Es la curiosidad un impulso interior que nos mueve a conocer aquello que nos rodea y llama nuestra atención. Asomarnos a lo desconocido y descubrir sus misterios. Solo así podremos saciar el hambre de querer saber y encontrar respuestas.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Es la curiosidad un impulso interior que nos mueve a conocer aquello que nos rodea y llama nuestra atención. Asomarnos a lo desconocido y descubrir sus misterios. Solo así podremos saciar el hambre de querer saber y encontrar respuestas.
Tuve que decir basta y hasta aquí hemos llegado. Tiene un límite la paciencia cuando se traspasa la línea roja del respeto y la decencia.
Todo sucedió tan de repente y en tampoco tiempo que no dio tiempo a poner los carteles que anunciaban un nuevo tiempo. Aquel tiempo ya pasó y se nos echó encima éste.
De regreso, vamos cruzando el río, con las certezas del camino recorrido y la ilusión del que queda por delante.
Es mejor olvidar lo que no merece la pena recordar, ni pensar en aquello que no sabemos si sucederá. Quédate en el momento presente y vívelo, el futuro se construye día a día.
Entre un antes y un después hay un ahora, lugar donde se desarrollan los acontecimientos en tiempo real, en vivo y en directo, lo demás es historia o ciencia ficción, tenlo en cuenta.
Cuesta aprender la lección, necesitamos más de media vida para caer en la cuenta de lo que es realmente importante: ser feliz y hacer felices a los demás. Hay quien muere empecinado en otros objetivos menos nobles sin llegar a descubrir el sentido de su vida, ni de la nuestra.
Trajo nieve la primavera. Copos blancos, como flores de azahar, caían del cielo y un perfume canadiense, recuerdo de un tiempo cercano, despertaba mi olfato. La noche se presentaba fría y el amanecer helado.
Busca un punto de amarre que te permita ir y venir, entrar y salir del puerto. Porque somos de donde estamos a cada momento, de ningún lugar y de todos, de donde quiera el destino llevarnos.
No es tan sencillo, atreverse a cruzar el puente y llegar a la otra orilla. Atrás queda una vida, con sus tristezas y alegrías. Por delante hay un camino nuevo, de certezas y esperanza. No podemos detenernos, hay que seguir avanzando.
Mirando al pasado afloran
recuerdos inolvidables, vivencias de otros tiempos que ya nunca podrán
regresar. Recuerdos que están ahí y que viajan con nosotros en las mochilas
esperando el momento y la ocasión de hacerse presente en nuestras memorias,
siquiera sea por un instante.
Necesitamos rodearnos de silencio y aislarnos de ruidos externos, incluso de los que genera nuestra propia mente, para escuchar con nitidez el latir de la vida y el eco que llega de tiempos pasados anticipando sonidos futuros. Me molestan los gritos, las voces en alto, los altavoces, las palabras altisonantes y cualquier exceso verbal que rompa el equilibrio, pero son humanos y los comprendo.
Ahora,
en este instante,
siguen cayendo granos de arena,
partículas que marcan el ritmo de
nuestro tiempo.
Granos que crean,
en el cono de abajo,
una montaña de recuerdos
con los últimos momentos
coronando la cima.
Dejarán de caer en cualquier
segundo,
porque todo tiene un paréntesis
limitado,
y podrás contemplar el tiempo
pasado
a través del vidrio que envuelve
tu montaña.
Intentarás darle la vuelta
y dejar que vuelvan a llover
granos de arena,
arena de recuerdos de playa,
o arena de tristes desiertos.
Pero jamás resucitaremos nuestro tiempo muerto,
que duerme feliz o triste
soñando,
mientras fluye otra vida,
ahora.
Lloran los cristales de mi habitación y siento que dentro de ti hay una lluvia interior que cala hondo. Lágrimas frías resbalan por tus mejillas e inundan tu almohada de tristes recuerdos e infortunios presentes. Confía en que pronto saldrá el sol y con él la luz que ilumine tus penumbras. Recuperarás la sonrisa, la alegría y el ánimo. La vida es dura, pero también nos regala momentos felices.
Al principio todo era incertidumbre, temor y duda. Necesitó su tiempo, leer entre líneas, escuchar, ver para creer, pensar, sin parar de pensar, y sentir todo lo que estaba sintiendo. Poco a poco se fueron diluyendo los temores, despejando las dudas y evaporando las incertidumbres. Ahora ya sabe, ya conoce, no duda y lo tiene todo muy claro: es él, no puede ser otro.
Nada de corazones partidos.
No hay dos sin tres, pero llevas
el dos y el tres.
Mi vida va y viene y lo sé, y me
dices que siempre juntos estamos y que no piense.
A tu lado siempre sale el sol y
cada vez el miedo y el dolor dejan de existir.
Quiero que me lleves a cualquier
destino, a perderme y no te preguntaré ni a dónde ni porqué.
Lo sé y mi corazón lo ve, lo
siente y no te miente, eres mi amor.
Sabes que en lo más profundo de
mi alma aquel dolor por creer en ti ya no está.
Que lo bello y la ilusión de la
vida a tu lado es.
Que me curaste y lo haces cuando
estoy herida y que ya casi no estoy esparcida.
Te entrego mis emociones y
sentimientos cada día.
No quiero que me abandones y que
si durmiera a tu lado te taparía cuando hiciera frio.
Me llenas de primaveras todos los
días y jugaría contigo todas las lunas llenas.
No te doy lo que me sobra sino
todo lo que tengo y más porque te lo digo cuando te veo y no puedo de dejar de
llenarte a besos.
No existe la tormenta porque eres
todo calma y sé que después de ti ya no hay nada.
Adela Santurce
La escalera no se ideó para subir y bajar, se diseñó para conectar dos alturas. No confundamos la idea con la acción. Algo similar sucede con caminos y carreteras, en cuanto a distancias. También el amor nos conecta, sin ir más lejos.
Segura de sí misma, pero con las dudas propias y alguna ajena, el agua del río, de nuestro río, va camino del mar. No hay mejor desembocadura, una vez cruzado valles y regado huertas, que ensanchar horizontes y mezclarte con aguas saladas. Allí estaré junto a la orilla, guardando el mar, para recibirte y verte llegar.
¿Quién vendrá a curar tus heridas cuando algún día dejen de sangrar? ¿Quién te devolverá la sonrisa perdida? ¿Quién encenderá de nuevo tu corazón? ¿Quién te dará la mano y te hará temblar? ¿Quién te dirá ¡te quiero! y te ayudará a olvidar? ¿Quién será? ¿Quién?
Salvo a unos pocos, los vientos de la vida no siempre soplan favorables. Hay una alternancia de vientos fuertes, suaves, fríos, cálidos, húmedos, secos, tristes y alegres que nunca nos dejan indiferentes. Adaptarnos a ellos es lo único que podemos hacer. Aprovechemos lo que cada uno trae, porque, salvo los huracanes, todos aportan algo necesario, útil y constructivo.
Juntamos letras para construir palabras que ordenadas en frases expresan una emoción, un sentimiento, alguna reflexión, muchas dudas y pocas certezas. Palabras que florecen en primavera y tiñen de cálidos colores los valles. Aromáticas palabras que fructifican con el calor y aguantan verdes todo el verano, regresando en otoño a la tierra descompuestas en letras caducas, trasnochadas, para abonar otros relatos de invierno. Y esta afición, o adicción, que algunos llaman poesía, es para mí, tan sólo, un sugestivo oficio de artesanía.
Lo que nunca sucede a veces pasa y cuando pasa no hay marcha atrás. Es el destino o la casualidad. No lo has buscado, pero ha llegado y está aquí, a tu lado. Parecía imposible, porque ya era demasiado tarde para que sucediera. La vida te da sorpresas, como diría la canción, sorpresas que da la vida. Sin comerlo ni beberlo. ¿O fue comiendo y bebiendo? Es así, acéptalo. ¿Qué qué es? ¿De qué se trata? Tendrás que adivinarlo. No te puedo dar más pistas. A mí me ha pasado y a ella también.
Santa de mi devoción es y en ella creo sin dudar. De altares y pedestales la bajo para que esté a mi altura, mientras rodeo con mis brazos su cintura. Sus manos encajan con las mías y sus labios se encaprichan con los míos. Es su mirada un faro que ilumina la mía, y su voz un canto de sirena en mitad de la noche. No habla mucho, prefiere escuchar, y me toca a mí narrar todo lo que quiere oír. Con una mano es capaz de hacer lo que yo hago con las dos, es tanta su habilidad que sorprende cuando la ves trabajar. A su lado el tiempo pasa sin darme cuenta y cuando se lo cuento me dice que a ella también le pasa. Es de carne y hueso por fuera y muy sentida por dentro. Su mente es privilegiada, piensa, luego insiste, y escribe todo lo que pasa por su cabeza. Tiene mano de artista para todo lo que pinta. Santa es de mi devoción y con ella nunca dudo, salvo cuando le canto alguna canción.
En el Centro de Coordinación las pantallas marcaban los puntos calientes del planeta, aquellos donde las guerras, los conflictos, las enfermedades, los desastres naturales, la miseria, la violencia, el fanatismo, las desigualdades, la injusticia, el abuso y la explotación eran patentes. Una serie interminable de desdichas atribuibles, casi siempre, al ser inhumano.
Era triste la noche y el cielo, contagiado, se puso a llover. Lágrimas que salen de tus ojos y calan por dentro. Hay una causa, un motivo y tú sabrás porqué. Tengo un paraguas abierto e iré a por ti. Que no llegue el agua al río, segura de sí...
Conviene mantener limpia la memoria de malos recuerdos y permitir que sólo afloren a nuestra mente aquellos que todavía nos hacen felices.
Casi siempre ocultas bajo tierra, las raíces mantienen en pie al árbol. Es necesario que sean tanto o más grandes y fuertes que el tronco y las ramas. Caminamos por la vida sin raíces, tan sólo disponemos de algunas mentales y otras sentimentales, por tanto, es fácil tropezar y caer, pero siempre podremos levantarnos y seguir caminando libremente, porque nada nos ata definitivamente a nada ni a nadie.
Sucede a menudo que lo que pienso
y siento lo encuentro reflejado en mi día a día. Son señales que confirman que
voy por el buen camino, siguiendo el curso del río de mi vida.
Decirte quiero que te quiero,
dijo, y mirándole a los ojos, muda e infinita fue su respuesta. En el amor
también los silencios cuentan si eres capaz de leerlos.
Hay fotografías que saltan al
terreno de juego casi al instante de ser captadas. Otras, en cambio, permanecen
días, semanas, meses, e incluso años, en el banquillo esperando una
oportunidad. Caen en el olvido y pasan desapercibidas hasta que repasamos la galería
y nos llaman de nuevo la atención. Hoy es un día de esos y le damos la
oportunidad de mostrarse en público. Suerte.