“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”.
Fernando Pessoa
Habitaba en una pequeña cabaña enclavada a la orilla del mar en una alejada isla del atlántico. Toda una vida dedicada a la mar, a pescar, a enfrentarse diariamente al mar cambiante, a sus olas y mareas, a sus corrientes y tempestades y obtener el fruto para la supervivencia. Él construyó solo la triste cabaña que le servía de morada y descanso para la jornada siguiente en la mar, donde pasaba la mayor parte del tiempo. Con troncos y cañas de la isla había forjado esos escasos nueve metros cuadrados de vivienda, con suelo de arena y tejado de madera. La pequeña barca, en la que día tras día se hacía a la mar era casi tan vieja como él. Heredada de otro pescador ya fallecido, reparada y vuelta a reparar, repintada infinidad de veces, parcheada y reforzada, cada día lo acompañaba en el peregrinaje de la pesca. Dos remos desgastados y una pequeña vela remendada servían de motor para navegar mar adentro. Cuantas veces tuvo que regresar a golpe de remo, porque el viento no soplaba, y llegar a la isla ya bien entrada la noche con el tiempo justo para descargar los cuatro peces capturados, arreglar las redes y cañas y dormir unas horas para, a la mañana siguiente, arrojarse nuevamente a la mar. Cuanto tiempo en la soledad de la isla, en la soledad del mar, acompañado del ritmo de las olas, del soplo del viento, de los chasquidos de la lluvia, de las gaviotas que de vez en cuando se posaban en la barca y a las que Zacarías saludaba y ofrecía, como prueba de solidaridad, algún pescado poco sustancioso pero vital para ellas. Desde hace algunos días nadie ha vuelto a saber nada del viejo pescador. Se sabe que partió una madrugada como siempre a pescar, pero desde entonces nadie le ha visto. Su cabaña está todavía ahí, cerca de la orilla esperando su regreso. Tal vez ya no pueda regresar, quizá haya decidido permanecer para siempre mar adentro, con sus compañeras de siempre, su barca, sus peces, su mar, sus amigas blancas, sus olas acompasadas… Tal vez él sea ahora parte de ese mar azul, inquietante, asombroso e inmenso que día a día acoge en su infinitud a viejos y jóvenes pescadores que lo aman y respetan.">
NECESITO señorita mayor 18 años, buena presencia para revelar su pasado, presente y futuro. COMPRAMOS armas antiguas, muñecas, oro, menudencias. Trastos viejos, antiguos, menudencias.
Ideas fugaces que corretean por el interminable sendero de la mente hacia un final oscuro, incierto.
Imágenes de todos los tiempos, de todo lo imaginable, lo fantástico, lo tenue; imágenes rápidas que no recuerdo, que no comprendo, y a veces ... que no siento.
Palabras sin sentido, cadenas de vocablos vacíos, enlaces tercos, fríos, palabras de palabras, frases, tan sólo frases.
Sentimientos variables de momentos extraños, de ocasiones concretas.
Corto es el largo camino de la vida, vieja la hora de la muerte, de la vida, de la nada... de la existencia intrascendente, de los momentos simples.
Y tan sólo una esperanza, una meta, un fin, un vacío.
Quiero ser como las olas del mar: rítmicas, onduladas y rápidas, que nacen y desaparecen, y que nunca mueren.
Quiero ser una ola, estrellarme contras las rocas, pulverizarme en finas gotas saladas y de nuevo volver al mar.
Yo quiero ser una ola, romper muros y barrreras poder siempre escapar y que nadie me pueda encontrar.
Quiero ser como las olas del mar, altas, pequeñas, fuertes y débiles, espumosas, blancas, azules y verdes, para que nunca sea igual.
Desde orillamar las olas, con su incesante vaivén, nos recuerdan que la vida es un continuo "ir y venir" retornando siempre al amor que nos vió nacer. Amemos pues incluso cuando baje la marea y las olas descansen. (Calp 24-12-2009)">
Quiero despertar el deseo En este amanecer helado Y acariciar tu suave piel Ahora que estoy a tu lado.
Permite que mi lengua Hambrienta de amor Recoja el dulce polen que nace De las entrañas aromáticas De tu flor ardiente y deseada.
Disfruto libando la miel que endulza la zona eréctil de tus pechos y siento el gozo en tu mirada complacida que abre la puerta a placeres más cálidos e intensos.
Mis abrazos, mis besos, mis caricias íntimas Encienden la mecha de tu volcán. Noto el fuego que nace de tu humedad interior, Te agitas y siento cuando explotas en gozos multicolores, y soy feliz porque tu lo eres.
Me acuerdo de ti Y beso tu cuerpo imaginado. El amor continúa guiando mi vida, Que es la tuya.
Cae el Sol en el horizonte,
Las recias nubes lejanas, profundas,
Se bañan en los últimos
Destellos anaranjados.
La tarde se marcha en el infinito,
De mano del Sol que la acompaña.
El tiempo en ese instante se detiene,
Reposa, se recrea entusiasmado
En tan fabuloso espectáculo.
Con ellos van mis sentimientos,
Mis deseos perdidos, inquietos,
Mi mundo lejano, distante …
Aquellos amargos recuerdos, hirientes.
Se va la tarde en el horizonte,
Cae el Sol cansado, débil …
Con la incertidumbre de mañana
Y la tristeza del presente,
Cae el Sol en el horizonte.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa.
"Los contables trabajamos con el pasado aunque nuestra visión es de futuro; el presente es tan fugaz que no llegamos a vivirlo, pero lo imaginamos". El Chema y él.
A veces, cuando levanto la cabeza aturdida de los libros en que escribo las cuentas ajenas y la ausencia de la propia vida, siento una náusea física, que puede ser de inclinarme, pero que trasciende a los números y a la desilsión... Y es entonces cuando siento con visiones claras lo fácil que sería alejarse de este tedio si tuviese la simple fuerza de querer alejarlo de verdad. Bernado Soares.
Eras una barca a la deriva En un rumbo equivocado, Sufriste tormentas y marejadas Y no encontrabas tu camino.
Quiero ser el faro que ilumine tu sonrisa, Quiero ser el puerto donde encuentres la calma, Quiero navegar contigo por los mares del alma Y descubrir juntos una nueva esperanza.
La Ley de la Potencialidad Pura se vive a través del silencio, a través de la meditación, a través de la abstinencia de juicios de valor, a través de la comunión con la naturaleza, pero se activa por la Ley de la Entrega. El principio de ésta es aprender a entregar lo mismo que se busca. Si usted busca abundancia, entregue abundancia; si busca dinero, entregue dinero; si busca amor, aprecio y afecto, aprenda a entregar amor, aprecio y afecto. A través de sus actos en la Ley de la Entrega usted activa la Ley del Karma. Crea buen Karma, y el buen Karma lo facilita todo en la vida. Usted advierte que no tiene que gastar demasiado esfuerzo para satisfacer sus deseos, lo que lo lleva automáticamente a comprender la Ley del Mínimo Esfuerzo. Cuando todo es fácil y libre de esfuerzos, y sus deseos se están realizando constantemente, usted empieza a comprender espontáneamente la Ley de la Intención y del Deseo. La realización de sus deseos con una facilidad libre de esfuerzos le facilita la práctica de la Ley del Desapego. Por fin, cuando empieza a comprender todas las Leyes anteriores, empieza a centrarse en su verdadero propósito en la vida, lo que lo conduce a la Ley del Dharma. Por medio del uso de esta Ley, expresando sus talentos singulares y satisfaciendo las necesidades del prójimo humano, usted empieza a crear todo lo que desea, siempre que lo desea. Se vuelve despreocupado y alegre, y su vida se convierte en una expresión de amor sin límites.
Pues eso "Buenas", es decir: buenos días, tardes, noches, mañanas... incluso " Buenas Gentes". Ya estamos aquí en esto del Blog (Bloc, cuaderno, apuntes, etc.) El Chema y Yo (Él) para contar el devenir de la vida y la muerte, que viene a ser lo mismo (tanto monta, monta tanto, que al final se cayó y calló). Creo que con estas líneas ya os dais una idea de los personajes. Estaremos en contacto para siempre y nunca jamás. Saludos y salutres. El Chema y él. José María Simarro Pardo ">