Puede más el ánimo que el desasosiego, la alegría que la tristeza, el goce que el dolor, la esperanza que el miedo, el amor que el odio.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Puede más el ánimo que el desasosiego, la alegría que la tristeza, el goce que el dolor, la esperanza que el miedo, el amor que el odio.
Lo peor que nos puede pasar es que no nos pase nada. Pasar por la vida como si no hubiésemos nacido y morir sin estrenar siquiera un suspiro.
Tus vientos son los que me llevan, hinchan mis velas y me conducen a ti. No hay distancia que lo impida ni olas gigantes que no pueda atravesar, tal es mi determinación.
Queramos o no, formamos parte del paisaje. Nada nos es ajeno, reflejo somos de lo que nuestros ojos ven.
Hay que intentar levantarse cada mañana con el espíritu de disfrutar del último día de tu vida, porque la vida, a pesar de todo, es un regalo y hay que vivirla plenamente.
Verdaderamente, si amasemos a los demás como a nosotros mismos, no caeríamos tan frecuentemente en desplantes, ofensas y malas contestaciones; nuestra vida social sería otra bien diferente y el mundo respiraría mejor, con aires más puros. Es cuestión de actitud, de vernos reflejados en los otros y ofrecerles todo aquello que poseemos para que nada nos sobre. Amén.
No es fácil escribir cuando hay tanto que decir. Se agolpan las palabras y se tapona la mente. Sientes lo que quieres decir, pero no sabes por dónde empezar, porque no hay principio ni fin. Hay un cajón enorme de letras sueltas, un rompecabezas que debes ordenar. Eliges una al azar y entonces van saliendo una detrás de otra fluyendo sin parar. Escribes y no sabes lo que escribes, te dejas llevar. Vas hilando frases y tejiendo un texto intentando ser coherente aun sabiendo que no lo vas a ser. Al final quedan cuatro letras, las más sencillas y las que resumen todo: RMOA. Y ahora viene el punto final.
Un día más la noche se apaga y se enciende el sol. En la cama quedan los sueños, todavía recientes, mientras te pones en pie. Ducha caliente y olor a café. Noticias de última hora, lo mismo que ayer. La puerta se abre, la calle amanece, reinicias la marcha otra vez. Rutina diaria, la vida avanza sin querer. Pero hoy será diferente, porque hubo un antes y desconocemos el después. Ojalá y todo vaya bien.
A veces me voy por las ramas para evitar entrar en la raíz de un asunto, será porque las ramas me conectan con el cielo mientras que las raíces me atan al suelo.
Hay tantos caminos como vidas vagando de un sitio a otro y que se cruzan en cualquier lugar: una esquina, una iglesia, un molino o la puerta de un bar. Caminos divergentes, paralelos, llanos, sinuosos, suaves, retorcidos, empinados, alegres, tristes... qué más da, pues todos nos llevan, tarde o temprano, al mismo final.
Esa capacidad tuya de captarlo todo al momento, de ir por delante de mí, de anticiparte, me llamó la atención. Normal no eres, te dije, y llegué a la conclusión de que la paranormalidad era otra seña de identidad tuya. Y por eso también OREIUQ ET.
Y aquel día decidieron ser marido y mujer. Un compromiso de vida, una vida juntos, ese fue su deseo, porque así lo sintieron.
Hay un silencio que pesa. El reloj, cansado, se detiene y el tiempo para. Por la ventana se filtra una luz de septiembre amortiguada. Siento la soledad que me acompaña. Te imagino allí, en tu reino, ajetreada. Pienso que tenemos motivos para estar contentos e ilusionados, pero... ¿No debería ser todo más sencillo?
Todo sucede inesperadamente mientras esperas que ocurra otra cosa. Y cuando pasa, lo que nunca esperas, no hay marcha atrás, hay que tirar para adelante y que sea lo que dios quiera.
Regreso a la anormalidad: El tiempo avanza sin tregua y ya no es hora de mirar atrás. Todavía hay camino por delante y horizontes alcanzables a la vista. Sin metas, llegar no importa, todo llegará, como siempre, a deshora.
Ahora que tú duermes y que yo velo, vuelo hacia allí, escondido en un sueño, para hacerme dueño de ti y esclavo de tu deseo.