Pronto llegará la primavera y vestirá de verde tus ramas, brotará de nuevo la vida y con ella la esperanza. Y aunque no lo creas, yo seguiré detrás de ti, dándote ánimos y apoyando tu causa.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Pronto llegará la primavera y vestirá de verde tus ramas, brotará de nuevo la vida y con ella la esperanza. Y aunque no lo creas, yo seguiré detrás de ti, dándote ánimos y apoyando tu causa.
Siempre estás sola, aunque acompañada. Sola, con tus pensamientos que no paran de girar, como esa nube que por las tardes se engancha al peñón. Sola, con tus sentimientos que te dan vida mientras secuestran tu corazón. Sola, con la soledad de la noche cuando escribes en tu diario secretos inconfesables. Sola, solitariamente sola, soñando lo que no puedes vivir. Y a pesar de estar sola, sabes que no estás sola porque siempre me tienes a mí.
Eres mi locura, me dijo, y que no le cabía más amor dentro. Y yo que pensaba que el loco era yo, me tuve que poner la camisa de fuerza para ir a verla. Se desató la pasión y ya no hubo manera de recuperar la razón ni de escapar de su presencia. Desde entonces dos locos andan sueltos, aviso.
Cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor, pero fue pasado y ya no regresa. Ahora regresa a la memoria el recuerdo de aquel tiempo pasado y se hace presente, muy presente. Es la magia del destino que, a veces, nos juega buenas pasadas. ¿Recuerdas?
El viento también habla, escúchalo. Trae de lejos historias pasadas. Palabras que sin querer salieron volando de alguna garganta. Aquí llegan en tropel y desbarajadas. Afina el oído y calla. ¿No escuchas nada?
Cuando tu casa es tu prisión, difícil es que puedas escapar. Tendrás que derribar muros de piedra, iluminar las sombras de tus rejas, gritar que ya no puedes más y que no mereces esa condena. Tal vez así se apiaden de ti y puedas volver a ser libre y feliz en tu propia casa.
Cuanto más altos sean tus sueños, más te costará edificarlos. Sienta las bases con la primera piedra y no cejes en el empeño. Y cuando estés rematando tu obra, mira hacia abajo para no olvidar de dónde vienes.
Si no tienes nada que decir, mejor no digas nada, calla, como calla la cigarra por la noche o el búho a las doce de la mañana, no hables, cierra el pico, mantén la boca cerrada.
Buscando el marco perfecto, para mi foto, te encontré y ya no pude dejarte. Desde entonces formas parte de mi colección de objetos raros y en desuso, ¿quién iba a decirlo?
Con solo abrazarla, como se abraza a una guitarra española, su cuerpo se estremecía y vibraba una melodía imposible de escribir en el pentagrama. Fueron muchos sus encuentros y, desde el segundo, nunca necesitaron afinar sus cuerpos. Era tal la sintonía que a ciegas tocaban las cuerdas, el uno de la otra y la otra del uno, con mucha soltura, desenfreno y armonía, sin partitura ni guion, ni ningún chirrido. Y así siguieron y perdieron la cuenta de sus encuentros, durante muchos años de gira, en los mejores hoteles y salas de concierto.
Hay una Luna llena flotando en el ambiente y una noche brillante y luminosa que invita a pasear, si se pudiera. Hay un silencio sordo que el viento rompe silbando. Hay sueños de almohada y lágrimas ahogadas tras alguna pelea familiar. Hay amores que miran al cielo esperando un nuevo amanecer. Por haber, hasta hay lunáticos deambulando de aquí para allá, sin ser vistos. Hay... ¿Qué más hay?
Cuando te enfadas no eres capaz de decir: ¡Te quiero! Aunque sientas que me quieres, no salen de tu garganta, ni de tu mano, esas dos palabras juntas. Y a mí me duele, porque sé que me quieres y también sé que te quiero, no escucharlas escritas ni leerlas pronunciadas.
Tantos años juntos que nuestro amor echó raíces y se nos fue por las ramas. Ahora somos uno con dos cuerpos y un alma.
Ya sólo espero que sople el viento y arrastre la hojarasca, que regrese la lluvia e inunde el vacío que habito, que aparezcas, por fin, después de tanto tiempo sin saber de ti y sin poder olvidarte.
Cuando en el horizonte no hay mares, lagos ni ríos, un charco nos ayuda a fijar la vista más acá, a construir paisajes e imaginar otra realidad.
Si tú no puedes salir ni yo puedo entrar, nos veremos en la alambrada. Testigo será la concertina de todo lo que nos tenemos que decir. Porque, salvo el silencio, no hay nada ni nadie que nos impida amar con palabras. Ellas traspasan todas las barreras, no hay fronteras que las detengan, son libres como el viento y cálidas como el susurro de una sirena.
Por el camino de la malanoche me adentro. Es incierto el final y oscuro el recorrido. Hay trampas a cada paso, sonidos extraños y miedos despiertos. A tientas avanzo intentando no tropezar ni pisar donde no debo. No hay nadie más, salvo mis propios fantasmas. Será larga la noche y cortos cada uno de mis latidos.
Prefiero estar contigo a imaginar que estoy contigo. Aunque hemos hecho de todo juntos, todavía nos queda mucho por hacer, cada día, cada hora, cada vez que estemos juntos. Por eso, cuando me tengas a mano, atírate a mí. Sácame de la meditación y sumérgeme en la excitación, ya meditaré cuando esté solo y cuando no me quede más remedio que pensar en ti.
He de reconocer que estoy muy a gusto contigo, incluso cuando no estoy contigo o no estás conmigo, que viene a ser lo mismo, pero que no es igual. Cuando estás delante de mí, o a mi lado, disfruto de tu presencia y cuando no estás, ni delante ni al lado, siento que estás detrás y no noto tu ausencia. Es algo que sólo me pasa contigo, y conmigo.
Mientras amaneces, vestida de escarcha, yo iré preparando el café y las tostadas de aceite y miel. Te daré los buenos días, cómo cada día, envuelto en aromas de ensueño que te harán revivir. Despertarás con esa sonrisa callada, propia de ti, y con ganas de comenzar el día sin importarte qué día es.
Tarde o temprano la nieve se derrite, pero las sombras permanecen ahí, en tu memoria, haciendo daño cada vez que las recuerdas. Después de tanto tiempo contigo no las imaginaba, fue hace un par de meses cuando salieron a la luz y no he podido borrarlas ni sacarlas de tu cabeza. Ahora también son mías y me acompañan.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que, ante un problema, un reto o una dificultad, todos arrimaban el hombro. No había servicios públicos, vehículos especializados ni grandes recursos materiales, pero cada uno cogía su pala y quitaba la nieve acumulada en la puerta de su casa. Ahora, en este tiempo de redes sociales, medios de comunicación y tecnología, criticamos mucho y hacemos poco, esperamos que alguien venga a solucionarnos los problemas sin darnos cuenta de que el mayor problema somos nosotros.
Si te das cuenta, con nieve no hay sombras. Una luz blanca lo envuelve todo y no deja espacio a la duda ni a la incertidumbre. Es cómo un amor total que te arropa por fuera y te ilumina por dentro. Sal, camina y siente.
A veces, nos quedamos en blanco y no sabemos qué decir ni cómo reaccionar. Es un instante de parálisis, un tiempo muerto, un vacío existencial. Y de repente, se nos enciende de nuevo la luz, nos sale la voz y el cuerpo echa a andar. Salimos de ese letargo y recuperamos el pulso de la vida. ¿Quién no ha pasado por ahí y quién no volverá a pasar?
Flores de nieve para un amanecer helado. Tan solo el sol de mediodía, o tu radiante mirada, podrá derretirlas.