Hasta que no te asomas no descubres lo que hay detrás. La curiosidad nos hace más sabios.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
La Ciencia duda, la Religión no, he ahí la diferencia entre fe e investigación. Vacunas, medidas de protección, distanciamiento y tratamientos médicos frente a rezos, procesiones y actos de fe. Yo, ante esta pandemia, no dudo, me quedo con la Ciencia.
No se trata de cómo vemos el
mundo sino de cómo lo imaginamos. Y es ahí donde la pintura, la fotografía, la
escultura, el teatro, la música, la danza, el cine, la poesía... el arte y la
literatura ayudan a expresarlo.
Si, por suerte, algún día llego a esa edad, que a este paso no tardaré mucho, no me llames "persona mayor", ni "miembro de la tercera edad", ni "nuestros mayores", ni "abuelo", porque todavía no lo soy, ni emplees ningún otro ridículo eufemismo, llámame "viejo" y nada más.
Hay mucho campo por delante y mucho trecho que recorrer. No vamos a detenernos en los detalles ni atenernos a sus consecuencias, lo que pretendemos es llegar a conocernos, un poco más, al final del viaje.
De mis naufragios, no esperes una botella con una carta desesperada. Lee los mensajes que te llegan cabalgando en las olas e interpreta el significado oculto de mis palabras. Solo así sabrás cuánto te quiero y podrás, algún día, rescatarme de tu ausencia.
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Toma mi mano y llama, si quieres que salga a abrir. Golpea tres veces en la puerta, que te pueda oír. Y si ves que tardo un poco, es que estoy pensando cómo te voy a recibir. Desde la ventana, a lo lejos, te veía venir. Y mi mente se puso en marcha, para ordenar todo lo que te quería decir. Toma mi mano y llama, si quieres que salga a abrir.
Aunque camines deprisa no llegarás más lejos que yo. Podrás ir por delante de mí y tal vez, en algún momento, te pierda de vista, pero sé que, tarde o temprano, te daré alcance, porque mi objetivo eres tú.
Si lo miras por delante será diferente a si lo miras por detrás. Todas las miradas, desde diferentes ángulos y posiciones, ayudan a conocer y comprender el mundo que nos rodea. No debemos quedarnos con la primera mirada, hay que seguir mirando y remirando. Yo te miro, con buenos ojos y desde distintos puntos de vista, y todavía no te conozco del todo, siempre descubro algo nuevo en ti que me sorprende.
Hay un puente que cruza a lo desconocido. Cambiar de orilla, dejar atrás tu pasado, emprender una nueva vida. A veces, las circunstancias obligan y otras es el destino el que tira de ti y te arranca de la rutina.
Cinco pétalos conforman un
pentágono morado y a flor de piel, sensible a tanta belleza, el amor se
manifiesta, cárdeno y púrpura, cuando paseo a tu lado por tierras ajenas y
extrañas. Cinco dedos de mi mano buscan otros cinco de la tuya y se encuentran,
entrelazados, sin apenas darnos cuenta.
Hay una mirada vacía y profunda que permanece intacta en el capirote del nazareno. Solo falta ponerle ojos para ver la pasión, porque el sentimiento lo lleva por dentro.
Y ahí siguen, cada noche, de la
mano, en silencio, recorriendo las calles, ajenos a todo, salvo a su fe.
Quiso ser sol, pero no pasó de farola. Conocer nuestras limitaciones ayuda a evitar esfuerzos innecesarios. No vayas de farol sin las cartas apropiadas.
A todas luces, en el crepúsculo, saturan los colores y surge de la nada un contraste de tonos cálidos y fríos que despiden la tarde y dan la bienvenida a la noche. Tal vez sea el mejor momento del día para recordarte, mientras tú andas a lo tuyo en otro tiempo y en otra parte.
No sé quién fue Pilar. Me encontré esta placa, hace tres años, en un antiguo cementerio abandonado de La Matarraña y llamó mi atención. Desde entonces, cada 25 de marzo, me sumo al llamamiento de no olvidar a Pilar. Si tiene mérito alojar en tu memoria a los seres queridos que ya no están, más lo tendrá, todavía, recordar a alguien desconocido como Pilar.
Hay gente que piensa que si habla más fuerte se le entenderá mejor o que llevará más razón y lo único que consigue es ahuyentar a los que estamos alrededor. Habla, pero flojo que todavía no estamos sordos.
Juntamos letras para construir palabras que ordenadas en frases expresan una emoción, un sentimiento, alguna reflexión, muchas dudas y pocas certezas. Palabras que florecen en primavera y tiñen de románticos colores los valles. Aromáticas palabras que fructifican con el calor y aguantan verdes todo el verano, regresando en otoño a la tierra descompuestas en letras caducas, trasnochadas, para abonar otros relatos de invierno. Y esta afición, o adicción, que algunos llaman poesía, es para mí, tan sólo, un sugestivo oficio de artesanía.
En la frontera del equinoccio te
despido y me despides bajo un manto gris que nos protege y nos separa.
A la derecha la senda de tu mundo
triste y apagado, a la izquierda el camino de mis dudas y misterios.
Volveremos a encontrarnos
cualquiera otra tarde de primavera y caminaremos juntos, sin destino, al antojo
de las piernas que nos llevan.
Avanzaremos en paralelo mientras
conversamos sin guion establecido.
Unas copas brindarán por nuestras miradas que se encontrarán frente a frente iluminadas y darán paso, tras una cena sugerente y animada, a nuevas fantasías en la madrugada.
Compartir mesa y mantel con un menú apropiado a base de conversación, gestos, historias, secretos, aventuras y una botella de vino, favorece la digestión y ayuda a mantener la línea que nos conecta y nos mantiene unidos.
La más bella historia de amor es aquella que no se cuenta, por eso permaneceré callado para que no pierda el encanto la nuestra y no se queden todos de piedra al conocerla.
Hay que estar ahí, horas y horas, día tras día, varias semanas, detrás del cristal, en el escaparate, viendo pasar a la gente camino de sus asuntos, casi siempre con prisas, como si perdieran el tren o se les fuera la vida. Algunos miran de reojo y otras se paran a verte, a vernos con más detalle. A veces nos halagan y otras nos critican por el solo hecho de ir a la moda. Y tenemos que callarnos, mordernos los labios, no decir nada. Así hasta que llega la noche, de madrugada, y apagan las luces, los focos que nos señalan, y podemos descansar un rato de tanta mirada. No, no creas que es fácil esta vida estática, tan esclava, que nos cambia de ropa cada temporada.
Entre un antes y un después hay un ahora, lugar donde se desarrollan los acontecimientos en tiempo real, en vivo y en directo, lo demás es historia o ciencia ficción, tenlo en cuenta.
Hemos subido y bajado tanto que
ya perdimos la cuenta. Atrás, algunos quedaron en el camino y, por delante,
aparecieron otras gentes. Hubo de todo y no nos faltó de nada, quizás algo de
valor para dar el último paso, pero no importa porque todavía estamos a tiempo de darlo.