Tarde o temprano, en la cárcel del amor, el corazón se nos escapa de las manos buscando otras formas de expresión.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”. Fernando Pessoa
Tarde o temprano, en la cárcel del amor, el corazón se nos escapa de las manos buscando otras formas de expresión.
Les contaré, para que lo sepan, aunque ya deben saberlo, que hubo y hay un amor mutuo y recíproco, posible e imposible, loco y meditado, lleno y desbordante que no cesa y brilla más allá de las estrellas: infinito y eterno. Les contaré, para que lo sepan, aunque ya deben saberlo, y quedará escrito en los mapas celestes.
Sigo tu estela y asciendo contigo a lo más alto, al punto de inflexión de la atmósfera donde, una vez alcanzado nuestro rutilante objetivo, no queda más remedio que bajar para seguir respirando. Y en ese punto muerto de la curva sentimos, antes de dejarnos caer en picado, el límite de nuestras propias fuerzas y el de las resistencias ajenas que acotan nuestro vuelo libre y apasionado, amor.
Afortunadamente todo tiene su explicación, incluso aquello que, todavía, no llegamos a entender, pero lo nuestro, amor, es inexplicable.
Trepar y enredarnos hasta tocar el cielo. Metafóricamente y con la persona amada es un camino de flores.
Cada día que amanece hay un mar de posibilidades por delante. Unas estaban planificadas, otras llegan inesperadamente y las más especiales, como el amor, surgen de la nada.
No hay mayor dolor que el dolor provocado por quien salió de tus entrañas, dolor de madre desangelada.
Nunca dejamos de estar en los lugares y en los momentos donde fuimos felices. Pasa el tiempo, pero el recuerdo permanece. Nuestra memoria es selectiva, olvida tristezas, que también las hubo, y aflora alegrías.
La vi pasar y nuestras miradas se encontraron un instante, segundos después la nostalgia quedó reflejada en la memoria del retrovisor, para siempre. Desde entonces, cuando viajo y miro hacia atrás, a través de ese espejo, la veo alejándose cada kilómetro un poco más. La única esperanza que tengo es volver a verla venir de frente, en el parabrisas, dejarme atropellar, de nuevo, con su mirada y hacer un atestado.
Si quieres escuchar su sonido y su silencio, envolverte en su luz y ocultarte en sus sombras, sentir la paz y el misterio del bosque, deberás, cómo en la vida, adentrarte sin miedo y sin prejuicios en su interior, en tu interior. ¿Te atreves?
He traído este sillón para ti y quiero que en él te sientes, que sueñes con todo aquello que la vida, a pesar de tu esfuerzo y tesón, nunca te trajo. Confórmate con imaginar, cuando estés sentada, ese mundo feliz que de niña soñabas. Será tu trono que hará realidad, mientras dormitas, las fantasías que, todavía, después de tantos años pasados, en tu corazón habitan.
La expresión de tu rostro lo dice todo: tristeza, miedo, pesar, abatimiento, incertidumbre... Hay momentos en la vida que se hacen eternos, cuando no encontramos la salida del laberinto que habitamos ni llega la solución a los jeroglíficos que el destino nos envía.
Todo comienza y termina en el mismo lugar, en aquel puerto del Sur que una noche nos vio partir y ahora contempla nuestro regreso. Ya no somos los mismos, el viaje nos ha cambiado. Ahora desembarcaremos juntos, pero cada uno tomará caminos diferentes y difícil será que volvamos a encontrarnos.
Difícil será recuperar el
esplendor que un día tuviste. Confórmate con el encanto y la nostalgia que
transmite el abandono, la dejadez y el paso del tiempo.
Hay personas a nuestro alrededor que vemos casi todos los días y que pasan desapercibidas. Otras, en cambio, a las que hemos visto en un par de ocasiones, quedan ancladas para siempre en nuestras vidas. Podríamos no volver a verlas nunca más, pero jamás llegaremos olvidarlas. ¿No serás tú una de ellas?
Lisa y llanamente: sin rodeos ni circunloquios, con franqueza, sin ambages, con lisura, con sencillez y sin exageraciones. Después de toda una vida queriendo decírselo, le dijo que la amaba y todavía está esperando su respuesta. Sin prisa, con paciencia, en calma y con la ilusión de un niño que todavía cree en sueños imposibles.
Hay un lugar en la noche que cada noche guardo para ti. Y aunque no vengas todas las noches, ninguna noche faltas para mí.
Cárcel de pasión era tu ausencia y entre sombras y sábanas revueltas, tu recuerdo se hacía presente cada amanecer.
De azul se vistió la noche, a juego con tu vestido. Y entre pinos, grillos y el canto lejano de un autillo, tu recuerdo se hizo presente.
Y si en algún momento el destino te pierde, sigue las indicaciones que encuentres a tu paso, porque paso a paso volverás a tu camino.
La muerte no es el final, siempre queda el recuerdo de sus vidas y el paisaje que habitaron, no lo olvides.
Siempre tuve la sensación de ser la oveja negra. Pensar y actuar diferente. Romper clichés e ir a contracorriente. No era una impostura, era una necesidad vital, algo natural que nunca me supuso ningún esfuerzo. Hay un precio que hay que pagar por ser así, pero también hay un beneficio, el de poder descartar a quien nada te aporta y centrar tu atención en un puñado de personas, esas que sí que suman y me importan.
Cuando subes y cuando bajas hay un ojo que todo lo ve. Ándate con ojo con lo que haces, no vaya a ser que...
Ha caído la tarde, el horizonte se ha teñido de naranja y la luna comienza a elevarse. Un viento fresco azota la noche y los murciélagos despiertan con hambre. En silencio aflora tu recuerdo, no estás, pero nunca has dejado de reinar en mi mente. Hace sueño y mis ojos se nublan, pronto caeré solo en la cama si una llamada tuya no lo remedia.
A mí también me gusta ir por donde no debo ir, tomar la dirección prohibida y asumir el riesgo de acertar.