Busca un punto de amarre que te permita ir y venir, entrar y salir del puerto. Porque somos de donde estamos a cada momento, de ningún lugar y de todos, de donde quiera el destino llevarnos.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Busca un punto de amarre que te permita ir y venir, entrar y salir del puerto. Porque somos de donde estamos a cada momento, de ningún lugar y de todos, de donde quiera el destino llevarnos.
No es tan sencillo, atreverse a cruzar el puente y llegar a la otra orilla. Atrás queda una vida, con sus tristezas y alegrías. Por delante hay un camino nuevo, de certezas y esperanza. No podemos detenernos, hay que seguir avanzando.
Mirando al pasado afloran
recuerdos inolvidables, vivencias de otros tiempos que ya nunca podrán
regresar. Recuerdos que están ahí y que viajan con nosotros en las mochilas
esperando el momento y la ocasión de hacerse presente en nuestras memorias,
siquiera sea por un instante.
Necesitamos rodearnos de silencio y aislarnos de ruidos externos, incluso de los que genera nuestra propia mente, para escuchar con nitidez el latir de la vida y el eco que llega de tiempos pasados anticipando sonidos futuros. Me molestan los gritos, las voces en alto, los altavoces, las palabras altisonantes y cualquier exceso verbal que rompa el equilibrio, pero son humanos y los comprendo.
Ahora,
en este instante,
siguen cayendo granos de arena,
partículas que marcan el ritmo de
nuestro tiempo.
Granos que crean,
en el cono de abajo,
una montaña de recuerdos
con los últimos momentos
coronando la cima.
Dejarán de caer en cualquier
segundo,
porque todo tiene un paréntesis
limitado,
y podrás contemplar el tiempo
pasado
a través del vidrio que envuelve
tu montaña.
Intentarás darle la vuelta
y dejar que vuelvan a llover
granos de arena,
arena de recuerdos de playa,
o arena de tristes desiertos.
Pero jamás resucitaremos nuestro tiempo muerto,
que duerme feliz o triste
soñando,
mientras fluye otra vida,
ahora.
Lloran los cristales de mi habitación y siento que dentro de ti hay una lluvia interior que cala hondo. Lágrimas frías resbalan por tus mejillas e inundan tu almohada de tristes recuerdos e infortunios presentes. Confía en que pronto saldrá el sol y con él la luz que ilumine tus penumbras. Recuperarás la sonrisa, la alegría y el ánimo. La vida es dura, pero también nos regala momentos felices.
Al principio todo era incertidumbre, temor y duda. Necesitó su tiempo, leer entre líneas, escuchar, ver para creer, pensar, sin parar de pensar, y sentir todo lo que estaba sintiendo. Poco a poco se fueron diluyendo los temores, despejando las dudas y evaporando las incertidumbres. Ahora ya sabe, ya conoce, no duda y lo tiene todo muy claro: es él, no puede ser otro.
Nada de corazones partidos.
No hay dos sin tres, pero llevas
el dos y el tres.
Mi vida va y viene y lo sé, y me
dices que siempre juntos estamos y que no piense.
A tu lado siempre sale el sol y
cada vez el miedo y el dolor dejan de existir.
Quiero que me lleves a cualquier
destino, a perderme y no te preguntaré ni a dónde ni porqué.
Lo sé y mi corazón lo ve, lo
siente y no te miente, eres mi amor.
Sabes que en lo más profundo de
mi alma aquel dolor por creer en ti ya no está.
Que lo bello y la ilusión de la
vida a tu lado es.
Que me curaste y lo haces cuando
estoy herida y que ya casi no estoy esparcida.
Te entrego mis emociones y
sentimientos cada día.
No quiero que me abandones y que
si durmiera a tu lado te taparía cuando hiciera frio.
Me llenas de primaveras todos los
días y jugaría contigo todas las lunas llenas.
No te doy lo que me sobra sino
todo lo que tengo y más porque te lo digo cuando te veo y no puedo de dejar de
llenarte a besos.
No existe la tormenta porque eres
todo calma y sé que después de ti ya no hay nada.
Adela Santurce
La escalera no se ideó para subir y bajar, se diseñó para conectar dos alturas. No confundamos la idea con la acción. Algo similar sucede con caminos y carreteras, en cuanto a distancias. También el amor nos conecta, sin ir más lejos.
Segura de sí misma, pero con las dudas propias y alguna ajena, el agua del río, de nuestro río, va camino del mar. No hay mejor desembocadura, una vez cruzado valles y regado huertas, que ensanchar horizontes y mezclarte con aguas saladas. Allí estaré junto a la orilla, guardando el mar, para recibirte y verte llegar.
¿Quién vendrá a curar tus heridas cuando algún día dejen de sangrar? ¿Quién te devolverá la sonrisa perdida? ¿Quién encenderá de nuevo tu corazón? ¿Quién te dará la mano y te hará temblar? ¿Quién te dirá ¡te quiero! y te ayudará a olvidar? ¿Quién será? ¿Quién?
Salvo a unos pocos, los vientos de la vida no siempre soplan favorables. Hay una alternancia de vientos fuertes, suaves, fríos, cálidos, húmedos, secos, tristes y alegres que nunca nos dejan indiferentes. Adaptarnos a ellos es lo único que podemos hacer. Aprovechemos lo que cada uno trae, porque, salvo los huracanes, todos aportan algo necesario, útil y constructivo.
Juntamos letras para construir palabras que ordenadas en frases expresan una emoción, un sentimiento, alguna reflexión, muchas dudas y pocas certezas. Palabras que florecen en primavera y tiñen de cálidos colores los valles. Aromáticas palabras que fructifican con el calor y aguantan verdes todo el verano, regresando en otoño a la tierra descompuestas en letras caducas, trasnochadas, para abonar otros relatos de invierno. Y esta afición, o adicción, que algunos llaman poesía, es para mí, tan sólo, un sugestivo oficio de artesanía.
Lo que nunca sucede a veces pasa y cuando pasa no hay marcha atrás. Es el destino o la casualidad. No lo has buscado, pero ha llegado y está aquí, a tu lado. Parecía imposible, porque ya era demasiado tarde para que sucediera. La vida te da sorpresas, como diría la canción, sorpresas que da la vida. Sin comerlo ni beberlo. ¿O fue comiendo y bebiendo? Es así, acéptalo. ¿Qué qué es? ¿De qué se trata? Tendrás que adivinarlo. No te puedo dar más pistas. A mí me ha pasado y a ella también.
Santa de mi devoción es y en ella creo sin dudar. De altares y pedestales la bajo para que esté a mi altura, mientras rodeo con mis brazos su cintura. Sus manos encajan con las mías y sus labios se encaprichan con los míos. Es su mirada un faro que ilumina la mía, y su voz un canto de sirena en mitad de la noche. No habla mucho, prefiere escuchar, y me toca a mí narrar todo lo que quiere oír. Con una mano es capaz de hacer lo que yo hago con las dos, es tanta su habilidad que sorprende cuando la ves trabajar. A su lado el tiempo pasa sin darme cuenta y cuando se lo cuento me dice que a ella también le pasa. Es de carne y hueso por fuera y muy sentida por dentro. Su mente es privilegiada, piensa, luego insiste, y escribe todo lo que pasa por su cabeza. Tiene mano de artista para todo lo que pinta. Santa es de mi devoción y con ella nunca dudo, salvo cuando le canto alguna canción.
En el Centro de Coordinación las pantallas marcaban los puntos calientes del planeta, aquellos donde las guerras, los conflictos, las enfermedades, los desastres naturales, la miseria, la violencia, el fanatismo, las desigualdades, la injusticia, el abuso y la explotación eran patentes. Una serie interminable de desdichas atribuibles, casi siempre, al ser inhumano.
Era triste la noche y el cielo, contagiado, se puso a llover. Lágrimas que salen de tus ojos y calan por dentro. Hay una causa, un motivo y tú sabrás porqué. Tengo un paraguas abierto e iré a por ti. Que no llegue el agua al río, segura de sí...
Conviene mantener limpia la memoria de malos recuerdos y permitir que sólo afloren a nuestra mente aquellos que todavía nos hacen felices.
Casi siempre ocultas bajo tierra, las raíces mantienen en pie al árbol. Es necesario que sean tanto o más grandes y fuertes que el tronco y las ramas. Caminamos por la vida sin raíces, tan sólo disponemos de algunas mentales y otras sentimentales, por tanto, es fácil tropezar y caer, pero siempre podremos levantarnos y seguir caminando libremente, porque nada nos ata definitivamente a nada ni a nadie.
Sucede a menudo que lo que pienso
y siento lo encuentro reflejado en mi día a día. Son señales que confirman que
voy por el buen camino, siguiendo el curso del río de mi vida.
Decirte quiero que te quiero,
dijo, y mirándole a los ojos, muda e infinita fue su respuesta. En el amor
también los silencios cuentan si eres capaz de leerlos.
Hay fotografías que saltan al
terreno de juego casi al instante de ser captadas. Otras, en cambio, permanecen
días, semanas, meses, e incluso años, en el banquillo esperando una
oportunidad. Caen en el olvido y pasan desapercibidas hasta que repasamos la galería
y nos llaman de nuevo la atención. Hoy es un día de esos y le damos la
oportunidad de mostrarse en público. Suerte.
La vida nunca nos concede todo lo que queremos, tal vez para enseñarnos que debemos aprender a vivir con lo que tenemos. Abandonar aquello que nos genera sufrimiento, cambiar lo que podamos cambiar y aceptar lo que nos trae de nuevo, sobre todo si esa novedad nos hace más felices. La vida, para bien o para mal, siempre nos sorprende.
En un mundo de reflejos la realidad no es única, sino múltiple. Puedes situarte dentro y formar parte del misterio de la fotografía o quedarte fuera y ser un observador más. Yo, habitualmente, prefiero situarme al margen, pero no siempre lo consigo.
Debo estar feliz por tenerte. La mente es débil y a veces sucumbo a sus tormentos. Quiero ser fuerte, confiar y agarrarme con fuerza, vivir el presente contigo, disfrutar el momento, porque la vida ya se encarga del resto.
No, no da igual, es igualdad lo que queremos para ellas. Ser iguales, con los mismos derechos y las mismas oportunidades, sin discriminación, con justicia y equidad. Mientras tanto tendremos que seguir reivindicando y conmemorando este día, el día de ellas en su lucha por la igualdad.
He sentido la lluvia caer
mientras soñaba contigo. Una lluvia lenta y persistente, suave y delicada, que
ha dejado huella en los cristales de mi ventana. Ahora despierto y me asomo a
la noche para verte y sentirte cercana bajo la lluvia de acontecimientos que
nos cala por dentro desde hace unas semanas.
En la foto del espejo
Dos locos de amor
andan sueltos.
No se dejan atar en ningún momento
Caminan libres, pero
muy unidos
De la mano, del brazo,
o con el pensamiento.
Y no dan más de cien pasos sin besarse
Ni acariciarse, ni
mirarse.
Sus miradas hablan en silencio
Pasean un loco amor adolescente
Bajo las miradas de
otros paseantes
Que deciden madrugar
para que no se les escape
Esa forma de amar tan
alarmante.
Cuanto antes se encuentran
Antes comienzan el
ritual.
Por eso madrugan
Que hasta los perros
gritan en su lengua
¿Qué es lo que
les pasa?
Que tiemblan los
caminos
A la vera del Segura
cuando pasan.
El agua, pasajera, camino del mar
Testigo es de tanta
ternura y de tanto amar.
Cuando estoy contigo, el tiempo pasa tan deprisa que las horas se transforman en minutos y los minutos se convierten en segundos. Todo fluye tan a gusto, con tanta complicidad y con esa inexplicable conexión que, cuando nos damos cuenta, pasó el tiempo sin darnos cuenta de que el tiempo ya pasó. Tendremos que pedir una prórroga, o dos.
Si no te miras al espejo, llegará el día en que no te reconozcas. Mírate y sé benevolente con lo que ves. Eres tú la primera que debe mirarse con buenos ojos, yo ya lo he hecho.