Hay un cansancio, un hastío, un
agotamiento, una fatiga que genera sufrimiento y nos impide descansar. No se
trata de un cansancio físico, sino de la vida, del modelo imperante y
enajenante que nos presiona, desde la infancia, para alcanzar objetivos
inalcanzables, metas utópicas, expectativas infladas, grandes rendimientos,
listones demasiado elevados. Un cansancio que nos conduce a la soledad, al
aislamiento, al sufrimiento, al dolor, al insomnio, un insomnio lleno de
posibilidades. Hay que decir no, hay que decir basta, rebelarnos, parar,
detenernos. Aprender a mirar sin prisa; aprender a escuchar a la naturaleza, a
nuestro corazón y a las almas tranquilas; aprender a hablar con nosotros mismos
y con quien quiera escucharnos; aprender a escribir y expresar todo lo llevamos
dentro; aprender a recuperar nuestro tiempo, nuestro ritmo y nuestra propia
vida.