Sucede a menudo que lo que pienso
y siento lo encuentro reflejado en mi día a día. Son señales que confirman que
voy por el buen camino, siguiendo el curso del río de mi vida.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Sucede a menudo que lo que pienso
y siento lo encuentro reflejado en mi día a día. Son señales que confirman que
voy por el buen camino, siguiendo el curso del río de mi vida.
Decirte quiero que te quiero,
dijo, y mirándole a los ojos, muda e infinita fue su respuesta. En el amor
también los silencios cuentan si eres capaz de leerlos.
Hay fotografías que saltan al
terreno de juego casi al instante de ser captadas. Otras, en cambio, permanecen
días, semanas, meses, e incluso años, en el banquillo esperando una
oportunidad. Caen en el olvido y pasan desapercibidas hasta que repasamos la galería
y nos llaman de nuevo la atención. Hoy es un día de esos y le damos la
oportunidad de mostrarse en público. Suerte.
La vida nunca nos concede todo lo que queremos, tal vez para enseñarnos que debemos aprender a vivir con lo que tenemos. Abandonar aquello que nos genera sufrimiento, cambiar lo que podamos cambiar y aceptar lo que nos trae de nuevo, sobre todo si esa novedad nos hace más felices. La vida, para bien o para mal, siempre nos sorprende.
En un mundo de reflejos la realidad no es única, sino múltiple. Puedes situarte dentro y formar parte del misterio de la fotografía o quedarte fuera y ser un observador más. Yo, habitualmente, prefiero situarme al margen, pero no siempre lo consigo.
Debo estar feliz por tenerte. La mente es débil y a veces sucumbo a sus tormentos. Quiero ser fuerte, confiar y agarrarme con fuerza, vivir el presente contigo, disfrutar el momento, porque la vida ya se encarga del resto.
No, no da igual, es igualdad lo que queremos para ellas. Ser iguales, con los mismos derechos y las mismas oportunidades, sin discriminación, con justicia y equidad. Mientras tanto tendremos que seguir reivindicando y conmemorando este día, el día de ellas en su lucha por la igualdad.
He sentido la lluvia caer
mientras soñaba contigo. Una lluvia lenta y persistente, suave y delicada, que
ha dejado huella en los cristales de mi ventana. Ahora despierto y me asomo a
la noche para verte y sentirte cercana bajo la lluvia de acontecimientos que
nos cala por dentro desde hace unas semanas.
En la foto del espejo
Dos locos de amor
andan sueltos.
No se dejan atar en ningún momento
Caminan libres, pero
muy unidos
De la mano, del brazo,
o con el pensamiento.
Y no dan más de cien pasos sin besarse
Ni acariciarse, ni
mirarse.
Sus miradas hablan en silencio
Pasean un loco amor adolescente
Bajo las miradas de
otros paseantes
Que deciden madrugar
para que no se les escape
Esa forma de amar tan
alarmante.
Cuanto antes se encuentran
Antes comienzan el
ritual.
Por eso madrugan
Que hasta los perros
gritan en su lengua
¿Qué es lo que
les pasa?
Que tiemblan los
caminos
A la vera del Segura
cuando pasan.
El agua, pasajera, camino del mar
Testigo es de tanta
ternura y de tanto amar.
Cuando estoy contigo, el tiempo pasa tan deprisa que las horas se transforman en minutos y los minutos se convierten en segundos. Todo fluye tan a gusto, con tanta complicidad y con esa inexplicable conexión que, cuando nos damos cuenta, pasó el tiempo sin darnos cuenta de que el tiempo ya pasó. Tendremos que pedir una prórroga, o dos.
Si no te miras al espejo, llegará el día en que no te reconozcas. Mírate y sé benevolente con lo que ves. Eres tú la primera que debe mirarse con buenos ojos, yo ya lo he hecho.
A través del espejo vemos pasar la vida por detrás de nosotros, lenta y cadenciosamente. Tenemos miedo a girar nuestro cuerpo ciento ochenta grados y enfrentarnos a la realidad que nos hiere. Podemos demorarlo el tiempo que consideremos oportuno, pero tarde o temprano, si pretendemos escapar de ese reflejo, tendremos que hacerlo. Porque un reflejo no es nada más que una realidad ficticia. ¿Acaso debemos invertir nuestro tiempo en algo que solo existe mientras permanece encendida la luz?
Cuesta más decir la verdad que mil mentiras piadosas, callar por prudencia que hablar con arrogancia, escuchar lo que no quieres oír que hacer oídos sordos, mirar a los ojos que mirar para otro lado, dar la mano que un saludo desganado, llorar de risa que reír por no llorar, bailar en el desierto que danzar bajo la lluvia, subir a una cima que bajar al infierno, saber que te aman que vivir dudando.
Miles de besos, millones de abrazos, infinidad de caricias e incontables miradas de fuego. Tu cuerpo y el mío, mis manos, tus manos, deseo, atracción y un sinfín de palabras de amor nos llenan el alma y el corazón. Pasión de mí, pasión de ti, nuestra pasión recorre en silencio las calles, pero gritando a quien quiera ver, que hay un amor inmenso que no tiene fin.
Cuando se apaga el color, la vida se enciende en blanco y negro. Llega el gris ceniciento y se instala en nuestro espíritu, dominándolo. Muchas son las dificultades y amargos los sinsabores del día a día. Tal vez porque esperábamos algo más y el destino y sus gentes nos trajeron mucho menos. Pero no, no debemos permanecer así durante largo tiempo, tan sólo el tiempo necesario para curar nuestras heridas, las del cuerpo, las del corazón y las del alma. De nuevo regresarán el color y la alegría, no lo dudes.
Y cuando las cosas se ponen mal, es de nuclear importancia buscar una salida de emergencia, escapar del peligro y ponernos a salvo, no dar lugar a sufrir las consecuencias de la tragedia que se avecina.
Convidados de piedra y congelados en ella quedaron desde hace siglos para contar, en el capitel de la octava columna del claustro, una historia policromada que con el paso del tiempo empalideció. Desde lo alto, observan nuestro paso mientras, por educación y respeto, demoran el comienzo del banquete de su última cena. Y nosotros, todavía en carne viva, contemplamos en ellos la eternidad. ¿Hasta cuándo?
Si quieres llegar alto tendrás
que subir por tus propios medios. No sirven atajos ni ayudas externas. Eres tú
y la montaña, tu determinación y tu fuerza. Arriba encontrarás las respuestas.
Con Caminos y Veredas de Alpera
A veces, reaccionamos demasiado tarde: cuando marchó el tren, cuando apagaron las luces, cuando dejó de llover, cuando se hizo de día, cuando permanecí callado, cuando miré hacia otro lado, cuando la vida me ofreció algo y no quise, o no me atreví a tomarlo. En cambio, en otras ocasiones la reacción es inmediata, como dos cámaras de fotos apuntando a un objetivo común dispuestas a obtener la mejor fotografía, la nuestra.
"Mientras te beso y te acaricio me alimento. ¿Qué pasa si no me alimento? Que me muero de hambre por no hacerlo. Necesito alimentarme de ellos." Me dijo.
Qué afortunado ser el otro. Ése, destino de tus sueños y tus gozos; aquél, amigo, amante, novio y esposo; y éste, el que escribe, asombrado de lo que escribes cuando sientes el amor como yo lo siento, amor pleno, deslumbrante y gozoso.
Hay que intentar mirar un poco
más allá, que no siempre coincide con lo más lejano. Mirar de frente y mirar a
los ojos de quien tienes a tu lado. Ver tus ojos reflejados en los suyos, leer
lo que dicen y escuchar, en silencio, el relato de aquello que están contando.
Grafiti de Verónica Plaza y Juangacedos
Camino de la mala noche me adentro. Es incierto el final y oscuro el recorrido. Hay trampas a cada paso, sonidos extraños y miedos despiertos. A tientas, avanzo intentando no tropezar ni pisar donde no debo. No hay nadie más, salvo mis propios fantasmas. Será larga la noche y cortos cada uno de mis latidos.
Qué difícil es mantener el equilibrio. El equilibrio estable que buscamos para no perder el horizonte, para seguir nuestro sueño y alcanzar nuestras metas. Pero, ¿Dónde encontrarlo? ¿Dentro? ¿Fuera? ¿En los otros o en uno mismo?
Pensar, no sé muy bien lo que pienso ni voy a perder el tiempo pensando en ello, pues sólo me queda tiempo para ver, sentir y expresar lo que veo y lo que siento.
Por caminos de niebla me adentro. A corta distancia todo es gris y se pierde el horizonte. Oigo ladrar a un perro que rompe el silencio, pero no lo ubico. Es un camino interior, de aislamiento, de reflexión y de toma de conciencia. Hay tanto ruido y tantos estímulos enajenantes en la ciudad de los locos que, de vez en cuando, se hace necesario perderse entre nieblas.
En el acantilado, frontera de tierra firme y mar infinita, arrojo al vacío cuatro versos escritos con tu nombre y apellidos, volarán con alas de ángel más allá de esta vida hasta alcanzar tu santa orilla.
Yo qué sé de mí, si de mí no sé nada. Sólo tú podrás, algún día, cuando me conozcas de verdad, explicarme.
Hay un vacío que lo llena todo y
un silencio atronador que ensordece. Hay una página en blanco llena de poemas
por escribir y un lienzo que no pinta nada. Por haber, hay una oscuridad que
ilumina la noche y alumbra tu recuerdo. Sé que estás ahí. No te veo, no te
oigo, pero te imagino, te siento y sé que estás ahí, perdida en tus sueños y
buscando una salida al mar, allí te espero, confía en mí.
He caminado mucho y durante mucho
tiempo con tu retrato robot en el bolsillo, por si algún día te cruzabas
conmigo poder reconocerte. Ahora sé que eres tú, que no puede ser otra, porque
no hay otra que sea como tú. Y si tú quieres me cobraré la recompensa a cambio
de que tú tomes de mí todo lo que quieras. Ese es mi trato, espero tu
respuesta.