lunes, 3 de julio de 2017

Guadalaviar.


Baja el agua mansa, tranquila y relajada, sin aspavientos, camino de no saber hacia dónde. Pasa y es como si no pasase nunca, pues no deja de pasar, continuamente, otra similar a ella. De vez en cuando una hoja, una rama o algún pequeño objeto navega delante de mis ojos y se pierde más abajo. El río siempre estuvo aquí, o casi siempre, con más o menos caudal pero con las mismas aguas limpias, vacías y tristes.

Pesadilla.


Cuando una pesadilla se muerde la cola por segunda vez y en la misma noche, no queda más remedio que despertar, si consigues hacerlo, y comprobar que se trataba sólo de eso, de una pesadilla con ganas de morderse la cola.