“Nuestro árbol, desnudo de adornos superfluos, auténtico, nos muestra el camino interior que
recorremos, bajo su muda sombra, siguiendo las huellas de un tiempo de paz”.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
viernes, 20 de diciembre de 2013
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Confesión.
Siento mucho haber llegado a esta situación,
Nunca quise pero desde el principio intuí que iba a pasar,
Y ha pasado, ahora ya
no tiene remedio.
Estoy enamorada,
Enamorada de verdad.
No te rías,
Ni pienses de mí que soy una cría,
O que estoy medio loca.
Te digo lo que siento,
Y si yo lo siento es porque lo siento,
Y es verdad.
Aunque tal vez tú pienses que es un capricho pasajero,
O que estoy confundida,
O que ya vendrán otros…
Y todo eso que me sueles decir.
Pero por mucho que tú pienses
En mi cabeza solo estoy yo
Y solo yo sé lo que siento.
Y estoy muy bien así,
Pero como todo en esta vida
Esto también tiene otra cara:
La del sufrimiento.
No me digas que el amor es para reír y para llorar,
Para alegrías y tristezas,
Eso ya lo sé.
Pero esto que siento me tiene en un "sin vivir”,
Uno de los mayores dolores,
Dentro de la escala del dolor,
Es ese dolor que se siente cuando amas y no eres
correspondido.
Y otro de los dolores más grandes,
En esa escala,
Es amar a alguien y no tenerlo cerca,
Ni poder estar junto a él.
Yo cargo con los dos: 1+1=2
De los dolores mayores existentes.
Estoy cada minuto pensando en él,
No me centro en el trabajo
Y tampoco en casa.
No me apetece nada,
Sólo verle y estar con él.
Como verás mi situación es complicada,
Y no sé qué hacer.
No digas nada,
Sólo quería desahogarme,
Nada más.
No vayas a regalarme ahora
Tu silencio más absoluto
Por lo que te he contado.
Michelle
martes, 17 de diciembre de 2013
Tecleando.
En ocasiones, involuntariamente, pulsamos la tecla
equivocada y generamos un sonido chirriante y desacompasado. Pedimos disculpas
y retomamos la partitura. Gracias.
O quizás involuntariamente creamos un nuevo sonido capaz de
despertar nuevas vibraciones. Siempre es más sensato retomar la partitura
En otras ocasiones la pulsamos por voluntad propia, a pesar
de saber que es una tecla equivocada. Y una vez hecho esto ya no intentamos
retomar esa partitura. Quizás porque era una partitura que no merecía la pena
retomar.
Con partitura, o tocando de oído, mejor interpretar la
melodía que nace de nuestros corazones, sin duda será la más bella de escuchar.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Conclusión.
...allí me di cuenta que echaba de menos a mi gente, a toda mi gente, sin excepción, pero al regresar aquí todo volvió a ser igual y yo volví a sentir lo mismo: nada.
Gloria de la Sierra.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Sérénité.
Serenidad…
Sonidos relajantes al final de la tarde,
Ojos cerrados,
Inspirando aromas de esencia,
Humo de incienso flota en aire,
Sentimos paz interior en el alma,
Y la compañía cercana de nuestra presencia,
La voz cálida de Grisel nos envuelve,
Y transporta a un mar de emociones,
Sentimientos y calma,
Serenidad…
jueves, 12 de diciembre de 2013
Ficcional.
Una idea.
Un sonido.
Una mirada.
El vuelo de palabras atrevidas.
La pérdida del equilibrio en el alambre que cruza de lo real
al sueño.
¿Dónde comienza la ficción y termina la realidad?
¿En el instante inconsciente de cualquier momento absurdo?
¿Quién puede distinguir lo que es, de aquello que no existe?
Una realidad ficcionada.
Mezcla de hechos y adornos imaginados.
Una imagen.
Un foco de luz.
E inquietantes sombras.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
¿Qué puedo hacer?
¿Ni tan siquiera una parte?
¿No te das cuenta de que cada palabra tuya hace que mi corazón
lata a trescientos por mil?
Y ante eso:
¿Quién puede evitar sentir algo?
¿Quién no puede querer ser exclusiva?
¿Quién no puede querer ser la única?
¿Quién es la valiente que no se asusta y se pone algo
celosa?
Yo desde luego no.
Yo no soy capaz de hacerlo y dejar de sentir.
Lo siento pero no me sale.
Soy así.
Lo único que puedo hacer es tragarme lo que siento a cada
momento y no decir nada.
Más no puedo hacer.
Michelle
martes, 10 de diciembre de 2013
¡Te quiero!
No me digas que no te diga que te quiero, porque si te quiero
y quiero decirlo nada impedirá decir: ¡Te quiero!
lunes, 9 de diciembre de 2013
Bendita rutina.
Y hoy regreso a la bendita rutina con la mirada del recuerdo
en nuestra gran compañera ausente, Carmen Lara. Sigues habitando en el espíritu
que nos mueve a cambiar el mundo, trabajando amable y calladamente, como
siempre has hecho.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Mi marcha.
Ha sido todo más sencillo de lo que esperaba. Acompañó el
tiempo pues no llovió. Pasé frío un par de noches. Dormí poco pero me
acostumbré al saco y a la colchoneta hinchable. Caminé casi siempre en cabeza
pero mirando al suelo para no caerme y doblado por los 12 kg. de mochila. Cené
muy bien y no sentí desfallecimiento alguno. Me duché sólo una vez, la misma
noche que mejor dormí en la Pumarica. Subí, bajé, llaneé. Admiré paisajes, pisé
nieve y barro, vi nubes de algodón, cielos limpios y estrellas brillando en
noches de silencio. Reí, recordé a la gente que quiero, compartí momentos
especiales con gentes especiales, conocí a nuevas personas y, sobre todo,
continué conociéndome a mí mismo.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Bajo cero.
Noche cerrada en la llanura
Cuatro grados bajo cero.
Fríos de otoño
Congelan el momento.
Rumores de vientos
Acompañan en calma.
Cuerpos inquietos a oscuras
Tanteando la madrugada.
Una débil luz crece
Despertando la mañana.
Músculos helados
Sangre aletargada.
Retomamos el camino
Iniciamos la marcha.
Camino del sol
Que caliente nuestras almas.
martes, 26 de noviembre de 2013
Asomado a tu interior.
Es otoño, tiempo de cambios, momento para encontrarnos bajo la lluvia, en las hojas que arrastra el viento, flotando en las nubes, en el aroma de la tierra húmeda y en tantos otros lugares comunes.
Tiempo de disfrutar, también, de los últimas tardes cálidas y soleadas que preparan nuestras almas ante la llegada próxima del invierno.
Yo sigo tus pasos con atención, atento a tus movimientos y a tus silencios, intentando captar con mis ojos, y con mis sentimientos, los pequeños gestos que hacen de ti una hombre misterioso y fascinante.
Asomado a tu interior confío en que me encuentres en algún rincón de tu corazón y sientas mi mirada protegiendo tu espalda. Mientras tanto espero que gires la cabeza para descubrir mis ojos frente a los tuyos y quedar, así, un eterno instante hipnotizados.
Michelle
Michelle
lunes, 25 de noviembre de 2013
Manteniendo el equilibrio.
Caminamos intentando mantener el equilibrio en los momentos más delicados: en aquellas situaciones conflictivas que la vida nos pone delante para medir fuerzas y tambalear nuestras convicciones.
Cómo seres valientes y soñadores dudamos un momento, en ocasiones prolongado, pero nos lanzamos con decisión dispuestos a superar los obstáculos.
Nuestra sombras andan detrás de nosotros certificando nuestras hazañas, atentas siempre al rescate en caso de apuro, mientras aprenden a caminar siguiendo nuestro ritmo y hechizadas por nuestro encanto.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Un cielo, dos mundos.
Por Gloria de la Sierra
Mientras no nos veamos.
Mientras no nos veamos.
Era una tarde de primeros de noviembre. La tarde del día
dos. Una tarde como cualquier otra. Ya el otoño había aparecido, pero seguía
haciendo calor. Ese calor tan dulce que calienta pero no abrasa, ni agobia, ni
te hace transpirar.
Marta, estaba sentada frente a su ordenador, trabajando,
pasando las notas de cada denuncia en su archivo correspondiente. No había
mucho trabajo esa tarde en la segunda planta de la comisaría de Vallecas, tan
solo dos bebés de pocos días junto a sus madres, víctimas de violencia de
género, y dos jóvenes adolescentes detenidos por tráfico de drogas.
Como policía desde hacía ya varios años, Marta había
aprendido a hacer las cosas rápidas en el trabajo, justo al comenzar su turno, para que luego no se le acumulase todo el
trabajo a última hora.
Pero esa tarde estaba aburrida porque no había casi nada que
hacer, y por eso, después de pasar todo al ordenador, se quedó allí sentada y
abrió su Facebook para entretenerse un poco. Era un Facebook recién creado y
Marta todavía no tenía amigos en él.
La verdad es que esto le aburría un poco, pero no tenía nada mejor que hacer; eran las
cuatro de la tarde y le quedaban todavía seis horas por delante de apatía, por lo que decidió seguir con el Facebook a
la vez que escuchaba música en YouTube.
Comenzó a buscar amigos a los que agregar. Pero buscaba amigos nuevos. No conocidos. Sus
amigos siempre estaban a su lado y no le hacía falta un Facebook para hablar
con ellos. Marta quería amigos nuevos.
Mientras hacía todo esto, a la derecha de la pantalla del
ordenador, en su página, iban apareciendo fotografías de personas desconocidas,
preparadas para que Marta en cualquier momento, si le apetecía, apretase una
tecla y solicitase a una de ellas como amigo.
La verdad, se podría decir que no le interesaba mucho eso de
las redes sociales. Se abrió un Facebook
en una de esas otras tardes en las que se aburría en la comisaría. Sus
compañeros la animaron y dejó que se lo
crearan, pero en realidad no tenía muchas ganas ni de Facebook, ni de cuentas de correo, ni de nada de todo
eso que tan de moda estaba por entonces, porque para ella era más importante
todo lo que estaba pasando en su vida.
Y es que se podría decir que la vida de Marta era un auténtico caos por entonces.
Marta siempre era la que tenía que poner buena cara delante
de todos, en su trabajo, en su casa, y con su familia. Estaba muy cansada.
Agotada. Siempre lo decía, era su frase más repetida:
- No puedo más. Me estoy quedando sin pilas.
Por eso, lo del Facebook no era importante. Pero aquella
tarde como estaba aburrida lo abrió y decidió entretenerse con él. Y estando en esto, de repente, entre todas
esas fotografías de gente desconocida que iban pasando a la derecha de la
página, apareció la de un hombre como otro cualquiera, una simple fotografía de
un hombre maduro, normal, pero que
atrajo la atención de Marta, y como si
sus dedos fueran un resorte impulsados por un pequeño motor, sin siquiera
pensar en lo que estaba haciendo, apretó la tecla del ordenador y le envío una
solicitud de amistad.
-¿Pero qué he hecho yo?,- se decía Marta a sí misma.
Y sin embargo, miraba la fotografía de ese hombre y no era
capaz de deshacer la solicitud. La dejó estar, cerró su página y se marchó a
charlar con sus compañeros.
La tarde pasó. Llegó
el final de su turno y Marta se marchó a casa, conduciendo en su pequeño coche,
que era como su segunda piel pues ya llevaba yendo al trabajo muchos años en
él.
Marta tenía cuarenta años y trabajaba desde los veinte en la
comisaría. Distaba 30 km de su casa, con lo cual siempre dependía del coche. Llevaba
conduciendo desde los dieciocho. Le encantaba conducir, a toda velocidad, lo cual ya le había costado más de un
disgusto en forma de sanción por parte de la guardia civil de tráfico. Pero le daba igual. En su coche, Marta era
ella misma, con su música, sus pensamientos, y sin nadie que la molestase, era
el único momento del día que tenía para ella sola y le gustaba. Así que cogió
el volante y se marchó a casa. Una vez allí se metió en la vorágine de los
niños y sus tareas escolares, su marido, su casa, las tareas de una madre y
esposa, y se olvidó por completo del
Facebook y de ese desconocido al que había solicitado como amigo.
Tenía tres días libres por delante, en el trabajo, con lo
cual no volvió a abrir el Facebook hasta que no pasaron esos tres días y
regresó a la comisaria a las ocho de la mañana para comenzar una nueva ronda de
turnos.
Y solo lo abrió cuando acabó con todo su trabajo y ya nada
más le quedaba por hacer. Y entonces lo vio.
Ese hombre la había aceptado.
-¿Y ahora qué hago yo? -, se preguntó.
Porque a Marta le pareció una verdadera falta de educación
el eliminarlo, pero a la vez pensó que “qué
pintaba allí ese desconocido” en su Facebook como amigo suyo.
Pero mientras pensaba todo eso, sus manos ya habían tocado
todas las teclas necesarias para abrir la página de ese hombre, entrar en su
muro y ver quien era. Descubrió que era un señor mayor que ella, se llamaba
Alberto y era médico. Trabajaba en un hospital de la costa Alicantina. Estaba
divorciado. También descubrió que tenían
aficiones comunes: la lectura, la poesía
y la fotografía. A los dos les gustaba
escribir poesías o cuentos.
De hecho, él le había puesto a Marta un "Me gusta" en uno de los cuentos
que tenía publicados en su muro.
Se quedó sorprendía y por qué negarlo... le gustó. Y quiso conocerlo y saber más de él. A ella
también le gustaban las poesías y las fotos de Alberto
Y Marta que nunca había sido nada atrevida, se armó de valor,
porque al fin y al cabo, no se
comprometía a nada, y le envió un
mensaje:
-Gracias por aceptarme y me alegro que te guste mi cuento. A
mi Tb me gusta lo que escribes tú y tus fotos son preciosas.
Y esperó delante del ordenador, pero no llegaba respuesta.
Mientras tanto se entretuvo mirando algunas cosas más de la vida de este nuevo
amigo, sus fotografías, los amigos que tenía y su muro. No llegó respuesta y
Marta cerró su Facebook y retomó su trabajo hasta que acabó su turno. Pero esta
vez, al llegar a casa y mientras preparaba la merienda de sus hijos para ir a
recogerlos al colegio, no paraba de darle vueltas en su cabeza a este hombre.
-¿Quién sería? ¿De dónde habría salido? ¿Por qué la habría aceptado? , y sobre
todo se preguntaba: ¿Me contestará algo?...
Pasó toda la tarde con sus hijos,
en el parque, luego en casa ayudándoles en las tareas del colegio, más tarde
preparando la cena, cenando, acostando a los niños...y todas las cosas que por
rutina hacía diariamente. Y esa noche, una vez que los niños se durmieron,
Marta, en lugar de coger su libro y ponerse a leer como hacia habitualmente
antes de irse a la cama, tomó en sus manos el ordenador y volvió a abrir el
Facebook. -¡Dios mío! , ¡Hay un mensaje!, ¿será de él?
-Hola, me llamo Alberto,
un gusto el conocerte. Gracias a ti por solicitarme como amigo. Y sí, me gusta
mucho tu cuento. A Marta se le cortó la respiración y su corazón bombeaba más
rápido de lo normal. ¡¡Le había contestado!! ¡¡Era Súper emocionante!! - ¿y
ahora que le digo yo a éste? Porque Marta tenía claro que quería seguir
chateando con él.
Y ahí fue, en ese momento, dónde todo comenzó.
Amando lo desconocido.
Comenzaron a comunicarse con mensajes. Mensajes que iban y venían a través del espacio y del tiempo. Marta desde Madrid. Alberto desde la costa de Alicante.
Y ahí fue, en ese momento, dónde todo comenzó.
Amando lo desconocido.
Comenzaron a comunicarse con mensajes. Mensajes que iban y venían a través del espacio y del tiempo. Marta desde Madrid. Alberto desde la costa de Alicante.
Les era fácil dejar mensajes cada uno cuando podía y después
leerlos cuando tenían tiempo. Y, a veces,
hasta coincidían y chateaban
directamente, sobre todo durante la
noche. Una hora. Justo antes de las doce, hora a la que ambos, cada uno en su
mundo, se iban a dormir.
Hablaban de poesía, de cuentos, de sus vidas. Marta le
contaba a Alberto el problema que tenía con su marido. Ya no estaba enamorada
de él. Y Alberto, por su parte, le
contaba a Marta lo sólo que se sentía después de su divorcio. También hablaban
de sus respectivos trabajos, de los hijos y de todo un poco en general.
Cada uno en su ciudad, cada uno en su casa, cada uno en su cama y cada uno con su
móvil... para ellos, esa hora de chat por la noche era muy agradable e incluso
llegó un momento en la que se hizo necesaria. La ayudaba a relajarse del
ajetreo de todo un día y a la vez, ambos dormían mejor después. Se sentían
acompañados el uno por el otro y eso les gustaba.
Y así fueron pasando los días y entre los dos se fue
estableciendo una bonita amistad no exenta de cariño por parte de ambos.
En una de esas noches en las que estaban chateando, hablaban
del frío que ya había llegado y Alberto le dijo:
-Aquí hace muchísimo frío, tengo los labios helados y me
apetece tomar algo calentito.
Y Marta, no pudo
evitar el pensar en esos labios acercándose lentamente a ella e imaginar que la
besaban. Y así como no pudo dejar de imaginárselo, no pudo evitar el contárselo a él;
inocentemente, pero se lo contó.
Alberto sonrió con un "Jajaja" en forma de mensaje
y terminaron la conversación. Eran las doce de la noche y " tocaba"
dormir.
Esa noche Marta no pudo dormir bien. Se sentía culpable por
haber podido imaginar semejante locura, y a la vez, un poco estúpida por
habérselo contado. Y pensaba que quizás él se haría una idea equivocada de
ella. Y por eso, a la mañana siguiente, se conectó a su móvil y le dejo escrito
un mensaje en el que le pedía disculpas por su atrevimiento de la noche
anterior.
Cuando, más
tarde, Alberto lo leyó y le pudo
contestar, le dijo:
-Tranquila. Es
Normal. ¿Acaso no crees que después del tiempo que llevamos chateando, intimando
y contándonos cosas de nuestra vida, no es normal que esto pase?
- Pues sí, la verdad,
creo que sí, -contestó Marta tímidamente.
-¿No crees que si estuviéramos juntos quizás lo sentiríamos
así y lo haríamos?
-Sí.
- Pues entonces debes verlo como algo normal entre un hombre
y una mujer… no pasa nada.
Y a Marta le latía
muy fuerte el corazón, y sentía que este hombre se iba adueñando de sus
sentimientos, y no sabía lo que hacer.
Por un lado, quería
cortar antes de llegar a más, pero por otro, Alberto le gustaba como persona,
la hacía sentirse bien, le hacía reír...
y no quería dejarlo.
Se dejó llevar y continuaron con su extraña relación.
Así fue como poco a poco se fueron conociendo cada vez más.
Marta le contaba a Alberto sus sueños, aficiones, su día a día, en su trabajo, en su casa, con
los niños, con su marido...
Alberto por su parte le hablaba a Marta de su trabajo, de lo
que hacía en su tiempo libre, de sus amigos. También le contó que recientemente
había salido de una mala experiencia amorosa con una chica a la que había amado
mucho y que todavía no había conseguido olvidar.
Poco a poco fueron cada día haciéndose más amigos y poco a
poco la simple amistad se transformó en cariño.
A veces, cuando chateaban, parecían una pareja de novios, de
enamorados, separados por una simple pantalla de ordenador o de un móvil, pero nada más. Parecían una pareja la que el
destino había unido y había llamado para que un día llegaran a encontrarse.
Y así fue como poco a poco, paso a paso, muy lentamente y
sin que ella se diese cuenta... Marta se enamoró de Alberto
Alberto era su vida. La vida de Alberto era su vida. Tanto, que
ya no soportaba estar ni tan siquiera un día sin chatear con él. Alberto por su
parte no estaba así. Le había cogido muchísimo cariño a Marta pero sus
prioridades eran otras. Él tenía su forma de vida y unos horarios que cumplía a
rajatabla sin importar dejar a medias una conversación por el simple hecho de
que había que irse a dormir.
Eso a Marta le fastidiaba, pero no le quedaba otra que
aguantar. No pretendía cambiar las costumbres de él, con lo cual ella cortaba
también la conversación y los dos se dormían
Una noche, Marta estaba de guardia en comisaría, apenas
hacía guardias pero esa noche le tocaba. Eran las cuatro de la mañana. Todo
estaba en silencio. Tan solo se escuchaba el ruido de los motores del aire del
calefactor de la comisaría....un ruido cadente que nunca cesaba pero que no era
molesto. Todo lo demás estaba en
silencio y con las luces apagadas. Sólo
se veían los pilotos de las lamparillas de seguridad y la luz de la pantalla
del ordenador de Marta que aunque pareciese extraño, por ser las cuatro de la
madrugada, estaba chateando con Alberto
pues éste se había desvelado.
Alberto le estaba describiendo a Marta un lugar
precioso, un paraíso en una playa que conocía
y a la que iba mucho. Le describía el mar, las olas, la arena, la paz que emanaba de ese lugar y
lo importante y bonito que era para él.
- Es un lugar maravilloso. Siempre sueño con llevar allí a
la mujer que alguna vez consiga llegar a amar.
Me gustaría que fuese alguien tan especial como tú.
Marta nunca supo si fue el entorno cálido de la comisaría a
esa hora de la madrugada, con su silencio, con esa tenue luz que la envolvía.
Nunca supo si fue la forma en que Alberto lo expresó, pero algo muy dentro de
ella se estremeció. Le removió todos los cimientos de su alma. Se le escaparon
lágrimas de sus ojos color miel. No sabía si eran lágrimas de emoción al sentir
lo que Alberto le decía, o lágrimas de rabia y desilusión al saber que nunca
podría ser ella la que lo acompañase a ese mar.
Pero de una forma u otra, en ese momento, quiso ser ella la
que estuviese allí con él.
- Alberto, quisiera
pedirte un favor... (las manos de Marta temblaban al escribir):
-Dime, ¿cuál es?
-Quiero que me lleves a ese mar. Virtualmente quiero estar
allí contigo. Ahora. Y quiero que me hagas el amor en la orilla. Quiero ser yo
la primera en estar allí, junto a ti. Quiero ser la primera es ser tuya en ese
mar... antes de que encuentres a la chica de la que te enamores.
Y Alberto le hizo el amor a través de sus palabras. Con
muchísima dulzura. Muy suavemente. Empezó besándola... Alberto escribía y
describía un acto de amor y Marta leía e imaginaba ese acto. Y lo sentía. Lo
sentía como si ella, en verdad, estuviese allí, tumbada en la arena, unida a
Alberto. Y entre los dos, a través de
letras escritas en la pantalla del ordenador, hicieron el amor.
Fue su primera vez. Después, a lo largo de los meses
siguientes hubo otras veces, pero ninguna superó a la de aquella primera vez, quizás
por ser la primera, por ser un acto inocente que fue surgiendo poco a poco, sin
pensar, tan difícil de realizar, a través de un ordenador, de unas letras,
quizás por el entorno, porque tanto ella
como él se compenetraron hasta tal punto que lo hicieron a la vez, poco a
poco... uno escribía, el otro leía... y respondía.
Para Marta fue el acto de amor más bonito que jamás nunca
había recibido. Para ella fue el acto de amor más bello que Alberto le regaló
desde que se habían conocido. Para Marta fue un acto de amor que jamás
olvidaría.
Alberto, el mar y ese acto de amor… permanecerían para
siempre en su recuerdo, durante toda su vida.
Nadie tiene las respuestas.
Mientras tanto, la vida transcurría para los dos por
separado. Él en su mundo, con su trabajo, sus aficiones y Ella con su familia,
sus problemas, su trabajo y sus cuentos. Y, paralelamente, sus vidas se unían cada noche en el
ordenador. Ya formaban parte el uno del
otro. Cada cual con sus problemas. Se lo contaban todo a diario. Hacían el amor con letras pero con
sentimientos. Algo que parecerá extraño, pero ellos lo sentían, y para ellos,
hacer el amor así, los unía.
Hacían el amor entre poemas y cuentos, en sus dormitorios, en el mar... Se sentían
acompañados cuando estaban juntos.
Alberto se encontraba muy solo desde su divorcio y, aparte
de eso, estaba muy dolido. Después de su divorcio, había estado casi dos años
enamorado de una mujer. La había amado mucho pero no consiguió que ella se
quedase a su lado y por esto había quedado muy "marcado". Se lo contó una vez a Marta y ella supo
comprender su dolor, aunque Alberto
parece ser que ya lo estaba superando.
Y así fue transcurriendo el tiempo, contándose todo, como amigos, y no se dieron
cuenta ninguno de los dos, de que llegó un día en el que, si no podían
conectarse y hablar, ese día, "les
faltaba algo".
Y llegó un día en el que ya no podían estar el uno sin el
otro, se dieron cuenta de que se habían enamorado.
Quizás alguien pueda llegar a pensar que esto es una locura.
Incluso ellos mismos lo pensaban a veces.
Pero solo aquel que haya pasado por un caso igual, podrá comprender lo
fácil que es enamorarse de alguien a través de las palabras y de las letras
escritas en un ordenador.
Se expresan sentimientos que frente a frente no cuentas a
nadie. Te entregas a esa persona tal y
como eres. Y eso crea intimidad,
confidencias, complicidad y
compenetración.
Por todo esto fue por lo que Alberto y Marta se enamoraron.
Su relación fue avanzando poco a poco hasta tal punto que
estaban planeando conocerse en persona.
Los dos estaban muy ilusionados y a la vez tenían miedo de
verse y no gustarse. De haberse equivocado.
Por eso, a pesar de planearlo,
no se decidían a dar el paso pues quizás al verse su bonita relación dejaría
de serlo y desaparecería la magia.
Nadie tiene las respuestas.
Los meses pasaban y con ellos iban Alberto y Marta unidos
por el chat.
Amor, sexo, confidencias, secretos, sentimientos…
Marta estaba muy enamorada. Era muy romántica, mujer, más
sensible…
Alberto lo estaba menos. Era más frío, había pasado por dos
relaciones y no quería volverse a equivocar.
A Marta, a veces, esto le dolía pero nada podía hacer. Los sentimientos no se pueden obligar. Pero a
pesar de esto Marta era feliz y estaba deseando que llegase ese día en el que
los dos se conocerían.
Ya llevaban casi un año chateando. Por aquel entonces, a
Alberto le dieron un mes de vacaciones en su trabajo y se marchó a visitar a su
familia que vivía en el norte de España. Hacía tiempo que no los veía y pasaría
todo el mes con ellos.
Marta sabía que iba a ser un mes duro porque Alberto, al
estar con su familia, tendría menos tiempo para ella, pero como tampoco nada
podía hacer para evitarlo, se tuvo que resignar.
Alberto se fue al norte sin haber llegado a conocer a Marta
en persona pero le prometió que a su vuelta se pasaría por Madrid y se
conocerían.
Fue pasando el mes y con los días el corazón de Marta
palpitaba a la velocidad del viento. ¡Era real! ¡Lo iba a conocer! ¡Iban a estar juntos! ¡Podría tocarlo,
sentirlo! ¡No podía ser más feliz!
Sin embargo, en ese mes, aunque Marta ya lo sabía de
antemano, notó que Alberto se conectaba muy poco. Al principio algo más, pero
conforme pasaban los días la conexión iba a menos. Ella se lo recriminaba pero él le decía que
no pasaba nada, tan sólo que tenía mucha familia por allí y amigos de la
infancia y todo esto le quitaba mucho tiempo. Marta se lo creía porque Alberto
nunca le mentía, pero en su interior sabía que algo no iba bien. Conocía a
Alberto y esa no era su actitud.
Hasta que un día, Marta, aburrida, miraba los perfiles de
los amigos de Alberto y en una de ellas vio una fotografía y entonces lo supo.
Era una fotografía de Alberto abrazado a una chica de su edad. Estaba fechada
tres días antes y debajo de esa foto tan sólo había un comentario de este amigo:
-Enhorabuena Alberto. Ya veo que has vuelto con Eva. Me alegro por los dos. Os lo merecéis. Estáis
hechos el uno para el otro.
Para Marta fue como si el barco en el que navegaba, de
repente, se hundiera. Lo comprendió todo. Alberto había vuelto con esa chica
que tanto le había hecho sufrir y a la que tanto le había costado olvidar.
Le escribió
pidiéndole una explicación con la esperanza de que Alberto le dijese que
era un error. Pero no fue así.
-Me he dado cuenta de que lo nuestro no tiene futuro Marta,
y de que sigo enamorado de Eva. Lo siento mucho Marta pero no puedo hacer nada
para evitarte este sufrimiento. Tan solo me queda darte las gracias por todo lo
que me has dado en este año y desearte lo mejor. Cuídate. No te olvidaré.
Y así, sin más, todo acabó.
Y en ese mismo instante la vida de Marta se bloqueó.
El mundo dejó de existir y tan solo sus hijos la mantenían
en pie.
Un año juntos. Cuentos, poesías, fotografías, música, amor,
risas, llantos, penas, vidas, historias,
anécdotas… todo acabó en un momento.
Marta no comía, apenas dormía, no podía dejar de pensar en él.
Lo buscaba en el ordenador, en sus poesías, en sus
fotografías... pero solo una fotografía aparecía en su mente: Alberto y esa
chica, Eva, abrazados.
Marta no paraba de llorar. Sólo se relajaba tocando la
guitarra y escribiendo su dolor. Plasmó su dolor en letras. Sintió que debía
hacerlo. Que eso la ayudaría.
Y escribió un cuento:
Había una vez dos mundos, muy distintos y lejanos.
Lejanos en la distancia y también lejanos en el tiempo.
El mundo de ella, el mundo de él.
Dos mundos imposibles de unir. Dos mundos imposibles de
cruzarse.
Dos mundos tan diferentes,
tan distintos... en el que sólo la soledad los asemejaba.
Un buen día, quizás el azar, quizás la casualidad o quizás el
destino, ¿quién sabe qué fue? Pero un buen día, esos dos mundos tan distintos
confluyeron entre sí.
El y ella se conocieron. Y entre los dos crearon un mundo
paralelo. Un maravilloso mundo paralelo.
En él conocieron que había algo más que los asemejaba, no
sólo la soledad. Les gustaba la poesía, la lectura, los cuentos y la
fotografía.
En este mundo descubrieron que no eran tan diferentes. Que a pesar del espacio y del tiempo que los
separaba, ambos tenían muchas cosas en común.
Y ese mundo paralelo se fue haciendo grande, cada vez más
grande y cada vez más bonito.
Ella encontró de pronto que ese vacío en su vida se había
llenado. Le volvió la sonrisa a la cara. Era feliz. Se identificaba con él. Se
sentía unida a él. Ella era "su princesa". Le contaba su vida, sus miedos,
sus alegrías, sus problemas... todo se lo contaba a él. Con sinceridad. Sin una mentira.
Ponía toda su vida, y también su alma, en él.
Él encontró en ella una especie de refugio, quizás un
entretenimiento en su soledad, también alegría y a veces, simplemente, una
compañía.
El tiempo fue pasando.
Las palabras cada vez se hacían más grandes, a veces, gigantes.
El mundo paralelo crecía más y más. Llegaron incluso a
pensar en salir de ese mundo paralelo y confluir en el mundo real... unir por
una sola vez esos dos mundos tan distintos en los que vivían.
Fue un tiempo de amor, felicidad, alegría,
pasión y sueños.
Pero al final los sueños se acaban y despertamos a la vida
real.
Él, que siempre me había prometido existir para ella en ese
mundo paralelo.
Él, que siempre le prometía que sería "su
princesa"...
Para ella fue un golpe muy fuerte y se hundió. ¡Pasaron tanto juntos! ¡Cómo le hubiera
gustado poder verlo, tocarlo, estar con él!
Pero él prefirió tirarlo todo. Dejarlo todo. Dijo que era lo
mejor. ¿Lo mejor para quién?, para ella no.
Para ella una parte de su ser se ha quedado con él de por
vida
¿Por qué?
Continuamente se pregunta el por qué.
Miles y miles de preguntas que parece que no tendrán
respuesta.
Miles y miles de por qué sin contestar.
Ella "la princesa" se siente fracasada. Ya no es
nadie. Nunca ya nada volverá a ser igual. Y siempre se preguntará por qué,
aunque nunca nadie le dé una respuesta.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Te vas.
Te vas, has decidido marcharte, escapar, huir a territorios despejados de mi presencia. No te vas de vacío, llevas contigo el tiempo que vivimos alocadamente, el espacio que creamos después de un abrazo inesperado, y tantas y tantas vivencias como días tienen un año y medio de vida intensa.
Me quedo con todo lo que me has dado sin nada pedirte. Y desde lo alto de esta nube de recuerdos que habitamos te despido, viajero misterioso e insaciable.
Desconozco si algún día volveré a verte pasar, apresuradamente, por la puerta de mi existencia. Sí así es saldré a abrirte y te invitaré a entrar de nuevo para compartir instantes de miradas desbordantes, palabras amables y el fuego que calienta mi alma.
Te vas, pero queda aquí tu esencia anclada en mi memoria y el perfume de tu piel en el aire que, en calma, respiro.
Adiós, buen viaje.
Michelle
martes, 19 de noviembre de 2013
Lo que no solemos.
No solemos ser... pero podemos ser lo que no solemos. Podemos abrirnos a alguien que apenas conocemos para contar nuestros secretos. Podemos vivir aquello que jamás pensamos vivir. Podemos sentir la alegría y la necesidad de compartirlo todo con alguien especial que nos escucha atento y nos hacer reír abriendo la puerta que no solemos abrir: la de la amistad y la del amor. Y si podemos hacer todo eso, que no solemos hacer, por qué no lo hacemos.
lunes, 18 de noviembre de 2013
domingo, 17 de noviembre de 2013
viernes, 15 de noviembre de 2013
jueves, 14 de noviembre de 2013
Once días.
Llegaste a mi vida sin un “por
qué”,
Sin sentido,
Sin explicación.
Tan sólo sé que llegaste
Y que te has quedado,
Aquí estás,
Aquí sigues.
Ahogándome estaba
Y encontré el tronco
Al que agarrarme
Para no hundirme del todo.
En tan poco tiempo me has hecho
reír,
Y soñar.
He descubierto tu forma de ser,
Y de sentir.
Jamás pensé en un amigo así,
Como tú,
En tan poco tiempo
Y que tanto me aporte.
Por entrar en mi vida, gracias
Y por permanecer en ella,
también,
Por continuar siendo amigo,
Confidente y mago
Con el poder de ayudarme a vivir.
Ignoro cuánto tiempo durará,
Pero si esta noche acabase,
Tan sólo por estos once días,
Habría merecido la pena.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Sin pretensiones.
No pretendo enamorarte,
Tan sólo deseo que vivas enamorado.
Eres libre,
De tu libertad emana la belleza
Que veo con mis ojos
Y con el corazón siento.
El cuerpo a ratos pincha
Pero el alma,
Inflamada,
No necesita analgésicos.
Es el pensamiento de hoy,
Mañana vendrán otros tan
sinceros.
Michelle
martes, 12 de noviembre de 2013
Tarde de Luna.
Ahí arriba,
como una débil nube,
a pleno sol
de un mágico noviembre,
te presentas.
¿Por qué nos confundes Luna?
¿Acaso podemos ocultar,
envueltos en la luz de la tarde,
el amor que nos sostiene?
Te miramos,
sorprendidos,
esperando que un viento de otoño te desvanezca.
Pero no,
llegará la noche
y certificará tu esencia.
Eres real,
una Luna creciente,
como nuestros sentimientos que,
indómitos,
nos llevan.
¿A dónde?
lunes, 11 de noviembre de 2013
domingo, 10 de noviembre de 2013
Tejiendo redes.
Tejiendo redes,
de hilos de seda invisible,
que atrapen tu esencia,
la que flota en el aire que suavemente respiro.
Redes marinas que te buscan mientras,
despistado y ausente,
buceas en sueños de plata y misterio.
Serás mío sin darte cuenta,
pero libre y con los pies en la tierra
para huir de las tinieblas de la rutina.
Redes de amor y dulzura
que tejo a cada instante
sin apenas darme cuenta.
Michelle
sábado, 9 de noviembre de 2013
El Soldado poeta.
A Gloria de la Sierra
Un cuento:
Un cuento:
El cuento de Gloria,
Un personaje enamorado:
Soldado poeta,
Y una Reina amada.
Música y poesía en la mañana,
Cantando amores imposibles,
Soñando sueños despiertos.
Un viento frío turba a la Reina,
Oídos atentos,
Versos que calan por dentro.
Buscando entre la tropa
Sin encontrar respuesta,
Pero una mirada le llega al alma.
Amor correspondido en la distancia,
Pasión contenida
Y esfuerzos para estar junto a ella.
Sol que quema,
Luna llena aliada,
Una cuerda anudada
Y el amor que estalla.
Un cuento:
El cuento de Gloria,
Un amigo enamorado:
Soldado poeta,
Y una misteriosa Reina.
viernes, 8 de noviembre de 2013
El soldado poeta.
De la colección "Cuentos de una Reina"
Por Gloria de la Sierra para "El Chema y él"
Érase una vez un soldado que estaba muy enamorado de su majestad la reina. Para él su reina era inalcanzable. Pero nada de eso le impedía soñar. Apostado en el patio de armas la veía cada mañana cuando se asomaba a la ventana de palacio. Mientras todos sus compañeros se dedicaban a beber y disfrutar del tiempo libre él pasaba el tiempo tocando el laúd y escribiendo poemas de amor para ella.
El soldado sabía que esos poemas nunca llegarían hasta ella, pero aun así los escribía. En las noches, a solas en ese patio, daba vida a esos poemas acompañado del laúd de un amigo que tocaba junto a él y que sabía de las desdichas del pobre soldado.
Siempre era igual. Todos los días se repetía lo mismo. Y cada día que pasaba el soldado estaba más y más triste.
Una noche de mucho, mucho viento, la Reina, acostada en su cama, no podía dormir. El viento era tan fuerte que hacia batir los portalones de su ventana. Se levantó, abrió la ventana y se asomó al exterior, entonces lo escuchó. Era una melodía preciosa la que acompañaba a la voz más perfecta que jamás había oído recitando los versos más bellos que jamás nunca escuchó.
A partir de ese momento la reina cada noche abría la ventana y, tendida en su cama, escuchaba las canciones de amor que cantaba el soldado. Eran canciones tristes pero muy bellas. Canciones de desamor, de amores no correspondidos, de esperanza, de anhelos imposibles. Eran canciones que a la reina hacían llorar pero también soñar. Y la reina soñaba con que ella era la dueña de ese amor tan anhelado y así, poco a poco, y noche tras noche, la reina se fue enamorando del soldado, sin apenas darse cuenta de que lo hacía.
Y los días se fueron sucediendo. Uno tras otro. Todos iguales. Durante el día la reina miraba desde su ventana preguntándose quien sería ese soldado. Y él alzaba la vista y la veía...cada día más bella...cada día más hermosa...y cada día la amaba más.
Durante la noche acostada y sin poder dormir escuchaba las canciones de su soldado.
¿Lo vería alguna vez? ¿Descubriría quién era?....
Un día, muy de madrugada, la reina decidió salir a dar un paseo. Todos en palacio dormían y tan solo los soldados se encontraban en el patio preparando sus caballos y sus ropajes.
La reina los miraba de uno en uno:
-éste es muy feo...no puede ser mi soldado.
-aquel tiene cara de bestia. No creo que sepa escribir canciones y versos como los de mi soldado.
-y ese otro de allí, es apenas un niño.
Y así uno tras otro los iba analizando. Pero no encontraba a su soldado. Entristecida se dio la vuelta para volver al palacio, entonces lo vio y supo que era él. Porque el soldado la estaba mirando y en sus ojos se reflejaba todo el amor que sentía por ella.
Por un instante sus miradas se cruzaron. Los ojos verdes de él. Los ojos castaños de ella. Y en ese instante, sin palabras, los dos supieron que se amarían para siempre.
A partir de ese día el soldado solo tenía una meta: Subir por la ventana a los aposentos de su reina.
Pero el rey lo había visto todo. ¡Él era el rey y jamás ningún soldado osaría quitarle a su amada esposa!
El soldado consiguió una cuerda larga hecha de nudos y al amanecer la utilizó para conseguir alcanzar su meta. Entonces el rey se transformó en sol. Un sol abrasador. Quemaba mucho, más que nunca. Y cada vez que el soldado trepaba hacia lo alto el sol le quemaba más, y si alzaba la vista para mirar arriba el sol no le dejaba ver.
El soldado lo intento varías veces pero cuanto más veces lo hacía más calor desprendía el sol. Al final el soldado tuvo que desistir. Tenía los brazos, las manos y el rostro muy quemados y sus ojos abrasados casi no podían ver.
Pasaron los días y las noches. Unos días en los que la reina y el soldado se miraban a los ojos y, sin utilizar palabras, se decían todo el amor que sentían el uno por el otro. Anhelaban estar juntos pero ella no era libre, su esposo tenía mucho poder y él... Él no era nada más que un simple soldado a las órdenes de su rey.
Pero en la vida hay que aprender a arriesgar si algo se quiere conseguir, y así lo pensó el soldado.
Intuía que la reina no dormía sola y que el rey la acompañaba en las noches pero, aun así, pensó que ese era el mejor momento. El sol no abrasaba y el rey con suerte estaría durmiendo.
Y así fue como una noche, aprovechando la luna llena para poder guiarse mejor, el soldado comenzó a trepar por esa cuerda de nudos. Cada nudo por el que avanzada sentía latir más rápido su corazón. Tenía miedo pero no desistió. Su coraje y los ojos de su reina hicieron el resto. Porque allí, en lo alto de la torre y junto a la ventana, estaba la reina esperando a su amado. La reina dormía sola, como todas las reinas, aunque eso el soldado no lo sabía.
Subió, trepó y poco a poco llegó arriba, al lado de su reina. Y en ese mismo instante supo, en verdad, cuanto la amaba.
Cuentan y cuentan las leyendas que a partir de esa noche, todas la noches, en ese Reino aparecía la luna llena posada encima de la ventana de la reina y que esa luna no desaparecía hasta el amanecer.
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