Y a pesar de todas las mochilas que cargáis, que no son pocas, el presente es cada día más vuestro. ¡Adelante!
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Y a pesar de todas las mochilas que cargáis, que no son pocas, el presente es cada día más vuestro. ¡Adelante!
Tarde de risas y más que risas, de mesa en mesa, tragos de tequila, mirando a la esquina, sal y limón. Patrullas azules, a la salida, toman el control. Y van por las calles, de regreso, buscando una pizza, un taxi, una casa, una cama, un pijama, un sueño y alguna canción.
Cuando estoy contigo, el tiempo
pasa tan deprisa que las horas se transforman en minutos y los minutos se
convierten en segundos. Todo fluye tan a gusto, con tanta complicidad y con esa
inexplicable conexión, que, cuando nos damos cuenta, pasó el tiempo sin darnos
cuenta de que el tiempo ya pasó. Tendremos que pedir una prórroga.
Ni todos los capullos florecen al mismo tiempo ni todas las flores marchitan a la vez. Cada cual lleva su primavera por dentro y la expresa cuando le viene bien. ¿No crees?
Las ocho y veinte de la mañana. Las calles están vacías, pero llenas de nostalgia. Edificios antiguos, plazas y calles conforman un laberinto mágico. Perder los pasos dentro de él, es ganar momentos de paz y sentir que el tiempo no existe, que es eterno.
Este es mi país, España, y esta es mi bandera, roja y gualda. Es un gran país, con una gran historia detrás y mucho futuro por delante, de los mejores del mundo para vivir. También tiene sus defectos, pero quién no los tiene.
Explorer 1 a base: Seguimos en órbita alrededor de la Tierra. El paisaje es alucinante, pero, por lo que observamos, aquí la vida es muy complicada. Los terrícolas no se dan ni un día de tregua. Solicitamos permiso para regresar, hemos agotado la paciencia y nuestra capacidad de asombro se tambalea.
Caminos de niebla me llevan a destinos inciertos. Vaporizados aires de invierno, de fría nube, me envuelven. La mente, turbia de pensamientos grises, marca el ritmo que las piernas, titubeantes, aceptan a regañadientes. Hasta donde alcanza la vista todo es gris, salvo tu recuerdo que ahora brilla algo apagado. Tal vez, en algún momento, un viento cálido levante el telón y el horizonte quede despejado, mientras tanto sigo caminando sin rumbo, con el corazón en un puño y el alma entre tinieblas.
Dejemos a los molinos de Consuegra descansar, pues ya dieron bastante juego. Ahora nos bajamos al llano a buscar nuevas historias que contar. La Mancha no decepciona.
De vez en cuando y cuando menos lo espero, soy testigo de tus aspavientos. Son pasajeros, aunque pueden durar varios días, incluso semanas. Asisto a ellos con calma, serenidad y mucha paciencia, confiando en que pronto cese el huracán que se te desata por dentro. No diré que me disgusten, porque son prueba, contradictoria, del amor que me profesas.
Tu cálido viento, que viene de lejos, mueve las aspas de mi vida y la hace girar. Así obtengo la harina, que amaso día a día para elaborar el pan, sustento de este amor que perdura a los pies del molino.
Lo que el ojo no ve lo capta la cámara, por eso conviene dejarle hacer su trabajo y limitarte a difundirlo. Es más mérito suyo que mío, yo casi que no pinto nada.
Cruel destino que se ensaña con las almas inocentes, no da tregua, no las ampara, las condena. Injusta es la vida cuando no es vida y hasta respirar duele. ¿Quién escribe ese macabro guion que tanto hiere?
¿De qué sirve estar vivo si la
vida que llevas es un castigo? Vagar por el mundo sin rumbo ninguno. Caer cada
día en el mismo sinsentido. Mejor estar muerto o no haber nacido. ¿De qué sirve
estar vivo?
Nota: en la actualidad, no soy lo suficientemente pesimista para adherirme a este manifiesto, pero: ¿Quién no ha sentido ese sentimiento alguna vez en su vida?
Si tengo que elegir, prefiero tomar la dirección prohibida, suele ser la más interesante y la más divertida. No está de más saltarte las normas y explorar vedados caminos.
Hay días en los que no te importo
nada y días en los que te importo todo. Y en esa dualidad, de todo o nada,
vivo, o malvivo, según el día.
Pronto llegará la primavera y vestirá de verde tus ramas, brotará de nuevo la vida y con ella la esperanza. Y aunque no lo creas, yo seguiré detrás de ti, dándote ánimos y apoyando tu causa.
Siempre estás sola, aunque acompañada. Sola, con tus pensamientos que no paran de girar, como esa nube que por las tardes se engancha al peñón. Sola, con tus sentimientos que te dan vida mientras secuestran tu corazón. Sola, con la soledad de la noche cuando escribes en tu diario secretos inconfesables. Sola, solitariamente sola, soñando lo que no puedes vivir. Y a pesar de estar sola, sabes que no estás sola porque siempre me tienes a mí.
Eres mi locura, me dijo, y que no le cabía más amor dentro. Y yo que pensaba que el loco era yo, me tuve que poner la camisa de fuerza para ir a verla. Se desató la pasión y ya no hubo manera de recuperar la razón ni de escapar de su presencia. Desde entonces dos locos andan sueltos, aviso.
Cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor, pero fue pasado y ya no regresa. Ahora regresa a la memoria el recuerdo de aquel tiempo pasado y se hace presente, muy presente. Es la magia del destino que, a veces, nos juega buenas pasadas. ¿Recuerdas?
El viento también habla, escúchalo. Trae de lejos historias pasadas. Palabras que sin querer salieron volando de alguna garganta. Aquí llegan en tropel y desbarajadas. Afina el oído y calla. ¿No escuchas nada?
Cuando tu casa es tu prisión, difícil es que puedas escapar. Tendrás que derribar muros de piedra, iluminar las sombras de tus rejas, gritar que ya no puedes más y que no mereces esa condena. Tal vez así se apiaden de ti y puedas volver a ser libre y feliz en tu propia casa.
Cuanto más altos sean tus sueños, más te costará edificarlos. Sienta las bases con la primera piedra y no cejes en el empeño. Y cuando estés rematando tu obra, mira hacia abajo para no olvidar de dónde vienes.
Si no tienes nada que decir, mejor no digas nada, calla, como calla la cigarra por la noche o el búho a las doce de la mañana, no hables, cierra el pico, mantén la boca cerrada.
Buscando el marco perfecto, para mi foto, te encontré y ya no pude dejarte. Desde entonces formas parte de mi colección de objetos raros y en desuso, ¿quién iba a decirlo?
Con solo abrazarla, como se abraza a una guitarra española, su cuerpo se estremecía y vibraba una melodía imposible de escribir en el pentagrama. Fueron muchos sus encuentros y, desde el segundo, nunca necesitaron afinar sus cuerpos. Era tal la sintonía que a ciegas tocaban las cuerdas, el uno de la otra y la otra del uno, con mucha soltura, desenfreno y armonía, sin partitura ni guion, ni ningún chirrido. Y así siguieron y perdieron la cuenta de sus encuentros, durante muchos años de gira, en los mejores hoteles y salas de concierto.