¿Para qué sirve un espejo si nada ni nadie se sitúa delante de él? ¿Y si lo hacen? ¿Para mirar atrás y también para ver el presente? Yo puedo ver el futuro, aunque tú no creas en él, porque intento mirar más allá cuando me reflejo a tu lado.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
¿Para qué sirve un espejo si nada ni nadie se sitúa delante de él? ¿Y si lo hacen? ¿Para mirar atrás y también para ver el presente? Yo puedo ver el futuro, aunque tú no creas en él, porque intento mirar más allá cuando me reflejo a tu lado.
Hay días para todo, todos los días, cada día para algo nuevo y diferente, o para repetir lo de siempre, pero el amor, intrínsecamente, o mojado, o sin mente, está ahí todos los días esperando a que alguien lo rescate y lo ponga a circular con miradas, gestos, palabras y detalles. Todos los días deben ser una celebración y hoy, aunque no sea San Valentín, no será una excepción.
Pensar no sé muy bien lo que pienso ni voy a perder el tiempo pensando en ello, pues sólo me queda tiempo para ver, sentir y expresar lo que veo y lo que siento.
Valiente hay que ser, más que valentín, para decir, sin miedo, delante de todos y para que se sepa: "te quiero".
No es fácil abrir nuestra mente a los demás, contar lo que pensamos y expresar lo que sentimos. Tal vez la amistad y el amor son las únicas llaves que consiguen hacerlo.
Un arco de piedra enmarca el paisaje y nos invita a concentrar la mirada. Al fondo, un cielo azul con nubes pinceladas, el verde de las montañas y la naturaleza domesticada. De cerca, personajes que se mueven, movidos por la curiosidad que les ha despertado el lugar, y yo, con una cámara de fotos cualquiera, capturando el instante antes de que desaparezca. Cada momento es único e irrepetible, cada segundo de nuestras vidas lo es, no importa el sitio, el momento o la compañía, si la hay. Lo que de verdad importa es vivir con emoción sin perder de vista el más mínimo detalle, porque ya nunca más volverá a repetirse.
Atenta a lo que sucede, captas el mensaje y en tu aprendizaje te quedas con la esencia. La vida es todo: lo bueno y lo malo, lo feo y lo bello, el amor y el odio, nacer en cualquier amanecer, de fuego o hielo, y regresar a la nada.
En la sobremesa, alados invitados acuden a limpiar la mesa. Con desparpajo, se mueven por el mantel, entre migas de pan y aroma de café. Captan nuestra mirada mientras les dejamos hacer. Buscarse la vida es su elección, sabia lección para quienes hemos desechado esa opción.
Centro la mirada en lo cercano, en quien camina a mi lado, pero sin perder de vista el futuro que se anticipa y, aunque es incierto, lo imagino y te imagino sin reparos.
Con la tormenta llega el viento, los truenos, los relámpagos y la lluvia. Todos ellos son necesarios para limpiar la atmósfera, regar los campos y aclarar la mente. Tras ella, se instala la calma y se respira mejor. Sin embargo, no es sano vivir constante-mente atormentados.
A veces, lo que uno quiere es morir, pero no sabe cómo. Debería de haber un servicio público o privado que facilitara ese trámite, el paso de ser a no existir sin tener que recurrir a suicidios estrepitosos. A veces, lo que uno quiere es vivir y tampoco sabe cómo.
Amarnos de valor y despojarnos de antiguas vestiduras, caminar desnudos por la playa sin rubor, contemplar la puesta de sol y apostar por un nuevo amarnecer juntos, orillamar.
Cuanto más lejos te vas, más cerca te siento. La distancia nos une y acorta la sensación de alejamiento. Hay que volar para regresar con más energía y sentimiento.
Viceinversamente a lo que tú piensas, yo opino todo lo contrario y aun así llegamos a la misma conclusión, que no es otra que la del amor mutuo.
Nuestra mente puede ser la peor cárcel. Pensar libremente, sin ataduras ni apegos, es un buen ejercicio mental.
Después de tantas operaciones con cifras, números y algunas letras, llegas a la conclusión de que lo verdaderamente importante no es el resultado sino hacerlas, porque el resultado final ya lo conoces de antemano, pero el camino para llegar a él sigue siendo un misterio.
Solos tú y yo, en un banco de una iglesia solitaria, sin nadie más, en un pueblo que nos vio pasear. Allí sentí lo que sentí, lo que seguiría pensando y sigo haciendo cuando estoy pegado a ti y tú a mí.
A pesar de las advertencias de quienes nos precedieron, en ocasiones, nos metemos en caminos sin salida pensando que, de alguna manera, la encontraremos. Y la única salida que encontramos es salir de donde nunca debimos entrar. Porque nos va eso de tropezar varias veces en la misma piedra y meternos donde nadie nos llama. Cuesta aprender, pero la vida nos va enseñando.
Guiados por la intuición es la determinación quien nos impulsa a conseguir nuestros objetivos. Hay que dar un paso adelante, agarrar la guitarra, estrecharla entre tus brazos y tañer sus cuerdas confiando en interpretar la más bella melodía: la del amor.
Mucho cuidado hay que tener con la cabeza para que no se vaya por donde no debe, porque los golpes que se da con algunos pensamientos son los peores. Si tienes que pensar, piensa en positivo.
Hay muchas maneras de hacer café, pero ésta, en cafetera italiana, cada mañana, me recuerda a ti. Será la hora, el aroma, el silbido de la cafetera, el sabor amargo, aunque tú eres dulce, serán nuestras conversaciones... ¿Qué será?
La noche fue ventosa y el viento silbaba por encima del tejado. Llegaron los sueños volando, pero ninguno quedó en mi memoria. Mi mejor sueño eres tú, incluso antes de conocerte, pues, como sabes, desde mi juventud ya te había imaginado.
Desde tu ventana, arde el cielo al amanecer y las brasas del amor caldean esta fría mañana en La Mancha.
Cualquier día puede serlo, pero en unos hay más probabilidades que en otros, espero y deseo que hoy lo sea para todos.
Entre nieblas, termina la noche y comienza el día. Atrás quedan los sueños atrapados en sábanas frías, mientras los pasos avanzan, solitarios, abriendo la vía.
Cometer errores es humano, que te juzguen sólo por ellos, sin tener en cuenta tus aciertos, también lo es. Hay mucha humanidad en el mundo de los errores.
Hay una atracción, una conexión inexplicable que nos reúne y que no podemos ni queremos extinguir, porque nunca antes, ni tú ni yo, la habíamos sentido. Hay quien no lo entiende ni lo comprende, pero así es, desde el primer momento y no tendrá fin.