miércoles, 16 de diciembre de 2009

Pescando sueños.


Habitaba en una pequeña cabaña enclavada a la orilla del mar en una alejada isla del atlántico. Toda una vida dedicada a la mar, a pescar, a enfrentarse diariamente al mar cambiante, a sus olas y mareas, a sus corrientes y tempestades y obtener el fruto para la supervivencia.
Él construyó solo la triste cabaña que le servía de morada y descanso para la jornada siguiente en la mar, donde pasaba la mayor parte del tiempo. Con troncos y cañas de la isla había forjado esos escasos nueve metros cuadrados de vivienda, con suelo de arena y tejado de madera.
La pequeña barca, en la que día tras día se hacía a la mar era casi tan vieja como él. Heredada de otro pescador ya fallecido, reparada y vuelta a reparar, repintada infinidad de veces, parcheada y reforzada, cada día lo acompañaba en el peregrinaje de la pesca.
Dos remos desgastados y una pequeña vela remendada servían de motor para navegar mar adentro. Cuantas veces tuvo que regresar a golpe de remo, porque el viento no soplaba, y llegar a la isla ya bien entrada la noche con el tiempo justo para descargar los cuatro peces capturados, arreglar las redes y cañas y dormir unas horas para, a la mañana siguiente, arrojarse nuevamente a la mar.
Cuanto tiempo en la soledad de la isla, en la soledad del mar, acompañado del ritmo de las olas, del soplo del viento, de los chasquidos de la lluvia, de las gaviotas que de vez en cuando se posaban en la barca y a las que Zacarías saludaba y ofrecía, como prueba de solidaridad, algún pescado poco sustancioso pero vital para ellas.
Desde hace algunos días nadie ha vuelto a saber nada del viejo pescador. Se sabe que partió una madrugada como siempre a pescar, pero desde entonces nadie le ha visto. Su cabaña está todavía ahí, cerca de la orilla esperando su regreso. Tal vez ya no pueda regresar, quizá haya decidido permanecer para siempre mar adentro, con sus compañeras de siempre, su barca, sus peces, su mar, sus amigas blancas, sus olas acompasadas… Tal vez él sea ahora parte de ese mar azul, inquietante, asombroso e inmenso que día a día acoge en su infinitud a viejos y jóvenes pescadores que lo aman y respetan.">

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