Los peores monstruos habitan dentro de nosotros, son imaginarios, pero muy dañinos, a los demás no hay que temerles.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Los peores monstruos habitan dentro de nosotros, son imaginarios, pero muy dañinos, a los demás no hay que temerles.
Hay momentos y situaciones que, no sabemos bien porqué, despiertan nuestra atención. Quizás por lo anecdótico de ellas o por las personas que protagonizan la escena. Quién sabe.
Qué difícil es ver lo evidente y qué fácil olvidar lo importante. Menos mal que disponemos de cámaras de fotos para centrar nuestras miradas y conservar el recuerdo de nuestros mejores momentos. ¿Recuerdas?
Si no hay lagos ni tampoco ríos, hay que recoger, de la mejor manera posible, el agua de lluvia y almacenarla en aljibes.
Después de nueve meses en el vientre de nuestra madre, el destino nos arroja al laberinto de la vida. En los primeros años todo es sencillo, estamos protegidos, vigilados y amparados, pero llegada la adolescencia comenzamos a perdernos por los corredores que se abren a nuestros ojos, sin saber muy bien a dónde vamos y qué queremos hacer. Pasaremos años encerrados en nuestras contradicciones, dando vueltas sin parar y sin encontrar una salida. El final lo conocemos, será el mismo para todos, regresar a la nada a través de esa puerta vacía. Por tanto, no queda más remedio que armarnos de valor y tener mucha paciencia, disfrutar de los encuentros fortuitos, vagar en compañía, ver, sentir y explorar los lugares más recónditos. En Lithica, lugar para la reflexión, te espero, ven a perderte conmigo.
Tus ojos son faros que iluminan el camino de quien cruza la mirada contigo. Imposible naufragar siguiendo la luz que emiten.
Las sábanas, velas en la noche, la almohada, mástil para aferrarse fuerte, la colcha, olas inquietas. Marejadilla a fuerte marejada en el ambiente. No hubo naufragio, pero a punto estuvo de caer hombre al agua. Después vinieron nuevas singladuras, con la misma tripulación, en otros barcos, en otros mares. Hasta el día de hoy y la noche de mañana.
A 431 años luz de la Tierra, con una luminosidad 2440 veces superior a la del Sol y un radio 45 veces mayor, hay una estrella impresionante que me ilumina: Polaris.
Ver la vida en todos los
rincones, buscarla en cualquier momento, sentirla. Compartir un instante de
belleza, gozarlo. Dejar huella de nuestro paso, pero sin pisar nada, sin
alterar el equilibrio. Así vamos o pretendemos ir. En esta ocasión en la playa
de Binigaus con Javier Ares, de Polaris Menorca.
Los ojos conectan con la mente y con el corazón. Lo importante no es lo que ves, sino lo que sientes.
Hace tiempo que perdí la fe y el sentido lo pierdo cuando estás conmigo, razón de más para caminar contigo.
En presente conjugo mi vida: ya, ahora, en este momento. Lo que sucedió ayer no me interesa, lo que vendrá mañana tal vez no lo vea.
Conquistamos castillos deshabitados empleando tan sólo la fuerza de la imagen y la seducción de la palabra, esa es nuestra pacífica guerra.
Cuando todos regresan yo voy, en doble sentido. Mi carril está despejado y, aunque el cielo esté triste y amenace lluvia, nada impedirá que pueda verte. Serán tan sólo unos minutos, cortos, pero intensos, suficientes para llenar el vacío que nos distancia. Camino de ti, en esta mañana gris, voy a tu encuentro.
Soy árbol de raíces profundas y alargadas ramas que tocan el cielo. Me visto en primavera de verdes hojas, voy cambiando de color y quedo desnudo a finales de otoño. Permanezco quieto, salvo cuando me mece el viento. Las aves me utilizan para posarse y construir sus nidos. Doy sombra fresca y calor con mis ramas muertas, transformadas en leña. Fuente de inspiración de poetas, poso para pintores amantes de la naturaleza y fotógrafos de paso. Soy todo eso: un árbol a secas. ¿Y tú, qué eres?
Por aquellas fechas el otoño seguía deshojando la margarita, unos amores se iban mientras otros venían, con tristeza y dolor los caducados, con esperanza y alegría los recién llegados.
Leo periódicos atrasados, cuando las noticias ya han muerto. Escucho el silencio que me rodea, envuelto en ruidos rutinarios. Miro el mundo a través de mi cámara, pero sin atreverme a disparar para no tener recuerdos. Y cuando por fin te encuentro, en la tapia de una iglesia, una noche cualquiera, de cualquier ciudad inexistente, no puedo cerrar los ojos ni huir de tu belleza. En ese instante disparo a quemarropa para tenerte conmigo, aunque sólo sea en imágenes. Soy un fotógrafo furtivo, taciturno cazador de sueños.
No esperaba nada de ti, pero me ofreciste todo. Todo o nada, fue tu propuesta, y no ibas de farol. Yo doblé tu apuesta y jugamos, vaya si jugamos... hasta hoy.
Hasta que no se allana el camino, resulta difícil de transitar. Los obstáculos, el firme irregular, las subidas, las bajadas, el viento que sopla de cara, una lluvia embarradora y nuestros temores conforman el carácter y nos preparan para superar cualquier dificultad. Imposible es huir hacia atrás cuando detrás ya no hay nada.
Que sea tu mano la raíz que me sustenta y la brisa que eriza mi piel. Que sea suave en las caricias y firme en las tempestades. Que sea apoyo y también consuelo. Que sea alegre, dando palmas, y reflexiva, cuando escribas. Que sea tuya e independiente. Y que también sea mía y me deje tu huella, para siempre.
Aunque sea un verbo en desuso y un tanto proscrito, es difícil conquistar el corazón de una mujer, pero más difícil es, todavía, que a la vuelta de unos años y después de todo lo vivido, permanezca unido al tuyo.
Una lluvia de hojas, lenta y persistente, va alfombrando los caminos, tiñendo de ocres y amarillos el paisaje. Poco a poco, desnudos van quedando los árboles, bosques de troncos y ramas, esqueletos sin vida por unos meses. Otoño es tiempo de cambio, olvido de los excesos del verano y antesala del rudo invierno. Momento de reflexión, de hacer balance, de sentir la vida por dentro, de nostalgia y de silencio.
Multicolores hojas de otoño alfombran el camino y crujen mis pasos rompiendo el silencio que traía soñando contigo.19
No hay nadie que pueda cambiar tu pasado, pero sí hay alguien que comparte tu presente y orienta tu futuro. No eches la vista atrás, mira hacia delante.