Ya sólo espero que sople el viento y arrastre la hojarasca, que regrese la lluvia e inunde el vacío que habito, que aparezcas, por fin, después de tanto tiempo sin saber de ti y sin poder olvidarte.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Ya sólo espero que sople el viento y arrastre la hojarasca, que regrese la lluvia e inunde el vacío que habito, que aparezcas, por fin, después de tanto tiempo sin saber de ti y sin poder olvidarte.
Cuando en el horizonte no hay mares, lagos ni ríos, un charco nos ayuda a fijar la vista más acá, a construir paisajes e imaginar otra realidad.
Si tú no puedes salir ni yo puedo entrar, nos veremos en la alambrada. Testigo será la concertina de todo lo que nos tenemos que decir. Porque, salvo el silencio, no hay nada ni nadie que nos impida amar con palabras. Ellas traspasan todas las barreras, no hay fronteras que las detengan, son libres como el viento y cálidas como el susurro de una sirena.
Por el camino de la malanoche me adentro. Es incierto el final y oscuro el recorrido. Hay trampas a cada paso, sonidos extraños y miedos despiertos. A tientas avanzo intentando no tropezar ni pisar donde no debo. No hay nadie más, salvo mis propios fantasmas. Será larga la noche y cortos cada uno de mis latidos.
Prefiero estar contigo a imaginar que estoy contigo. Aunque hemos hecho de todo juntos, todavía nos queda mucho por hacer, cada día, cada hora, cada vez que estemos juntos. Por eso, cuando me tengas a mano, atírate a mí. Sácame de la meditación y sumérgeme en la excitación, ya meditaré cuando esté solo y cuando no me quede más remedio que pensar en ti.
He de reconocer que estoy muy a gusto contigo, incluso cuando no estoy contigo o no estás conmigo, que viene a ser lo mismo, pero que no es igual. Cuando estás delante de mí, o a mi lado, disfruto de tu presencia y cuando no estás, ni delante ni al lado, siento que estás detrás y no noto tu ausencia. Es algo que sólo me pasa contigo, y conmigo.
Mientras amaneces, vestida de escarcha, yo iré preparando el café y las tostadas de aceite y miel. Te daré los buenos días, cómo cada día, envuelto en aromas de ensueño que te harán revivir. Despertarás con esa sonrisa callada, propia de ti, y con ganas de comenzar el día sin importarte qué día es.
Tarde o temprano la nieve se derrite, pero las sombras permanecen ahí, en tu memoria, haciendo daño cada vez que las recuerdas. Después de tanto tiempo contigo no las imaginaba, fue hace un par de meses cuando salieron a la luz y no he podido borrarlas ni sacarlas de tu cabeza. Ahora también son mías y me acompañan.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que, ante un problema, un reto o una dificultad, todos arrimaban el hombro. No había servicios públicos, vehículos especializados ni grandes recursos materiales, pero cada uno cogía su pala y quitaba la nieve acumulada en la puerta de su casa. Ahora, en este tiempo de redes sociales, medios de comunicación y tecnología, criticamos mucho y hacemos poco, esperamos que alguien venga a solucionarnos los problemas sin darnos cuenta de que el mayor problema somos nosotros.
Si te das cuenta, con nieve no hay sombras. Una luz blanca lo envuelve todo y no deja espacio a la duda ni a la incertidumbre. Es cómo un amor total que te arropa por fuera y te ilumina por dentro. Sal, camina y siente.
A veces, nos quedamos en blanco y no sabemos qué decir ni cómo reaccionar. Es un instante de parálisis, un tiempo muerto, un vacío existencial. Y de repente, se nos enciende de nuevo la luz, nos sale la voz y el cuerpo echa a andar. Salimos de ese letargo y recuperamos el pulso de la vida. ¿Quién no ha pasado por ahí y quién no volverá a pasar?
Flores de nieve para un amanecer helado. Tan solo el sol de mediodía, o tu radiante mirada, podrá derretirlas.
Antes de conocerte ya te esperaba. Sabía que algún día aparecerías en mi vida y que, desde ese mismo día, nada sería igual. Llegaste, trece años más tarde, con la intuición de quien busca un tesoro y la decisión de no dejarlo escapar. Yo era tu sueño y allí estaba yo encontrando el mío en ti. Lo que vino después solo tú y yo lo sabemos, aunque escrito quedó para la posteridad.
Los caminos que conducen a ti siempre están despejados, ningún obstáculo nos separa, salvo el tiempo y los kilómetros que invertimos en poder abrazarnos.
El efecto reflectante de la nieve engaña a la cámara y el ajuste del balance de blancos obtiene una fotografía subexpuesta en tonos azules. Con el amor sucede algo parecido, quedamos sobrexpuestos y vemos la vida de color rosa.
Gritó y sus palabras quedaron suspendidas en el aire. Ella hacía dos minutos que se había marchado y no pudo escucharlas, pero su eco vibraba, desde antes de que él las pronunciara, en lo más profundo de su alma: ¡Te amo!
Ha caído la noche, un manto blanco tapiza las calles, la ciudad duerme, hay un silencio de algodón y una luz de nieve que ilumina todo. Al otro lado de la ventana siguen aterrizando copos, mansamente, sin prisa, cubriéndolo todo, menos tu recuerdo que sigue estando aquí, a este lado, a mi intemperie.
Te perdono porque eres tú, porque si fuera yo no tendría perdón. No tendría perdón si algún día dejara de amarte después de todo lo que hemos vivido juntos y de todo lo que me has amado. Perdóname, porque soy yo quien debería implorar tu indulto por todos aquellos momentos que no supe quererte cómo, ignorante de mí, tú me pedías. Perdóname, amor mío, porque yo no me perdono.
Hay un amor que tira de ti y otro
que te retiene, si pudieras llevarte contigo a los dos ya no habría futuro,
sería todo presente.
No vivimos de un solo amor, pero un solo amor nos domina, ese amor que arde cada día y mantiene encendida la pasión, dorada llama que nos calienta e ilumina.
No me consta que sean reyes, de hecho,
los únicos reyes y reinas de las casas son los niños y las niñas. Tampoco creo
en la magia, salvo en aquella que convierte la tristeza en alegría y el odio en
amor. No obstante, parece ser que ya están aquí, un año más, dispuestos a
cumplir con su antigua misión de regalarnos unos momentos de felicidad. Vamos a
recibirles como se merecen y agradecerles su bondad. ¡Suerte!
Esa historia tuya es mi historia, porque tú también llegaste a mí sin yo esperarlo y cuando más te necesitaba. Necesitaba a una MUJER, con mayúsculas, que me hechizara con su amor, su cuerpo y su energía. Me agarré a ti y desde entonces no quiero soltarme, porque sin ti yo también naufragaría.
Escoger la vía apropiada no garantiza llegar a destino. ¿Quién sabe lo que nos espera detrás de la niebla?
Yo creo en ti
Y en tu amor
Eres mi religión
Y te venero
No necesito a Dios
Contigo tengo el cielo
Y cuando no estás conmigo, el
infierno
Yo creo en ti
No tengo otra fe
Ni la quiero
El amor es como el aullido de una sirena, una sirena de policía, de bomberos o de ambulancia. La escuchas ulular a lo lejos, débilmente. Conforme se acerca sube de intensidad, la sientes más próxima, más cercana. A veces, se desvía por otra calle y notas que se aleja. En otras, se aproxima tanto que incluso se detiene debajo de tu casa. Es entonces cuando sube el amor vestido de azul, de rojo o de blanco y llama a tu puerta con fuerza. Llega con la pistola, la camilla o la manguera. Es ahí cuando sientes que va a por ti y te detiene, te salva o intenta apagar tu fuego. Se queda contigo, haciendo el atestado, poniéndote el desfibrilador o rescatándote del infierno que te quemaba. Si permanece contigo, tendrás que bajar su intensidad, para aliviar tus oídos, que no tu corazón ni tu alma. Y si algún día se marcha, la escucharás alejarse en la distancia perdiendo fuerza, pasión y flama. Será entonces nostalgia, recuerdo y desesperanza. Ojalá y nunca se vaya.
Día 1. Atrás quedaron las doce campanadas, las uvas y los brindis con cava, las felicitaciones, los besos y abrazos. Anoche llovió y hoy amanece cubierto. Hace frío y la calle está vacía. Hay un silencio que se escucha por dentro. 365 días por delante para llenarlos de contenido, pero no hay que pensar mucho, ir paso a paso, porque la vida, quieras o no, te va llevando.
Antes de que empiecen a sonar las campanas anunciando un nuevo día, un nuevo mes y un año nuevo, echo la vista atrás con la intención de hacer balance, tarea propia de contables. Y ordenando todas las partidas en el activo y el pasivo de mi vida, lo que tengo, porque es mío, y lo que debo, porque me prestaron, la fotografía muestra, como no podía ser de otra manera, un equilibrio patrimonial y un beneficio final en los tres capítulos más importantes: Salud, Dinero y Amor. Cierto que fue un año diferente, que pasé la covid, que me confinaron, que no pude hacer todo lo que quise hacer, pero aun así hice cosas que nunca pensé que hiciera en mi vida. Pude trabajar, caminar, leer, escribir, viajar, ver películas, exposiciones y asistir a algún concierto, pude estar con la familia y con los amigos y amigas, pude amar y fui amado. Hubo gente que lo pasó y lo sigue pasando mal. Gente que sufrió y murió. Gente con un presente triste y un futuro incierto. Esta es la nota aclaratoria, mi carta de manifestaciones, lo que tengo que decir de 2020. Él no tuvo la culpa de que un virus asesino nos amargara la fiesta. Yo lo recordaré con cariño, tristeza y alegría, porque, a pesar de todo, me dio más de lo que yo merecía.
Hoy se celebra el día internacional de nada, por tanto, no hay nada que celebrar. Es día de descanso, de no pensar ni reivindicar. Relájate y disfruta, pues mañana será el día de cualquier cosa y habrá que estar al tanto y obrar en consecuencia.
Tú eres lo que no tengo, pero te tengo a ti para llenar ese vacío y aunque no estés siempre conmigo, siempre estás conmigo. Esas son parte de nuestras contradicciones que forman un todo y conforman un estado físico y metafísico difícil de superar: reconocer la imposibilidad de que eso sea así y no sea al mismo tiempo.
De tu inocencia soy testigo y si tengo que declarar en tu juicio final diré que todo fue por amor, por amor a los demás, aunque no lo crean, y por amor a mí, que no dudo. Entre dos amores estabas atada, con miedo a soltarte de alguno de ellos y desequilibrar tu balanza. No es nada fácil romper las cadenas y huir cuando dejas atrás unas vidas desesperadas.
De tus heridas, que sangran
lágrimas de hielo, nada quiero.
Tampoco quiero tus cicatrices,
huellas de amores congelados.
Ni quiero tu mirada de nieve blanda
a punto de derretirse.
Ni tu voz temblorosa, tiritando
palabras de escarcha, quiero.
No quiero tus chuzos, puñales
afilados que, de vez en cuando, me lanzas.
Por no querer, no quiero ni la nieve que me ofreces para aplacar mi sed de ti.
Porque de ti, en este amanecer helado, solo a ti te quiero.