En un lugar de La Mancha, el más poblado,
por cierto, alguien tuvo la idea de pintar a Don Quijote y Dulcinea en la
fachada de un edificio de apartamentos. Guido Ferrero diseñó y Pedro González,
grafitero audaz, ejecutó la obra. El resultado a la vista quedó para solaz
disfrute y admiración de vecinos, turistas y viandantes.
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