El tiempo todo lo arruina,
incluso a los amores más sólidos.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
lunes, 14 de diciembre de 2015
domingo, 13 de diciembre de 2015
sábado, 12 de diciembre de 2015
El Sol.
No vemos el sol pero sabemos que
está ahí. El amor tampoco lo vemos pero lo sentimos sin saber a ciencia
incierta dónde está.
viernes, 11 de diciembre de 2015
La casa de las palmeras.
Ver la vida en todos los
rincones, buscarla en cualquier reflejo, sentirla, compartir un instante de
belleza, dejar huella de nuestro paso pero sin pisar nada, sin alterar el
equilibrio.
jueves, 10 de diciembre de 2015
miércoles, 9 de diciembre de 2015
El hombre del hierro.
Y a la misma vez que tú estabas
mirando al mar y despertando de ese largo y profundo sueño, según nos cuentas,
yo pasaba por allí pescando imágenes junto al mar para luego secarlas al sol. Y
te vi, o mejor dicho, vi tu estilizada silueta recortada a contraluz y no me
quedó más remedio que fotografiarte mientras meditabas. Pero no bastó con esa
foto y quise conocerte mejor. Por eso avancé unos pasos y me antepuse delante
de tu esqueleto metálico y dándole mi espalda al sol. Pude comprobar que, en
efecto, mirabas al mar. Que llevabas tu mano de hierro a la frente para hacer
de visera con ella y evitar el deslumbramiento. Porque, a pesar de ser ya
diciembre, la mañana era radiante y luminosa. El mar, la mar, estaba tranquila
y de un color azul mediterráneo. Olas no había ninguna, salvo las olitas
propias de un mar en calma. Me quedé observándote un buen rato intentando leer
tu gesto e interpretar tu postura. No imaginé lo que en esos momentos pasaba
por tu cabeza y ayer pude leerlo aquí, sin ir más lejos. Y no me sorprendió que
alguien que lleva plantado en el mismo sitio, sin moverse, vigilando la mar día
y noche, cuente lo que tú cuentas desde lo más profundo de tu oxidado corazón.
Y otra foto, ésta foto, captó ese momento, nuestro hiperrealista momento.
martes, 8 de diciembre de 2015
Inmaculada.
Inmaculada naciste y la vida te
fue manchando poco a poco. Primero fue la blanca mantilla de cristianar, mojada
por gotas de agua bendita y lágrimas de un llanto frío, en tu bautizo. El chocolate
caliente dejó huellas imborrables en aquel vestido de comunión, tras la infantil
fiesta. Camino del altar, tu disfraz de novia enamorada barrió el pasillo
central de la iglesia y acabó ajado después de una interminable celebración. La
sangre de las urgencias tiñó de rojo, en incontables ocasiones, tu traje de
faena. Y al final de tus días una triste sábana blanca, manchada de muerte,
cubrió para siempre tu cuerpo. Pero mereció la pena vivir y perder la blancura
de la inocencia en el camino.
lunes, 7 de diciembre de 2015
Mirando al mar.
Mirando al mar desperté de un
largo sueño. No era un mar rojo, teñido de sangre, ni un oscuro mar gris, casi
negro. Tampoco se trataba de un mar muerto, aunque los peces no se atrevieran a
nadarlo. Era un profundo mar interior, un océano de dudas sin sentido el que
por fin ahogó mi sueño y me arrojó a la orilla de la realidad, de esta terrible
hiperrealidad que ahora me ciega impidiéndome ver más allá de las olas.
domingo, 6 de diciembre de 2015
sábado, 5 de diciembre de 2015
viernes, 4 de diciembre de 2015
jueves, 3 de diciembre de 2015
Pacífica guerra.
Conquistamos castillos
deshabitados empleando tan sólo la fuerza de la imagen y la seducción de la
palabra, esa es nuestra pacífica guerra.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
martes, 1 de diciembre de 2015
Tiempo oxidado.
El tiempo todo lo oxida, pero el
recuerdo de los bellos momentos, además de unirnos, permanece inalterado.
lunes, 30 de noviembre de 2015
domingo, 29 de noviembre de 2015
La casa abandonada.
Al comienzo de la noche
encontramos la casa que no andábamos buscando. Nos recibió con las luces
encendidas y el vacío de un tiempo lejano. Se rompió el silencio al llamar a la
puerta pero ningún fantasma acudió a abrirnos por miedo, creo, a reconocernos. Y
tuvimos que pasar el resto de la noche a la intemperie, sin más cobijo que
nuestras propias sombras.
sábado, 28 de noviembre de 2015
viernes, 27 de noviembre de 2015
Semillas.
Hay quien sólo ve unas semillas.
Otros, en cambio, ven un árbol y
sus frutos.
Yo veo una hélice.
Diferentes maneras de mirar y de
interpretar lo que vemos.
jueves, 26 de noviembre de 2015
miércoles, 25 de noviembre de 2015
martes, 24 de noviembre de 2015
Música celestial.
A música celestial sonaban sus
palabras divinas, no por lo que decían, que era bien poco, sino por el alma que
ponía al pronunciarlas. Cuando se apagaba su voz el silencio se oía más fuerte
que nunca, tal era su encanto. Hace tiempo que dejó de hablarme, desde entonces
sólo escucho el eco de su voz perdido en la bóveda de mi memoria.
lunes, 23 de noviembre de 2015
viernes, 20 de noviembre de 2015
¿Y?
¿Y?
Fue la pregunta abierta,
como una herida sangrante.
De antemano sabía que no
hallaría respuestas,
pero decidió preguntarlo todo,
de una vez por todas,
y escuchar,
de su voz,
el silencio.
jueves, 19 de noviembre de 2015
Faltaba el beso.
Cuando se siente es fácil decir
"te quiero",
yo lo siento y no me resulta
complicado.
Sé que te herí sin querer
y queriendo te envié una blanca
flor,
pura como tu alma,
para intentar borrar mi falta.
También sé que ahora es tiempo de
duda y de desamor,
y que el tiempo casi todo lo
cura.
Faltaba el beso con la flor
y por eso ahora te lo entrego.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Dando la vuelta.
Nos gusta darle la vuelta a las
cosas. No para verlas mejor, ni peor, sino para verlas desde otro punto de
vista. Y visto lo visto no hay nada más que ver ni que decir tiene.
martes, 17 de noviembre de 2015
Flores blancas,
Flores blancas de otoño,
vestidas de novia,
atraen la mirada de fotógrafos
despistados
y anuncian un invierno nevado.
Flores que te envío por el aire,
a modo de desagravio,
para limpiar mis palabras
manchadas aquella noche
desafortunada.
Colócalas en un recipiente
plateado
y riégalas con tu llanto,
y si marchitan,
como un amor oxidado,
te enviaré otras que enciendan tu
ánimo.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Puerta giratoria.
¿Cuántas mujeres, y cuántos
hombres, quedan atrapadas en la puerta giratoria, sabiendo que sus vidas, de
puertas adentro, no tienen sentido y temerosas de salir a conquistar un futuro
incierto?
domingo, 15 de noviembre de 2015
sábado, 14 de noviembre de 2015
¡Cuidado con las sombras!
Una sombra que se arrastra. Que
huye del árbol que la proyecta. Que busca una pared para levantarse. Que la encuentra.
Que agarrándose fuertemente con sus ramas secas consigue ponerse de pie. Que ahora
ya no es sólo una sombra, sino un árbol más. Algunos pájaros vienen a posarse
en él, sin percatarse de lo imposible de su empeño. Un perro levanta la pata y
orina en el tronco, manchando la pared. Y un intrépido grafitero, atento a todo
lo que ven sus ojos, dispara un bote de pintura aerosolada, utilizando la
sombra como plantilla, y consigue transmutarla definitivamente en árbol.
¡Cuidado con las sombras!
viernes, 13 de noviembre de 2015
jueves, 12 de noviembre de 2015
La hojita.
Era cierto. El otoño las cuidaba,
hacía lo que podía para mantenerlas vivas. Las trataba mejor que nadie, las mimaba,
las quería a todas por igual. No quería perderlas, a ninguna. Eran sus amigas y
prefería verlas en el árbol a imaginarlas fundidas con él.
Y ellas le correspondían. Cada
vez que lo veían llegar se agitaban y susurraban. Todo el campo las veía y
escuchaba esos susurros, eran como canciones de amor que alegraban a todos.
Pero sí, inevitablemente el otoño
seguía haciendo su trabajo y por mucho que quisiese ver a sus hojas pegadas al
árbol, llegó ese día en el que les tocó caer. Cuando lo vieron aparecer, aunque
ya no se les notaba, se volvieron a poner coloradas. Es lo que tiene el amor!
... y cayeron, una tras otra, a su lado, encima de sus pies, las más atrevidas
se posaron un momento en su hombro, y así, una a una fueron cayendo todas.
Pero una, solo una pequeña hoja,
la más pequeña, se quedó arriba colgada del árbol. Era una hoja de las que más
desapercibida pasaba pero era la hoja que más enamorada estaba del otoño.
Durante todo el tiempo, mientras sus compañeras coqueteaban, ella se dedicaba a
pensar y sin dejar de mirarlo pensaba y pensaba la forma de mantenerse para
siempre unida al árbol para poder verlo pasar cada día. No conseguía descubrir cómo
hacerlo y cada día se sentía triste y se resignaba.
El día que todas empezaron a
caer, ella con sus ojos cerrados se resignó a su suerte. Procuro no mirar para
no ver, no moverse para no sentir, procuró no latir...
Un silencio absoluto se adueñó
del campo. Después, las pisadas de un humano, a continuación el sonido de un
rastrillo y algún llanto apagado de alguna hoja suelta y después otra vez el
silencio. La hojita se quedó helada. ¿Dónde estaba?, no se atrevía a abrir los
ojos ni tan siquiera a moverse. Pero entonces sucedió algo: escuchó su brisa y
sintió sus caricias....era él, su otoño. Abrió los ojos y allí estaba, seguía
colgada del árbol, y bailó, sin parar, el amor que sentía por su querido otoño
había obrado el milagro, permanecería en el árbol, como poco hasta la siguiente
estación en la que otras hojas volverían para hacerle sombra. Mientras tanto
ella sería la única que seguiría viéndolo y amándolo.
LR
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Hojas rojas.
El otoño seguía haciendo su
trabajo mientras, de vez en cuando, observaba cómo las hojas se ponían
coloradas al sentir su mirada. Sabía que tarde o temprano caerían rendidas a su
encanto y que en un profundo sueño se fundirían con él.
martes, 10 de noviembre de 2015
Cristales rotos.
Como un imán que atrae sin saber
bien porqué, una poderosa fuerza me detuvo delante de esa misteriosa puerta.
Por un instante pude sentir el vacío que llena un alma abandonada. El silencio,
la oscuridad, rota por la luz que se filtraba a través de otra ventana, y la
calma de la derrota inundándolo todo. Imaginar que allí dentro corrió la vida y
que ahora tan sólo unas esqueléticas arañas tejen redes para pescar su
sustento. Sentí que un cristal se me partía por dentro. El ladrido de un perro
callejero despertó mi hechizo y me devolvió al camino.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






























