Qué mejor pantalla que el mar para fijar en ella nuestra mirada.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Pasto de grafiteros son las paredes de las casas abandonadas, pero siempre queda una ventana abierta al realismo mágico.
Mientras ella hablaba, él miraba hacia otro lado no dándose por aludido. Sombras de la incomunicación al calor del verano.
Para cosechar una buena amistad, primero hay que sembrarla y luego estar pendiente de ella, sobre todo en los malos momentos.
Para no perderte, seguir las indicaciones es lo más apropiado, aunque pisar terrenos inexplorados, tiene su recompensa.
Tras una breve charla, junto al río de Portocelo, ella siguió su camino y yo retomé el mío, aunque más adelante volvimos a encontrarnos, de vuelta ya los dos, yo de muchas cosas y ella de unas cuantas menos.
En esta vida cada uno llevamos nuestro propio camino, a veces solos y otras acompañados, pero nadie va a caminar por ti.
En los pueblos de las costas gallegas los cementerios miran al mar y sus moradores gozan de las mejores vistas, del rumor de las olas, del canto de las gaviotas y de una paz infinita y eterna.