Dicen que hay un retorno a la religiosidad, aunque lo cierto es que las Iglesias suelen estar poco concurridas. Lo que sí he notado es un culto desmedido al cuerpo y no precisamente al de Cristo, sino más bien al de cada uno o una. Proliferan en todos los barrios de cualquier ciudad, gimnasios, peluquerías, perfumerías, clínicas de belleza y negocios de masajes, tatuajes, suplementos vitamínicos/minerales, piercing y arreglo de uñas, entre otros. Cultivar el cuerpo está de moda, sin embargo el espíritu y el alma andan, creo, un poco desatendidos.