En toda historia de misterio siempre hay un personaje marginal que la lía parda. En este caso, el de la pasión y muerte de Cristo, le tocó a Judas Iscariote representar ese papel. Sin él, sin el traidor, los acontecimientos habrían sido otros y no estaríamos ahora rememorando en calles e Iglesias toda esa historia.
Última cena
Monasterio de San Isidoro del Campo

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