráis permanecer.
Tal vez me fijé en ti porque eres diferente al resto, y no tengo nada en contra del resto, pero quien llamó mi atención fuiste tú, no pudo ser otra, la que no necesita pastor que la guíe ni perro que limite sus movimientos.
Ni todos los capullos florecen al mismo tiempo ni todas las flores marchitan a la vez. Cada cual lleva su primavera por dentro y la expresa cuando le viene bien.
Recuerda que la belleza es efímera, que la flor se marchita y que al final no queda nada, salvo si hay alguien que pueda plasmarla en una fotografía, en un cuadro, en una escultura, en un poema o en cualquier otra expresión artística.
Me gusta mirarte, desde el primer
instante que nuestras miradas se encontraron, sin querer, al azar del destino.
Desde ese día me asomo a tus ojos para ver lo que no ven los míos, pues tu
mirada es un océano de sentimientos donde es fácil, muy fácil, naufragar. Pero
también miro, y admiro, el resto de tu geografía antes de que mis manos, estas
manos que tan bien conoces, comiencen a recorrerte. Y cuando, entre cortinas,
te asomas a la ventana, en la penumbra de la habitación, ocultando tu cuerpo
desnudo a miradas ajenas, disparo mi cámara para obtener una imagen tuya que me
acompañe en los difíciles momentos que no estás a mi lado. Sí, me gusta
mirarte.
Detrás de una gran mujer siempre hay, por lo menos, un hombre que la admira, aunque tratándose de una mujer de escaparate las posibilidades aumentan.
Y cuando creas tener tu vida en orden, siéntate y descansa porque el próximo desorden puede llegar en cualquier momento.
Creo que hay que dejar ir siempre al otro, me dijo. Que sea pájaro y vuele y si quiere volver que vuelva, pensaba. Yo le di la razón y comencé a volar a su alrededor sin perderla de vista.
Preferiría leerte con mis manos, a modo de braille, descifrar tu cuerpo con las yemas de mis dedos y escribir en tu piel lo que siento, pero como no puedo hacerlo, porque mis brazos no llegan a alcanzarte, sirvan estas letras, escritas al aire, para anunciarte mi propósito.
A modo de sol, hay una flor que me encandila. Con pétalos morados y estambres amarillos, me mira. Como a una abeja obrera, también me atrae y me espabila.
Era la tarde territorio común y el tiempo espacio para recorrer juntos. Hubo que subir escaleras, caminar y llegar a la plaza, entrar en la iglesia, ascender al castillo y contemplar un cielo cambiante. De repente el viento cruje y amenaza tormenta. Paseo por las cuevas admirando las humeantes chimeneas blancas. El primer trueno y las primeras gotas. Refugio en el casino con unas galaicas estrellas. Ya de noche otro paseo sintiendo el silencio y el peso de la historia en edificios, escudos nobiliarios y calles desiertas. Lo que llegamos a sentir no se narra, tendrás que imaginarlo, aunque no te supondrá gran esfuerzo si algún día te acercas a Chinchilla con tu mejor compañía. Volveremos.
El poeta escribe cuando la Poesía quiere. La Poesía llama y tú le abres.
Karmelo C. Iribarren
Ciclo Poesía viva
Capítulo V
¿No serás tú la paloma blanca que todos los palomos en celo persiguen? Pobre de ti, que, con lo pacífica que eres, ni volar tranquila te dejan.
Era tanto su amor que se le saltaban las lágrimas, así, de repente. Lluvia de sentimientos y emociones mojaban sus pómulos aquella tarde en el aparcamiento, mientras yo relataba el devenir de acontecimientos vividos durante las horas pasadas juntos. Porque era de llanto fácil y sentimiento profundo. Llorica por naturaleza, naturalmente.