domingo, 19 de diciembre de 2010

De repente, súbitamente, sin preparación.



De repente llegan las ideas para dar luz a los sentimientos que súbitamente se instalaron en nuestro parabrisas ofreciéndonos un horizonte tan mágico y real como el camino recorrido que vamos viendo a través del retrovisor izquierdo, pues el derecho marca el límite del abismo que no debemos pisar pero pisamos sin estar lo suficientemente preparados para abandonar la ruta que el GPS vital ha organizado.

De repente todo puede cambiar y cambia en algún momento de nuestras vidas y en ese instante es preferible no estar preparados para que la conmoción sea mayor, agite nuestras convicciones y derrumbe el equilibrio que hemos construido a lo largo de tantos años.

De repente todo cambió: la luz y el color del cielo, el sonido de la atmósfera, el olor del aire, el gusto dulce y amargo de la vida y el tacto que damos y recibimos de las personas que nos rodean. El sentido común desaparece para ofrecernos otras realidades ocultas detrás de la rutina diaria.

De repente también llegará otra vez el orden heredado en nuestros genes, e impuesto por la sociedad, para reconducirnos a la autopista general que nos lleve al destino inicial, pero sabiendo que hay otras vías más difíciles y peligrosas con menos tráfico y más emoción que, sin duda, volveremos a transitar.