A mí también me gusta ir por donde no debo ir, tomar la dirección prohibida y asumir el riesgo de acertar.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
A mí también me gusta ir por donde no debo ir, tomar la dirección prohibida y asumir el riesgo de acertar.
Corta, intensa y luminosa, juntos, se nos hizo la noche. Entre fuego y llamas ardimos en la hoguera del amor. Noche de San Juan, demasiado breve, pero mientras la pasión continúe flameante, mantendremos encendida la antorcha que alimenta e ilumina los sueños en el solsticio de nuestras vidas.
Hay amores piratas que nos roban la vida y nos secuestran el alma. Si andas a la deriva, por esos mares desangelados, ten cuidado, pues nunca sabes lo que puede pasar.
Un espejo es una cámara de fotos sin memoria, capta todas las imágenes a su alcance, pero no conserva ninguna, salvo la propia.
Hacer público lo más íntimo, dicen, forma parte de mi manera de narrar. Contar lo que siento a través de otros personajes que dan vida a mi vida, o a otras vidas, y la suplantan. Buscar excusas, anécdotas, coartadas... para expresar lo que veo, lo que pienso y aquello que siento. Aunque no siempre es lo que parece, la realidad suele ser más inverosímil, pero, salvo a mi biógrafa, todo no se puede contar.
Me he despertado hace diez minutos. En sueños escuché llover intensamente y soplar el viento con fuerza, había tormenta. He abierto la ventana y hay poca luz, siento el frío ahí afuera. Aquí dentro, con la sábana hasta el cuello, escribo pensando en ti y te transporto con mi imaginación para traerte desde la alcoba de tu casa hasta mi cama. Te acojo a mi lado, te acaricio, te beso, te digo que te quiero, te abrazo y te protejo durante un instante eterno y reconfortante. Han pasado unos minutos, has dormido profundamente y despiertas un poco aturdida, pero encantada, en tu cama. ¿Acaso no fueron dos sueños sincronizados?
Pongamos cada cosa en su sitio y establezcamos un orden. Que sea armónica la composición y agradable a la mirada. Hay imágenes que transmiten calma y sonidos, como el silencio, que son un bálsamo para los sentidos.
Entre tú y yo hay física y
química, aunque también hay religión, educación física, manualidades y muchas
más asignaturas, algunas todavía pendientes. Sacamos buenas notas en casi
todas, pero hay alguna que se nos resiste, en esa rozamos el aprobado y habrá
que recuperar en próximas convocatorias.
Somos compañeros. De esa clase de
compañeros que comparten la goma de borrar el pasado menos amable y los lápices
de colores para pintar un presente lleno de imaginación y mucho color. En los
recreos jugamos juntos y cuando nos llevan de excursión compartimos asientos
contiguos en el autobús. Somos valientes, atrevidos y un poco traviesos, pero
sin molestar a nadie. Tú eres una niña a la que le gusta mucho leer y escribir
y yo un crío raro que va siempre a su bola. Hacemos buena pareja en las fiestas
de fin de curso y la gente piensa que entre tú y yo hay algo más, o mucho más,
que una simple amistad. Ha terminado el curso y este verano que entra irás a la
playa con tu familia, te pondrás morenita. Yo estaré en el campo con la mía y
te echaré de menos. Si aprobamos todo en septiembre pasaremos de curso juntos y
tal vez nos pongan en la misma clase. Si es así y te apetece podremos juntar
nuestros pupitres para estar todavía más cerca.
Y ya me tengo que despedir, pues se está haciendo muy tarde para acostarme, no trasnocho tanto cómo tú. Tengo que decirte que te quiero y que lo he pasado muy bien contigo en este curso, amiga y compañera. Hasta pronto.
Rodeado de un campo de amapolas, bajo un cielo de primavera y envuelto en el trino de inquietos pajarillos, florece las ruinas del convento. Nada queda por dentro, tan solo un vacío de recuerdos. Vidas de monjas que fueron, durante siglos, dueñas de trabajo, oración y recogimiento alrededor de un rosal que también florecía en invierno.
Antes de que nuestros troncos se abrazaran para siempre, nuestras raíces ya habían contactado bajo tierra, ocultas a todas las miradas, y nuestras ramas se acariciaban, disimuladamente, mecidas por un viento de amor, propio de la ribera del Escabas.
Fuimos a cruzar La Raya, frontera de España con Portugal, en busca de un pasado común a dos países que comparten historia, tradiciones, costumbres y leyendas. Fue grato aceptar y compartir el café de Mario en Idanha-a-Velha; subir a lo alto del castillo de Monsanto; comer Bacalao Dorado en el restaurante O Raiano, de Penha Garcia, y pasear por las románticas calles de Marvão. No era un cuento, pero lo parecía.
El fuego prendió en nuestros
cuerpos al momento,
consecuencia de chispeantes
miradas.
Sonaron todas las alarmas
y desalojaron la sala.
Quedamos solos, tú y yo,
abrasando el instante,
dejando arder la llama
apasionada.
Una lluvia fina y persistente
ahogó el incendio intencionado:
¿Quién pulsó la alarma?
Ahora queda el rescoldo,
la brasa olímpica que prenderá,
de nuevo,
en otros espacios privados, sin
miedos ni alarmas.
¿Me das fuego?
Una manera de hacer justicia es la venganza, pagar con la misma moneda para devolver la afrenta. Y si él no se entera y el otro no se lo espera, la jugada será redonda, atrevida y maestra.
De cerca todo se ve mejor, pero
conviene tomar distancia para encajar el contexto en la mirada, así tendremos
una visión completa y una idea más global y aproximada.
Esta es la luz que busco y no siempre encuentro. Para mí no hay otra que la supere ni que emocione más. Luz que trasforma en oro todo lo que toca. Dorada luz de atardecer.
La aventura consiste en cruzar a la otra orilla conociendo lo que dejas atrás, pero sin saber muy bien lo que hay por delante ni lo que te espera. Al final la vida se acaba y aquello que no te atreviste a hacer ya no podrás hacerlo. Da el paso, todavía estás a tiempo.
Aunque no viajes conmigo, siempre me acompañas, porque no hay distancia, río o frontera que nos aleje y nos separe.
Huyo de la poesía que retuerce
palabras y desordena el pensamiento. A fin de cuentas, el sentimiento va por
dentro y allí queda escrito sin necesidad de escupirlo. Huyo de la pintura
abstracta que rompe la mirada y distorsiona una realidad que ya no existe. Huyo
del cine de autor, porque ni él lo entiende, y de la música que grita y chirría
en mis oídos. De la comida fusión huyo, no me alimenta. Huyo también de todos
los políticos, a derecha e izquierda, tampoco y tan poco, nada, me representan.
Por huir, hasta huyo de mí cuando me encuentro cerca. Tan sólo de ti no huyo ni
rehúyo estar contigo, aunque tú ya no me quieras y yo sí que lo sepa.
"Bienvenida al paraíso" (fragmento), óleo sobre lienzo, García de Pablos
Si te asomas al pasado ten cuidado, pues nunca sabes lo que se puede remover. Mejor quédate en el presente y no mires más allá.
Pensamientos negativos se enganchan en tu mente y giran si parar generando sufrimiento: miedo, odio, venganza, temor, envidia, celos, enfermedades... ¡No los retengas! ¡Déjales ir! ¡Qué se marchen!
Cuando todo se viene abajo, después de un gran terremoto existencial, creemos que nada tiene sentido y que jamás podremos salir adelante y reconstruir nuestras vidas. No encontramos respuestas que den luz a lo que ha pasado, pero ha ocurrido y ese tsunami inesperado arrasó todo lo que encontró a su paso. ¿Qué podemos hacer para seguir adelante? Agarrarnos a aquello que todavía flota a nuestro alrededor y confiar en que llegaremos a la orilla para, una vez repuestos, continuar nuestro periplo vital.
Mi vida va y viene en continuo movimiento, como las olas del mar. Olas tranquilas a veces y agitadas otras, pero que nunca me dejan indiferente. Olas de amistad, de belleza, de amor, de nostalgia, de desamor, de autoconocimiento. Olas que traen recuerdos a mi orilla y olas que se llevan lo mejor de mí hacia otras lejanas orillas. Cálidas olas de verano y frías olas de invierno. Y entre ola y ola, dejo mi mente en blanco, respiro el aire salado y escucho el canto de gaviotas. En ese momento el tiempo se detiene permitiéndome sentir la magia que me envuelve.
Allí, donde cae rendido el sol cada tarde, al borde del abismo, hay un faro apagado que no ilumina nada y provoca mil naufragios de amores a la deriva. Rodeado de murciélagos, que aletean cómo locos en busca del sustento, se eleva intentando atrapar a la luna llena, para hacer posible su sueño de ser faro cuando esta se pose en su cabeza. Yo lo veo a lo lejos, desde mi ventana, y distingo un piloto rojo que lo corona. Sé que tú también lo miras y que gracias a él nuestras miradas se conectan. Allí, donde termina el crepúsculo y comienza la noche, hay un faro apagado que nos une y nos alienta.
Era una chica valiente y atrevida, no tenía miedo a nada, ni nada se le resistía. Con la mirada fija en la cima y las manos blancas, se agarraba a la roca y, mientras ascendía, no pensaba. Yo le daba cuerda y carrete, por asegurarla, pero no lo necesitaba. Podría haber subido sin asistencias, como un ángel sube al cielo. Tanta era su fe y su determinación que ningún reto la paralizaba. Tendrías que ver su cara de felicidad y de satisfacción cuando coronaba y se asomaba al abismo. Un día voló, buscando cumbres más altas, y ya no supe más de ella. Seguro que andará por ahí arriba tocando las estrellas.
A veces, sin querer, me encuentro donde no me busco. Soy un reflejo condicionado a un cristal y a una cámara de fotos. Un observador atento y poco más, nunca el objeto de mi mirada.
Es más fácil escalar a la cima del amor, estando enamorada, que descender cuando arriba ya no queda nada.
En mi imaginario, "orillamar", es un momento mágico que conecta deseos, recuerdos y sentimientos. Un estado tan real que parece un sueño y tan efímero que resulta eterno. El mejor lugar, sin lugar a dudas.
Cada noche, desde tierra adentro, olas de sueños llegan a mi orilla y traen tu recuerdo: no lo olvides, no me olvides.