Cada noche, desde tierra adentro, olas de sueños llegan a mi orilla y traen tu recuerdo: no lo olvides, no me olvides.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Cada noche, desde tierra adentro, olas de sueños llegan a mi orilla y traen tu recuerdo: no lo olvides, no me olvides.
Aunque sea corto el tiempo y larga la distancia, siempre merece la pena el reencuentro, estar juntos y ahuyentar la nostalgia.
Hoy no tuve palabras que llevarme a la boca, así que escribí unos versos de amor en mi memoria. Era mi intención recitarlos en tu presencia. Lástima que ahora no quieran florecer en mi garganta. Sé que hablaban de ti y que también hablaban de mí, de nosotros dos hablaban. Y no sé más, ni tampoco menos. Quizás suspiraban de pasión y ardían en fuegos y llamas. Tal vez cantaban sentimientos, gestos y miradas. Pero no, no me preguntes nada, ojalá recuerde mañana.
Brillan más las ideas cuando alrededor todo es oscuro. Frente a la monotonía de los mensajes tradicionales, encendamos la luz a otras maneras de ver lo cotidiano. Decir "no", rebelarte, huir de lugares comunes, ser tú y no ser nadie. Y cuando salgas de este mundo, apaga y márchate sin hacer ruido.
No siempre atino, incluso desatino de vez en cuando. No siempre escribo de mí, ni de nadie en concreto, sino de ideas que me vienen a la cabeza, sin pensar muy bien lo que digo. No me tengas en cuenta todo lo que digo, si quieres llevarte bien conmigo. Yo intentaré hacer lo mismo contigo, amigo (a).
Aunque no lo parezca, todo tiene sentido si eres capaz de buscar una explicación. No te quedes en la primera mirada, sé un poco más sutil.
Ahora que duermes y no puedes leerme, te escribo. Escribo sin saber lo que escribo, pero sin dejar de hacerlo, como si en ello me fuera la vida. Y la vida que escribo y describo es mi vida y tu vida, nuestras vidas. Vidas que un día se cruzaron, no sabemos bien porqué, y que continúan unidas y desunidas a la vez. Y a la vez que duermes, mientras yo escribo, te imagino soñando que te escribo y que dejo de hacerlo para, por fin, reunirme en sueños contigo.
Azul era la noche y triste su mirada. De nada sirvieron mis gestos para aliviarla. Se fue pronto a la cama, herida como estaba, y me dejó solo, en silencio y sin palabras. Quizás mañana amanezca con otro ánimo y otra mirada.
Jamás te mentiré, pero nunca te diré la verdad. Si quieres conocerla tendrás que investigar o contratar a un detective que siga mis pasos por la ciudad. Sí, tengo un pasado oscuro y muchos asuntos que ocultar. No me preguntes, porque no te diré la verdad, mi respuesta será un cuento más.
Tú me dejaste ir, yo te dejé marchar. Ninguno de los dos quedó en ese amor vacío. Pasado un tiempo eterno, de heridas, silencios y sombras, vuelves a mí y yo regreso a ti. Ya estamos juntos de nuevo, saciando el deseo e inundándolo todo de amor pleno. ¿Por cuánto tiempo esta vez?
Y para los que no pintamos nada, la fotografía es un refugio y un subterfugio que pixela nuestra mirada.
Procura caminar con los pies en la tierra y la mirada en el horizonte. No olvides, de vez en cuando, mirar al cielo y soñar, porque los sueños, tarde o temprano, te traerán felicidad.
Cuando me voy por las ramas, pienso que no puedo vivir contigo y que tampoco puedo vivir sin ti. Eres mi sueño y mi necesidad.
Hay sentimientos que, como el cristal, no se ven hasta que no se rompen y que, una vez rotos, ya no hay manera de repararlos. El amor es uno de ellos cuando se hace añicos.
No sé nada, ni nada sé hacer. Reconozco mi inutilidad para cualquier tarea, física o mental. Asumo que soy un cero a la izquierda y un "menos uno" a la derecha, es decir, que no valgo absolutamente para nada. No obstante, he de decir, muy a mi pesar, que la gente, no sé qué habrá visto en mí, me valora y quiere estar a mi lado y disfrutar de mi amistad. Es algo asombroso, a lo que no doy crédito, ni rédito.
Para ser viejos amigos hay que llegar a viejos y continuar siendo amigos. No sé cuál de las dos condiciones es más difícil de cumplir, quizás la segunda.
A todas mis madres, las propias y las ajenas, las que fueron y las que serán, las que son y las que nunca dejaron de serlo. A todas ellas, madres.
Trabajar para vivir y para dejar de trabajar, llegado el momento de la jubilación, y vivir de la pensión. Tanto esfuerzo, tantos días, tantos años, da para contar muchas historias de gente que luchó, ganduleó, traicionó y echó una mano, sino las dos. El trabajo nos humaniza y también nos esclaviza. Más vale tenerlo que carecer de él. No están los tiempos para celebrar y ya se agotaron las fuerzas de reivindicar.
A las afueras de la ciudad, en aquella casa en ruinas, en aquella pared destartalada, en aquella fecha indeterminada, del siglo pasado, ya estaban grabados sus nombres mucho antes de que llegaran a conocerse. Era un amor premonitorio que descubrirían juntos años más tarde, casualmente.
Cada derrota es una oportunidad
perdida y cada triunfo la excusa imperfecta para seguir con vida. Ganaría más,
muerto que vivo y perdería todo a cambio de un solo beso tuyo. Sé que no sé lo
que digo, ebrio ya de tanto querer sin sentido.
Mirando hacia dentro, a través del espejo, descubrimos lo que hay fuera, porque lo que hay fuera es un reflejo de lo que llevamos por dentro.
Cuando estamos juntos el tiempo se detiene, pasan las horas sin darnos cuenta y hasta el reloj se queda doblemente manco. ¿Qué tendremos? ¿Qué habrá entre nosotros para llegar a esos extremos?
No basta con apuntalar la fachada para evitar que nuestro amor se derrumbe, hay que buscar soluciones más profundas, que lleguen al alma, y ponerlas en práctica.
Esta noche he soñado que me
atrapabas, pero no he sentido miedo, porque sé, amor, que no me harás nada.
Todo empieza sin querer, cómo un juego, un capricho, una venganza, un desliz, una locura, un tropiezo, un deseo, una aventura pasajera... cualquier excusa nos vale, de momento, pero, cuando te das cuenta, ha pasado un tiempo, es demasiado tarde, y ya no puedes dejar de amar.