Tenemos que seguir con nuestras vidas como si nada sucediera, pero sucede todo, sucede el amor.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Los caminos que conducen a ti siempre están despejados, ningún obstáculo nos separa, salvo el tiempo y los kilómetros que invertimos en poder abrazarnos.
Tus palabras siempre me hacen sentir bien y me llenan de nostalgia por todos los momentos vividos contigo. Tengo la certeza, y también la esperanza, de que esta amistad será "eterna". No importa la distancia ni el tiempo, es única e irrepetible.
¿Te puedo dar un beso? Me preguntó a quemarropa. Y, aunque no hacía falta respuesta, le respondí que sí, que todos cuantos quisiera.
De tus heridas, que sangran
lágrimas de hielo, nada quiero.
Tampoco quiero tus cicatrices,
huellas de amores sufridos.
Ni quiero tu mirada de nieve
blanda.
Ni tu voz temblorosa, tiritando
palabras de escarcha, quiero.
Porque de ti, en este amanecer helado, sólo a ti te quiero.
El amor, dulce niebla, impide ver más allá de nuestros sentimientos. ¿Será real o será sólo un sueño? Habrá que verlo y descubrirlo.
Una mente y un cuerpo flexibles para adaptarnos a cualquier forma, a cualquier pensamiento y al sentimiento más loco.
Junto al árbol, antes de que se
apagase la Navidad, quiso decirle lo que nunca antes se atrevió a decirle, una
declaración de amor en toda regla, con muchas ilusiones, pero sin condiciones,
con todo el sentimiento acumulado desde el primer día que la conoció. Muda
quedó un instante eterno y sucumbió, porque ella también lo amaba.
No me consta que sean reyes, de hecho,
los únicos reyes y reinas de las casas son los niños y las niñas. Tampoco creo
en la magia, salvo en aquella que convierte la tristeza en alegría y el odio en
amor. No obstante, parece ser que ya están aquí, un año más, dispuestos a
cumplir con su antigua misión de regalarnos unos momentos de felicidad. Vamos a
recibirles como se merecen y agradecerles su generosidad. ¡Suerte!
No sé qué sentirá mi cuerpo cuando te abrace, ni el tuyo cuando abrace el mío; no sé qué sentirán mis labios cuando rocen los tuyos, ni mi lengua cuando se encuentre con la tuya dentro de tu boca; no sé qué sentirán mis manos cuando te desnuden y recorran tu cuerpo sin prisa; no sé qué sentirá mi sexo cuando se excite mientras yo excito el tuyo; no lo sé, pero lo imagino y creo que será mucho amor, amor mío.
Abraza la noche antes de que amanezca y no dejes que tus sueños se escapen sin darles vida, porque mereces ser feliz.
El amor irrumpe en nuestras vidas, nos trastorna, nos eleva y nos deja caer sin red que nos proteja. Pero no sufras, siempre hay otro amor que te ayudará a levantarte y a seguir caminando. Es el mismo amor, el amor eterno, que cambia de rostro, de personaje, para colarse de nuevo en el corazón de las almas anhelantes.
Tanto encoge el ánimo la niebla que hasta los cables de acero lloran en su presencia. ¿Qué será de mí con tu ausencia?
Interpretamos una línea roja como señal que advierte de los peligros que pueden surgir al otro lado. Pero el verdadero peligro se encuentra aquí, a este lado. El peligro de conformarnos con lo que tenemos, aunque no tengamos nada que merezca la pena.
El tiempo se detiene cuando estoy
contigo, se contrae y se estira de tal modo que 1 año, 12 meses y 365 días se
condensan en un suspiro.
La profesión va por dentro: habrá
habido momentos de todo, unos felices y otros tristes, habremos sufrido y
gozado alguna vez. Esperemos que el resultado del ejercicio, que ahora
cerramos, sea positivo para todos, a pesar de las dificultades. Y si incurrimos
en pérdidas, ya habrá tiempo de obtener beneficios más adelante, no perdamos la
esperanza. ¡Feliz cierre!
La Navidad invita a reencontrarnos con aquellas personas que queremos. Unas habitan en nuestro recuerdo, para siempre. Otras viven en kilométrica distancia de un pasado compartido. Algunas reaparecen, entrañablemente, tan sólo en estas fechas. Y las más recientes, aquellas que acabamos de conocer hace algunas semanas, días, o incluso horas, anidan ya dentro de nuestro corazón. Para todas ellas enviamos, en estas fechas, un cariñoso mensaje repleto de buenos sentimientos.
Llega la noche y se enciende mi sombra buscando la luz de tus sueños. Deambulo por la ciudad tropezando con todo lo que encuentro a mi paso: farolas, palmeras, vehículos bien aparcados y borrachos haciendo eses para esquivarme. Por fin, ya de madrugada, te encuentro y atravieso el muro que nos distancia. Me meto en tu cama y me engancho a tu último sueño, ese que esperabas vivir desde hace tanto tiempo y te tenía atrapada. Y ahora, cuando despiertes, verás que no fue un simple sueño, porque me tendrás a tu lado y ya no seré sombra, sino cuerpo y un trozo de alma.
Quizás todo se resuma en algo que rige el mundo y a lo que todos ansiamos. Unos lo encuentran, otros no y algunos lo sueñan.
Dorado amanecer en el claustro. Seminaristas fuimos por unos días de la naturaleza, el viento, las construcciones en piedra seca, la Historia, el cielo, las estrellas y la amistad. Todo un aprendizaje vital.
Canalizando experiencias, sentimientos y emociones, alcanzaremos la felicidad. Esa es mi tarea diaria desde hace años y ahora, en Navidad, se hace más patente, a pesar de no creer en ningún Dios ni esperar nada del más allá. Mi mundo está aquí, con las personas que quiero.
Con un poco de imaginación y mucha ilusión, unas luces de colores anuncian un tiempo de tregua y de paz. Hay un mensaje de amor flotando en el ambiente. La verdadera fiesta consiste en querernos, perdonar y perdonarnos, no vaya a ser que se nos vaya la vida en disputas absurdas y estériles. Que no cueste tanto decir te quiero, te amo, te aprecio... esas son palabras mágicas que abren la puerta de la felicidad. ¡Feliz Navidad!
Nif nis, era la clave secreta que
cada noche cerraba su encuentro virtual y daba paso a sueños reales recreando
momentos vividos juntos en los lugares más insospechados, pero sin despertar
ninguna sospecha. Nif nis, era una declaración de amor eterno, sin fecha de
caducidad, a pesar de los años y de las circunstancias personales que les
mantenía alejados, pero muy cerca. Nif nis, buenas noches y hasta mañana,
decían, y en ese momento cerraban los ojos y recreaban sus fantasías.
Dirás que digo muchas tonterías, pero si las digo es para hacerte reír, porque tu risa, y también tu sonrisa, te sienta muy bien y a mí me hace feliz.
Es un momento mágico, de los que no se vuelven a repetir, cuando nos alineamos con las estrellas persiguiendo un objetivo común.
Los peores monstruos habitan dentro de nosotros, son imaginarios, pero muy dañinos, a los demás no hay que temerles.
Hay momentos y situaciones que, no sabemos bien porqué, despiertan nuestra atención. Quizás por lo anecdótico de ellas o por las personas que protagonizan la escena. Quién sabe.
Qué difícil es ver lo evidente y qué fácil olvidar lo importante. Menos mal que disponemos de cámaras de fotos para centrar nuestras miradas y conservar el recuerdo de nuestros mejores momentos. ¿Recuerdas?
Si no hay lagos ni tampoco ríos, hay que recoger, de la mejor manera posible, el agua de lluvia y almacenarla en aljibes.
Después de nueve meses en el vientre de nuestra madre, el destino nos arroja al laberinto de la vida. En los primeros años todo es sencillo, estamos protegidos, vigilados y amparados, pero llegada la adolescencia comenzamos a perdernos por los corredores que se abren a nuestros ojos, sin saber muy bien a dónde vamos y qué queremos hacer. Pasaremos años encerrados en nuestras contradicciones, dando vueltas sin parar y sin encontrar una salida. El final lo conocemos, será el mismo para todos, regresar a la nada a través de esa puerta vacía. Por tanto, no queda más remedio que armarnos de valor y tener mucha paciencia, disfrutar de los encuentros fortuitos, vagar en compañía, ver, sentir y explorar los lugares más recónditos. En Lithica, lugar para la reflexión, te espero, ven a perderte conmigo.
Tus ojos son faros que iluminan el camino de quien cruza la mirada contigo. Imposible naufragar siguiendo la luz que emiten.