martes, 13 de agosto de 2019

Bajo el puente


Había bajado del cementerio y regresaba al hotel. Al otro lado del río, en el puente, dos gitanillos que no tendrían más de diez años, malvestidos y sucios, pero alegres y simpáticos, cargaban con sendas ramas, a modo de cañas para pescar, y un cubo con agua y cebo que me mostraron mientras hablaban en una lengua extraña para mí. Saltaron la valla y se colocaron debajo del puente con la intención de pescar una suculenta cena. Un niño pobre hasta la médula puede ser feliz con cualquier cosa, sabe disfrutar del momento y mañana Dios dirá.