“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”.
Fernando Pessoa
“Sé que eres un personaje y lo que escribes no es real. En ocasiones me cuesta diferenciar la ficción de la realidad, incluso a veces he pensado, quizá equivocadamente, que escribías directamente para mí”.
Anónimo lector o lectora gracias por contactar conmigo, me alegra y deseo que sigamos comunicándonos. Efectivamente soy un personaje que ha sido creado para expresar emociones y transmitir sentimientos. Mis autores mueven los hilos de mis articulaciones y ponen voz a mis palabras, que son sus palabras y tus palabras, para contar sus fantásticas realidades, sus cuentos del pasado y los sueños y deseos de un futuro inalcanzable. Se implican tanto conmigo que frecuentemente adoptan mi papel metiéndose en mi piel, es entonces cuando soy yo el que les maneja induciéndoles a caminar por los senderos de la ilusión, deseando que sientan lo que yo siento cuando me muevo a su antojo. Lo que escribo o digo va dirigido a las personas que quiero, pues son ellas las que inspiran mis historias, confiando en que me quieran no sólo por lo que digo o escribo sino también por las sensaciones que la lectura les ocasiona. Te invito a continuar participando, mediante comentarios o mensajes a elchemayel@gmail.com, en este espacio abierto a la libre expresión y a la comunicación. Te espero.
Tal vez digan más de nosotros las palabras que no pronunciamos o no escribimos que aquellas que salen de nuestra garganta y de nuestras manos. En el almacén de nuestra memoria se encuentran depositadas palabras dispuestas a recorrer, en cualquier momento y cuando nuestra intención las reclame, el camino que pasando por el corazón y la mente partan de nuestra garganta para expandirse en el ambiente y ser escuchadas por oídos atentos o tomen forma física de letras escritas para ser leídas o ignoradas. Cuando conversamos nuestro discurso se adapta al momento en que hablamos y a las personas que nos rodean dispuestas a recibir el mensaje.
Si hablamos de tú a tú, sin testigos que nos coarten y capten nuestros secretos, seremos más sinceros y osados expresando lo que sentimos y ocultando sólo aquello que pueda interferir en el futuro mañana. Podemos ser directos e ir al grano, en picado, o movernos en círculos concéntricos cada vez más cerrados dispuestos a aterrizar en la pista de los sentimientos cuando las condiciones emocionales lo permitan. Si conversamos en grupo andamos con cuidado para que nuestras palabras no revelen informaciones confidenciales que puedan desvelar pistas ocultas de profundos secretos u ofender a interlocutores presentes; medimos con cuidado lo que decimos y como lo decimos. Si dejáramos hablar a nuestro inconsciente y a nuestros sentimientos libremente, sin censura ni límites, expresando lo que sentimos y opinamos de las personas y del mundo que nos rodea, sin diplomacia, sin prudencia, la comunicación cesaría pues no estaríamos dispuestos y preparados a encajar con agrado nuestras impredecibles palabras y las ajenas. Tan sólo los niños y niñas, y aquellas personas que desde siempre se mueven en el terreno de la inocencia y de la imprudencia consentida, pueden expresar clara o ambiguamente lo que sus almas sienten sin miedo a herir susceptibilidades en los oyentes.
Admiro tu actitud en el juego, Ese dejar fluir reposado Manteniendo siempre la calma Y administrando distancias Sin miedo a las consecuencias De un error en mi respuesta A tus movimientos de experta Que, como jugadora de póker, Me engaña con la mirada Leyendo mis cartas marcadas Y anulando los ases que oculto en la manga Intentando ganar tu partida.
Yo muevo peones primero Esperando tus movimientos O tu muda respuesta, Tú analizas mi juego, A veces jugando con fuego, Y provocas claros errores Propios de novato ciego Hechizado con tu juego de cruces De reina blanca que recorre el tablero Arrasando con su presencia Las débiles defensas de un rey Que rinde su reino a tu esencia.
Caminas deprisa, adelantándote al resto, queriendo llegar cuanto antes al destino, a esa meta personal, frontera de tu rico mundo interior y la rutina que te enajena. Yo voy detrás de ti siguiendo tus pasos y recorriendo el camino que abres a mis ojos. No puedo aguantar tu ritmo ágil y tenaz, pero sé que llegaré a tu lado cuando decidas pararte y mirar hacia atrás para esperarme. Aprovecho la distancia, que físicamente nos separa, para fotografiar tu silueta, que da la espalda a la realidad, y dejar constancia de tu arrojo y de tu huida hacia adelante.
“Amo con la mirada, y también con la fantasía. Porque todo fantaseo de esa figura que me cautiva”
Ignoramos nuestros nombres, que pueden ser cualesquiera, aunque yo conozco el mío e intento adivinar el femenino tuyo. Pero sí conocemos nuestros rostros y nuestros cuerpos que se reconocen cada día en cada ocasión que cruzamos sentidos opuestos: tú en dirección ascendente hacía el centro de esta ciudad tranquila y yo bajando en dirección al parque que la rodea.
Yo sé donde trabajas e intuyo que tu trabajo es parecido al mío: en tareas administrativas. Tú sabes donde trabajo, pues alguna vez me has visto llegar a mi destino, y creo que conoces a alguna compañera mía que puede ser tu amiga.
Llevamos tantos años viéndonos y admirándonos que hemos visto madurar nuestros cuerpos y el ánimo que los impulsa. Todavía no ha surgido la ocasión, ni tampoco la hemos buscado, cuando hemos coincidido en otros ambientes, para presentarnos o ser presentados por un tercero y aumentar nuestro escaso conocimiento de cada uno.
Yo me fijo cada tarde, cuando desde lejos te veo venir por la misma acera o por la de enfrente, en tu andar triste y resignado dirigiéndote al trabajo con la cabeza algo inclinada hacia adelante y tu mente absorta en algún pensamiento cotidiano. Acortamos con nuestros pasos la distancia que nos separa y nos acerca y, cuando quedan tan sólo dos metros entre tu cuerpo y el mío, alzamos la mirada e intercambiamos un destello fugaz con nuestros ojos cómplices que al instante cambian de dirección como si nada hubiera pasado. En ocasiones giro la cabeza, al momento, para contemplar tu ritmo cansado y admirar la estela que dejas a tu paso; tal vez en alguna ocasión tú también te has girado con la misma intención, mas hasta ahora no lo he sentido.
Esta relación visual, que nos une y tal vez nunca evolucione a nada más, mantiene el interés y la ilusión por los sentimientos que despertamos cada uno en el otro quedando para siempre ocultos en la zona amable de nuestra memoria y en la esquina roja de nuestros cansados corazones.
Como gubarte enamorado Emito cantos de seducción, De notas graves nunca oídas, Prolongados en días enteros Compitiendo con mis congéneres, Del océano profundo e inmenso, Intentando conquistar tu celo De yubarta enamorada. Mis acrobáticos saltos, Golpeando el agua helada Con gigante cuerpo Y nubes de aire caliente, Que el frío condensa, Reclaman tu atención, Por otros despistada, Invitándote a mi comunión Contigo siempre deseada.
Tenemos claro nuestro destino, hemos organizado este viaje con tiempo e interés pues nos jugamos mucho en el recorrido intentando llegar a la meta fijada: la oportunidad de nuestra vida. Poseemos la licencia de conducir y, por fin, somos libres para circular libremente por las carreteras vitales, en cualquier dirección. Conocemos las señales que organizan y regulan nuestro tráfico y las consecuencias de su incumplimiento; hemos estudiado, en el mapa de los sentidos, las calzadas a transitar: autopistas de peaje, que solemos evitar debido al coste extra emocional que supone su uso; autovías rápidas y concurridas en días de fiesta; carreteras nacionales peligrosas por tener doble sentido, como nuestras palabras, y hasta la última vía local donde es fácil extraviarse. El más mínimo detalle está planificado, el vehículo en perfecto estado de revista y la grata compañía que hemos elegido, o nos ha elegido a nosotros, que también está implicada en el viaje y comparte destino. Cargamos la furgoneta con nuestro mejor equipaje: las intenciones, las ilusiones y alguna esperanza. Echamos a rodar con prudencia y determinación, disfrutando del viaje, del paisaje y de la amistad de nuestro acompañante; nos detenemos cuando es necesario: para descansar, alimentarnos, repostar o admirar esa bonita puesta de sol, tras las nubes, allá en el horizonte infinito. Un corte en la A-96, por obras en el firme, nos obliga a replantear nuestro itinerario sin olvidar el destino final. Nos desviamos de la ruta y entramos en un pequeño pueblo: Encrucijada, que nos llama la atención por su nombre y por el ambiente mágico y misterioso que desprende, invitándonos a detenernos y a pasear por sus angostas y vacías calles y, dada la hora de la tarde, hacer noche en un acogedor hotel con encanto: “La Posada de la Duda”. Coincidimos con otras viajeras que llegan al hotel como nosotros, inesperadamente, y, tras las oportunas presentaciones, nos reunimos a cenar junto a ellas y compartir nuestras inquietudes y nuestros recorridos vitales. Les hablamos de nuestro viaje en búsqueda constante de la oportunidad, de nuestro origen remoto, de nuestra idea de la vida en continuo peregrinar al interior de las dudas que nos acompañan y a los sueños que suplantan la realidad; nos cuentan el suyo con destino opuesto y complementario al nuestro, más claro y real, con vivencias concretas y definidas conociendo el terreno que pisan y el final que les espera. Los efectos de la cena, del embriagador vino, de la compañía y de los licores que la rematan, acortan las distancias y nos unen en el pequeño comedor en animada charla que alegres interrumpimos para abandonar el hotel y pasear, de nuevo, por las vacías calles de Encrucijada, bajo la azulada luz de la Luna que ilumina nuestros pasos y realza la apasionante conversación, retomada, que nos envuelve y sorprende. Regresamos felices, ya avanzada la noche, y lo sucedido a partir de ese momento, que no puedo contar porque no lo recuerdo, o porque tal vez fue un sueño que escapó de mi memoria, nos trajo, como consecuencia, que a la mañana siguiente, tras el desayuno, la oportunidad llamó de nuevo a nuestras puertas y en esta ocasión sí le abrimos dando entrada a un inesperado cambio en el rumbo de nuestras vidas: Chema marchó con Ella en dirección poniente, allá donde el Sol busca reposo cansado de tanto orbitar. Yo (Él) marcho con Gema, que está terminando de organizar su maleta y de replantear su destino conmigo en el GPS interior, en busca de la luz de levante, junto al mar. El destino y el presente nos separan, por primera vez en nuestras vidas, invitándonos a vivir otras realidades y nuevos sueños junto a nuevas parejas, cada uno en un extremo del mundo. Tal vez volvamos a encontrarnos en otro viaje organizado y algún imprevisto vuelva a reunirnos en otro pueblo perdido en la inmensidad de nuestras futuras oportunidades que confiamos no desaprovechar nunca más. Si esperas tu próxima oportunidad presta atención, llegará en cualquier momento. ¿Le abrirás la puerta?
Sois mujeres, todas, e internacional alguna. Reconozco vuestra gran capacidad intelectual, biológica y emocional que ha superado, como colectivo, a la de los hombres aunque todavía no se reconozca y se valore en todos los ámbitos de la sociedad, siendo necesario continuar aplicando medidas y acciones positivas para lograr la igualdad plena de oportunidades y de realidades: mujer/hombre.
Yo, como hombre, no pierdo nada aliándome con vosotras pero gano mucho como persona estando a vuestro lado aprendiendo y compartiendo la vida día a día.
Aquí estoy para acompañaros en vuestro camino, que es mi camino. Feliz día, buen camino.
Querido amigo Pepe, he dejado transcurrir el tiempo desde nuestra última y definitiva conversación en septiembre de 2008 para que mi mente, mi corazón y mis siete sentidos (incluyo la intuición y el sentido común, que tú poseías a raudales) pudieran hablar con la tranquilidad que genera el paso del tiempo. Sabes que habitas también en mi recuerdo y en el de tantas personas que te conocen y te quieren. Ayer buscándote en Internet te encontré, de nuevo, impartiendo cátedra de "Economía Financiera y Contabilidad" en la UCLM, me llamó la atención el trabajo elaborado junto a tus colaboradoras: Rosario y Yolanda y que lleva por título: “La Relevancia del Capital Intelectual en el Cuadro de Mando Integral”. Pones de relieve la importancia del Capital Intelectual, un activo intangible que, sin tener forma física y ser difícilmente valorable, genera beneficios futuros. Te refieres al capital humano, elemento fundamental de la empresa y que debe ser potenciado a través de la formación y de la participación en la toma de decisiones; haces mención a la organización interna en aras de mejorar la eficacia y la eficiencia y así cumplir con los objetivos marcados, e incides en la relación de la empresa con el mercado: clientes, proveedores y sociedad, por medio de una comunicación abierta y sincera para conocer el grado de satisfacción de nuestros productos y servicios y detectar nuevas demandas.
Nos hablas de la "Ecuación de Ulrich": Capital intelectual = Capacidad x Compromiso, ecuación que sobradamente cumpliste al pie de la letra, pues tu voluntad, tu capacidad y tu compromiso con las empresas y con las personas fue admirablemente eficaz y humana. Y por último, nos cuentas que el Cuadro de Mando Integral es un instrumento de planificación, información y control de las diversas áreas de una organización que incide en la consecución de objetivos marcados por ella.
Toda una lección no sólo aplicable a las empresas y organizaciones sino también a nuestra vida personal: la formación y la educación continua en conocimientos y valores humanos; la implicación en nuestro circulo afectivo y en la sociedad por medio de la empatía y de la solidaridad; la comunicación continua y abierta con las personas que se mueven a nuestro lado, dispuestos a escuchar lo que sienten, apoyarles y corregir errores, a veces involuntarios, en nuestra relación con ellas.
En nuestras conversaciones del verano de 2008, aparte de repasar con cariño y nostalgia la historia de nuestras vidas y de darnos a todos lecciones de lucha contra la adversidad y clases prácticas de amabilidad, incluso en los peores momentos, fui consciente de que habías alcanzado la sabiduría pues, a pesar de tu gran formación intelectual y humanística, reconocías tu ignorancia y tu incapacidad, la de todos, para abarcar el conocimiento que la Ciencia sacaba a la luz a diario. El mundo cambiaba aceleradamente y sabías que tu tiempo era limitado, deseabas seguir adelante cerrando asuntos pendientes y preparando tu adiós definitivo con determinación, hasta el último suspiro.
Noches atrás, a finales de febrero, mantuvimos otra corta e intensa conversación; yo estaba soñando y tú te encontrabas en el kiosco de la Avenida de España, intercambiamos unas palabras: me comentaste que no asistirías a la próxima reunión de amigos; te despedí con un beso en la mejilla, beso que sólo puedo dar a amigos de “toda la vida”.
Nos vemos pronto, en sueños o en otras realidades, un abrazo Pepe.
Un bosque lo conforman gran cantidad de árboles; cuando lo visitamos solemos fijarnos en los más cercanos, como en la vida con las personas que nos rodean.
Nos adentramos en el bosque escapando del ruido que la ciudad truena en los oídos; en el bosque escuchamos el sonido de la naturaleza: el viento que agita las ramas, las hojas secas que pisamos, el canto de las aves que lo habitan, el susurro de los duendes y las hadas que se esconden tras los árboles, siguiendo nuestros pasos y, sobre todo, el sonido que emite nuestro corazón intentando acompasarse con el ritmo que nos envuelve.
Recorremos bosques frondosos de hoja perenne: sombríos, húmedos, frescos y misteriosos, atravesados por pequeños arroyos de aguas cristalinas que nos invitan a probarla para calmar la sed de alma que llevamos y refrescar nuestros pensamientos más obstinados.
En otros bosques, de hoja caduca, la luz del otoño penetra entre los rojos ocres de las hojas y llega a nuestros ojos filtrada, para alumbrar el camino interior que vamos recorriendo en busca de la armonía con la vida que nos espera tras las últimas hayas.
Abandonamos el bosque con las ideas algo más claras, los cuerpos relajados por el cansancio y los sentimientos consolidados; nos adentrarnos, ahora, en el bosque humano. Buscamos a las personas que por inercia queremos, deseando trasmitirles la energía y el cariño que traemos en nuestras mochilas; contarles las historias que el bosque nos ha contado y abrazarnos a ellas con el mismo amor que el abuelo de Saramago entregó a sus árboles en la última despedida.
Si procuras ser feliz Cuando la felicidad lo permite, Si intentas comprenderte Sin miedo a otro desliz, Si adaptas tu guión cada día A la película en que andas inmersa, Si no buscas el sentido a la vida Para no perder el sentido buscando, Si crees estar soñando felizmente Y no deseas despertar bruscamente, Si sientes que estás enamorada Porque presientes que te quiere, Olvida todo lo dicho antes Y sigue volando a Marte.
Cómo acortar la distancia Que nos une, Cómo convercerte Que no es un sueño lo que soñamos, Cómo encontrar sentimientos Con sólo mirarte, Cómo lograr conmoverte Sin conmoverme, Cómo leer en tus ojos Lo que mi corazón siente, Cómo admirar profundamente Lo que dices si no te oigo, Cómo olvidar todo Menos tu nombre que se esconde, Cómo reflexionar Y dejar de pensar, si ya no pienso,
Preguntamos, nos preguntamos, con cierta frecuencia y cierto interés sobre el papel y el destino que nos toca vivir en este espacio y en este tiempo que es la vida, nuestras vidas. Queremos conocer el sentido de nuestros pasos, de nuestras acciones y de nuestra parálisis, cuando perdemos el control, del presente que habitamos y del futuro que mengua. Porque de niños, cuando nos echan a rodar y organizan nuestro camino lúdico y escolar, nos limitamos a jugar la vida sin preocuparnos de nada más, para eso están nuestros progenitores. En la adolescencia nos llegan todas las preguntas de golpe y comenzamos a tomar conciencia de que esto ya no es un juego, en todo caso un juego peligroso donde nosotros somos los protagonistas e incluso las víctimas. Salimos a flote de tanto cambio hormonal e intentamos organizar un futuro algo más serio que el ambiente juvenil que nos rodea: estudio, trabajo, pareja, familia … y empiezan a correr los años en el calendario vital y a tirar balones fuera conforme llegan, sin tiempo para pensar ni para preguntarnos mucho más. Llegada la mediana edad, la juventud tardía o la vejez precoz, según el carácter de cada cual, actuamos de padres de nuestros padres (y madres) y martirizamos a nuestras hijas e hijos que ya son adolescentes. Recordamos tiempos pasados y comprobamos que la vida es un ciclo, una rueda sin principio y sin fin. Comienzan, ahora, a llegar las respuestas a nuestras preguntas de toda la vida y en ese momento, en esta encrucijada, tenemos tres opciones (descartamos el suicidio por ser demasiado aparatoso): continuar con la misma rutina y con el mismo rumbo claro y alienante; dar un golpe de timón y poner rumbo a destinos más cálidos y apasionantes; abrazar una filosofía oriental que permita reencarnarnos y contemplar la vida con gran tranquilidad y total desapego. Evidentemente, nosotros que, como contables, somos personas frías, oscuras, meticulosas, calculadoras, tristes y ordenadas deberíamos optar por la primera opción, pero nuestra otra personalidad, desconocida para aquellas personas que piensan que las cosas son como parecen, nos arroja de nuevo a la vida con el ímpetu de antaño y estamos dispuestos a plantar batalla en aras de una vida plena, hasta el final, sin miedo. Organizamos escapadas, en furgoneta amarilla con flores decorada, en compañía de alegres compañeras de trabajo hastiadas de la rutina, dispuestos a recorrer el mundo o lo que de él quede y vivir en total libertad, sin reglas, sin metas. Nos apuntamos a todas las degustaciones que nos ofrecen, sean de vino o de se fue. Nos vamos de marcha incluso a la montaña. Las actividades culturales nos entran por todos sitios y nos salen digeridas en relatos y conversaciones. Nos atrevemos a contar incluso lo que no debemos y a querer a quienes no nos quieren. Llegan las respuestas, vacías, para que sigamos hurgando en nuestro interior engañando así al paso del tiempo que se acorta en longitud pero se ensancha en amplitud, sin temor a seguir esperando nuevas respuestas sin preguntas previas. Hemos dejado de preguntar, no podemos perder el tiempo. ¿Alguna respuesta por tu parte?
Cuando la comunicación personal y sentimental se corta bruscamente por fallos no achacables a la técnica ni a las condiciones meteorológicas, pues la línea y los terminales funcionan correctamente y aunque sí ha existido una tormenta o terremoto emocional esta no ha afectado al cableado y a las antenas que transmiten nuestras palabras, últimamente cargadas con pólvora sin fines pirotécnicos, nos instalamos en el silencio absoluto.
Cuando el tiempo transcurrido desde la última y alterada conversación aumenta, entra en juego la “Ley de la expansión del universo”: nos alejamos con una velocidad mayor cuanto mayor es la distancia entre nosotros.
Por tanto retomar el diálogo y establecer puentes que salven el río, más bien océano, que nos separa es tarea prioritaria si todavía queda un miligramo de esperanza para continuar volando en la misma aeronave.
Aeronave que abandonamos porque: se ha agotado el combustible afectivo que la alimentaba; hemos confiado demasiado tiempo en el piloto automático y ya no manejamos los mandos; entramos en zona de turbulencias emocionales; hay fallos en el motor de nuestros corazones; alguien desde la torre de control intenta interferir nuestra comunicación con mensajes cifrados contradictorios; no encontramos aeropuerto con pista libre para aterrizar nuestras pasiones; el destino inicial previsto ya no nos atrae y nos hemos lanzado en paracaídas al vacío, que está “lleno” ahí abajo esperando nuestra caída.
Sentimos el aumento de la velocidad de caída atraídos por la Tierra, que nos aguarda con los campos abiertos y los mares cerrados para estrellarnos; si en ese momento optamos por tirar de la anilla que abre el paracaídas notamos que en vez de caer subimos, sensación que nos engaña ya que ralentizamos la caída gracias a la tela que se despliega por encima de nuestras cabezas y nos permite descender tranquilamente disfrutando de las vistas y del viento que acaricia nuestro cuerpo y sosiega nuestras almas. Hemos conseguido aterrizar con suavidad y sin incidencias destacables, pero seguimos sin ver a nuestra compañera o compañero de viaje a pesar de estar a nuestro lado. Marcamos su número telefónico con la esperanza de que atienda nuestra última llamada y sin importarnos haber sido nosotros los que damos el paso e intentamos restablecer la comunicación, no es un síntoma de debilidad más bien de fortaleza de espíritu, y, milagros de la técnica, escuchamos su malhumorada voz, al principio algo distante pero que se acerca poco a poco a nuestro oído para susurrarnos, de nuevo, gratas melodías casi olvidadas. ¿Tienes alguna llamada pendiente?
Las palabras que empleamos para contar nuestras historias, que pretendemos sean también las tuyas y seguramente lo son, pues en el fondo todas las personas sentimos y vivimos las mismas realidades y los mismos sueños a lo largo de nuestras vidas (lástima de quien no tenga esa oportunidad), son palabras huérfanas que necesitan hermanarse con otras para conseguir el objetivo de transmitir un pensamiento, un deseo, una ilusión y producir en nuestra columna vertebral un latigazo, una descarga eléctrica, un escalofrío que agite nuestros sentidos, nuestras convicciones y nuestras emociones.
Palabras que por sí solas dicen mucho como: amor, comprensión, dolor, duda, soledad, alegría, etc., si se juntan con otras: yo, tú, nosotros, que hacen de sujetos; las situamos en un contexto: ayer, mar, cruce, noche, y les damos movimiento: sentir, viajamos, buscar ... logran el propósito de expresar y transmitir profundos sentimientos. Sentimientos que en algunas ocasiones aparecen nítidamente en lo escrito pero que en otros relatos pueden estar ocultos o encriptados, siendo necesario conocer el código o la clave para descifrarlos, sentirlos y vivirlos.
En nuestro caso, si nos conoces porque nos has leído, creemos que incluso en los versos más retorcidos lograrás encontrar el secreto que esconden nuestras palabras, que son tus palabras pues a ti van dirigidas:
"Viajamos a ninguna parte, en el cruce del tiempo y la nada, buscando el sueño imposible que escapó en Luna nueva, de nuestros insomnios dormidos, para encontrar la luminosa felicidad que paralizados le negamos".
Me gustan los escritores e intelectuales que no tratan de influir en la mente de los demás; que no están interesados en que la gente cambie de opinión, de política ni de moral; que no les importa un rábano los vicios privados de otros; que no se toman la vida a la tremenda; que ha elegido el desenfado, entre el sarcasmo y la ironía, como forma de pasar por este mundo sin dar lecciones a nadie, salvo el juego que pueda desprenderse de su propia vida, feliz o desgraciada.
No escribimos para contar la realidad, nuestra realidad ni la realidad ajena; la realidad no nos interesa precisamente porque, como es real, la vivimos, la sufrimos, la gozamos y no necesitamos contarla, nos basta con vivirla y reflejarla en nuestras caras día a día, noche tras noche.
No escribimos para narrar el tiempo perdido, que a veces lo perdimos y en ocasiones lo ganamos y es una inversión que nos acompaña todavía. El tiempo lo encontramos y tropezamos con él a cada momento mientras buscamos la solución al jeroglífico de nuestras vidas.
No escribimos por distimia, porque suframos el desasosiego en nuestras almas, como Bernardo Soares, y la nostalgia humedezca nuestro pecho y provoque una lluvia interior permanente.
Tampoco escribimos por necesidad fisiológica imprescindible, como respirar o bailar la melodía que suena a cada momento y acompaña nuestro ritmo.
Escribimos para recordar lo que fuimos en el pasado, como historia de unas vidas que fueron y nos condujeron a lo que son ahora, en este momento que escribimos. Escribimos para dejar constancia de lo que sentimos y cómo lo sentimos, de nuestra capacidad para vibrar con el sonido que emiten las personas que nos acompañan y sienten a nuestro lado. Escribimos para contarte lo que no nos atrevemos a decirte cara a cara, por miedo a ver la cara que pones cuando te lo decimos. Escribimos porque, si nos equivocamos, podemos borrar lo escrito o sustituir unas palabras por otras más acertadas o menos comprometidas, pues cuando hablamos no hay marcha atrás y las palabras que salen de nuestra garganta las perdemos para siempre y nos hacen deudores de lo que dicen. Escribimos para anticipar nuestros sueños y darles la oportunidad de nacer cualquier día a nuestro lado y hacernos felices. Escribimos para amar con palabras gratas y sentidas, que parten de nuestras almas y entran por tus brillantes ojos, intentando llegar a tu receptivo corazón y conmoverte.
Puedo perdonar una mala palabra Pero no la expresión de tus ojos Cuando la dices a mis ojos, Ahora estoy tranquila y en paz Y, sobre todo, Reconciliada conmigo.
Tal vez los ojos reflejen El estado del alma, Y en ese momento Mi alma estaba aturdida, Ahora es ella la que pide perdón A la chica que asía la botella, De la que está enamorada, Y espera encontrarla algún día.
Tú eres protagonista de tu vida, no pretendas serlo también de la nuestra. El mundo gira inexorablemente en torno a ti, tú eres el centro del universo, de tu universo estelar y maravilloso. Intentas que nos transformemos en satélites y giremos a tu alrededor siguiendo tu órbita, pero nosotros también tenemos vida propia, pensamos de forma autónoma, sentimos en nuestra piel el ruido, la temperatura y la luz que nos rodea, deseamos alcanzar las pequeñas metas que nos fijamos a cada momento, por eso vamos a nuestro ritmo intentando navegar en paralelo a tu estela y evitar el choque contigo. En ocasiones irrumpes en nuestro espacio, o tal vez nosotros cortamos tu paso y tu ritmo, y el impacto es inevitable: saltan chispas por el roce de la velocidad de crucero que llevamos y salimos despedidos en direcciones divergentes, desviando el rumbo de nuestra navegación y de nuestros destinos. Pasado un tiempo nuestras naves, recompuestas, vuelven a encontrarse unos "segundos luz" más adelante gracias al magnetismo incomprensible que las atrae y continuamos, avanzando a la misma velocidad, intercambiando mensajes cifrados y buenos deseos de fantásticos descubrimientos. Nos asomamos a la escotilla y admiramos el azul oscuro de la estratosfera y los destellos de las estrellas que celebran nuestro avance, otra vez juntos hacia el infinito, en nuestras naves que se desplazan por líneas paralelas y nos mantienen unidos y separados a un tiempo, mientras surcamos nuestra elíptica órbita alrededor del amor compartido, tan frágil como resistente.
Cuando cesa la comunicación de toda índole: verbal, gestual, sentimental y sexual, cortamos la línea roja inalámbrica que nos mantiene conectados para transmitirnos los sueños, las esencias, los quejidos, las inquietudes y las maravillas que nos impactan y nos preocupan; sólo nos queda el silencio, sin más. Enmudecemos porque ya no tenemos nada más que decirnos, nada que compartir, nada que discutir, nada que vivir juntos, ahora y mañana y nunca. El agradable y tranquilo sonido del silencio nos permite prestar atención al ritmo de nuestros corazones, que ya laten por separado, dispuestos a sincronizarse con otros que marquen el ritmo de otra vida futura y comunicada. Busquemos aquellos gratos recuerdos, que siempre hubo, como telón de fondo a esta bonita historia de amor con final menos feliz. ¿Nos queda alguna llamada pendiente? Tal vez.
Sin sentido, sin misterio, Recorro el pasillo circular Que conduce, de nuevo, Al destino que me aguarda, Como siempre, a tu lado; Para iniciar, de nuevo, El regreso a un pasado Conocido y deseado, Sin sentido, sin misterio.
Asume los hechos y avanza, la vida te regalará nuevos obstáculos que superar. Vive como si cada momento fuera insuperable. Supérate a ti mismo, pero nunca intentes superar a los demás.
Solo tú eres capaz de superar lo insuperable. Adopta la superación como forma de vida.
Vive para que seas tú el que supere las situaciones y no las situaciones las que te superen a ti. Confía en ti mismo, sé que lo superarás.
Ana Simarro, de "ASC Publicidad", para “El Chema y él”.
Cuando regresas, siempre, A tu primigenia vida, Que no es mi vida, Permanece, siempre, En mi desamparado ambiente, Que si es tu ambiente, La huella de tu presencia En el perfume de tu ausencia Y en el sonido del silencio Que, complacida, impregnas.
Conocemos el amor porque lo sentimos o lo hemos sentido en alguna ocasión, en nuestro sistema nervioso y en nuestra piel, y sus consecuencias nos han trastornado grata o ingratamente si ha sido o no correspondido.
En algunos momentos, tal vez bastante frecuentes, nos enamoramos de personas de las que ni siquiera conocemos sus nombres, pero sentimos una gran atracción mágica hacia ellas y, si no fuera por el miedo al ridículo o a romper con el presente que nos atenaza, les manifestaríamos nuestro deseo de compartir con ellas nuestros sentimientos.
Podemos enamorarnos de seres que vemos en la calle o en los medios de comunicación y nos transmiten una chispa de ilusión que nos conmueve.
Estamos preparados y dispuestos para el amor pero nos falta entrenamiento y mentalización para cuando se marcha o se transforma en desamor
El amor, cuando se vive en pareja, tiene, como la Bolsa, ciclos con tendencia alcista (raramente y sobre todo al principio) y, por desgracia, tendencias a la baja continuada porque dejamos de invertir y creer en esa empresa y miramos a otras que, suponemos, nos reportarán más beneficios en forma de dividendos emocionales y de liquidez personal; el desgaste de la convivencia casi siempre juega en contra nuestra; tal vez el amor a larga distancia o en la clandestinidad solucionaría este problema pero generaría otros.
En ocasiones continuamos, durante largo tiempo, enamorados de aquella persona maravillosa que nos sedujo o sedujimos en el pasado, pero sentimos en el presente que la ilusión ya se agotó y dudamos que en el futuro el amor vuelva a encandilarnos a su lado.
Con el paso del tiempo el amor puede evolucionar a desamor y, en ese momento, cambia la obra de teatro y el alma de los personajes, pero no cambian los actores que tienen que seguir representando una obra que ya no es la suya.
Cuando llega el desamor quedan varias opciones: esperar a que amaine el temporal y retornen las condiciones estables de presión y temperatura para que el amor vuelva a brillar en el cielo; continuar de por vida anclados es ese puerto con rumbo a ninguna parte; soltar lastre y amarras, izar velas, levantar anclas y partir rumbo a lo desconocido con la esperanza de encontrar una nueva isla en el océano donde establecer un nuevo campamento. La situación personal, familiar, social y económica, sin duda, dificulta la toma de cualquiera de las decisiones.
Como un ciclo que no tiene fin, regresará de nuevo el amor a nuestros corazones para olvidar tiempos pasados y continuar con la rueda que hace girar el mundo : amor/desamor/amor.
Nosotros, como personajes literarios, hemos sido diseñados para el amor y moriremos amando y enamorados, no lo dudes. ¿Nos acompañas?
"Bebamos y vivamos con fruición, mesura y sin desperdicio"
En la bodega de mi alma conservo con delicadeza y a temperatura controlada, para que permanezcan siempre en óptimas condiciones, los mejores caldos de mi vida. Bajo la superficie de mi piel, en la profundidad de mi cuerpo maduro y opaco, alejadas del ruido externo de la vida y protegidas de cualquier luz indiscreta que pueda deteriorarlas, reposan elegantes botellas de vidrio verde, en variadas tonalidades, que contienen los vinos más fantásticos que he cosechado a lo largo de mi tiempo de vendimia. Tintos: potentes, procedentes de los Llanos de la Mancha, aromáticos, profundos y con esencia de roble francés. Rosados: como flores rosa caramelo en primavera, frutales, frescos y jóvenes con influencia mediterránea y recuerdos canarios. Blancos: amarillo pajizo de vendimia tardía con la suave acidez de Galicia y delicado perfume de mar azul cielo. También alojo, en estantes dorados e iluminadas con velas, botellas vacías que todavía emanan el aroma embriagador de los néctares fermentados que las llenaron y que fueron degustados y saboreados lentamente hasta la extenuación; dan testimonio de un pasado inolvidable y hablan en sus etiquetas de vidas que marcharon pero que permanecen adheridas para siempre en mi recuerdo. Una botella azul brillante de vino misterioso, por sorpresa y sin remite, llega a la puerta de mi bodega para adentrarse en la oscuridad de mis sueños etílicos y envolverme, con su magia y sus hechizantes taninos, en un viaje apasionante por sabores nunca antes probados. Sensaciones que están a la altura enológica de sus compañeras que reposan tranquilas a la espera de ser despertadas, descorchadas y bebidas, para calmar mi sed de vida.
Camino bajo lafina lluvia de febrero, con paso lento y reposado, saboreando el momento de tranquilidad que ofrece el final de la tarde. Destino ninguno, tal vez intentando aislarme dentro de las sensaciones que ofrece esta tarde pasada por agua y escapando de los pensamientos cotidianos de la rutina diaria;volcando mi atención en la piel que recibe las suaves caricias de las gotas de lluvia que humectan mi espíritu y ablandan mi mente. Cruzan a mi paso mujeres y hombres que todavía marchan a paso ligero intentando llegar antes, o no mucho más tarde de la hora prevista, a sus ocupaciones del final del día. El ruido del tráfico no logra acallar el sonido del viento que llega a mis oídos y me trae el canto de las nubes sobrevolando la ciudad. El aroma fresco del césped y de los pinos, que inhalo profundamente, me transporta a paisajes de campo archivados gratamente en mi memoria. Al fondo de la avenidael reflejo de la luz filtrada del Solen el horizonte marca el crepúsculo de la tarde que dará paso, una vez más, a una tranquila noche de invierno, bajo la fina lluvia de febrero, a la que me acerco despacio confortado con el ambiente que me envuelve y el brillante recuerdo de tu imagen que me acompaña siempre.
En alguna ocasión viajamos tranquilamente con destino a una playa luminosa del Mediterráneo con la intención, como en la vida, de disfrutar de días tranquilos junto al mar en buena compañía y al calor suave del Sol. Hemos preparado el viaje con antelación suficiente para que no surja ningún imprevisto, pero cuando estamos en la carretera observamos, de repente, una gran nube gris oscura en el horizonte que se nos viene encima y no hay escapatoria posible. De pronto, como en la vida, la luz se apaga y pasamos del día a la noche en un instante, los truenos y relámpagos nos envuelven como sollozos y gemidos de dolor y nuestros limpiaparabrisas no consiguen evacuar las lágrimas que caen del cielo ahora transformado en infierno interior. La tragedia, la muerte de un ser querido es una gran tormenta en mitad de nuestro camino que oscurece nuestras vidas y nos conduce a un túnel tenebroso y triste que debemos recorrer, ojalá que en compañía, para encontrar de nuevo la luz y el horizonte que acabamos de extraviar. Hemos vivido esta experiencia con dolor e impotencia y por ello, cuando alguna persona cercana inicia su calvario interior por el mismo motivo u otro equiparable, nos solidarizamos con ella e intentamos, dentro de nuestras humildes posibilidades, ayudarle a que encuentre de nuevo la luz al final del túnel. El recorrido interior a través del recuerdo de los momentos vividos con la persona que marchó, físicamente, pues permanecerá para siempre en nuestros corazones, nos hiere profundamente y anula los pensamientos corrientes que nos conducen en el día a día. El cariño, el apoyo sentimental, la compasión y el propio esfuerzo para salir a flote del naufragio posibilitarán retornar de nuevo a la vida cotidiana fortalecidos por la experiencia vivida, sufrida, dispuestos a continuar el camino que el destino tiene preparado para cada uno de nosotros. Ahora queremos celebrar el retorno a la “normalidad” de una persona cercana que, con su esfuerzo y el apoyo solidario de su querido entorno, ha vuelto a la vida transformada, como Ave Fénix, en una nueva mujer fuerte e ilusionada. Brindamos por ella y por quienes la queremos y comprendemos.
Permite a mis templadas palabras, Que de mi pecho parten, Recorran el trecho que las distancia De tu inquieto corazón que aguarda Esperando siempre su llegada.
Buscan rendijas abiertas Para adentrarse, Cuando baje la guardia Que lo protege, En el hipocentro de tu dormida alma.
Insuflarán el aroma de la nostalgia Que llega envuelto en dulces recuerdos De tiempos marchitos que ahora renacen Con el calor de mi invierno que portan Y la fértil sonrisa de tu enamorada mirada.
Puedo contar, ahora, Que sin ti no tiene sentido todo lo que escribo, Porque si escribo es para ti, Para que me conozcas cada día un poco más, Para que comprendas que: Todo lo que cuento es pensando en ti. Tú marcas el ritmo y el contenido de mis palabras, Tú condicionas, con tu lectura activa, La respuesta a las preguntas y dudas Que haces sobre mí. Yo intento aclarar tus dudas, Responder a tus preguntas Y provocar otras nuevas. Pues, cuando todo sobre mí esté esclarecido, No tendrá sentido que continúes Interesándote por mí Y la lectura habrá terminado, para siempre, Derrotando a la escritura.
"Vendrán nuevas amistades que nos harán vibrar con nuevas emociones"
Que, ¿qué es la amistad? : "Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato".
Está claro, ¿verdad?. Pero, ¿y cuando todavía no se ha compartido? Porque en algunas ocasiones nos llevamos la grata sorpresa, o se la damos a otra persona, de recibir o dar afecto puro y duro, tan duro que llega a emocionarte y a emocionarle; y desinteresado, tan desinteresado como el Sol cuando cada mañana decide amanecer, sin ninguna otra intención, en el cielo de nuestras vidas. Cuando recibes un abrazo que transmite cariño y energía atómica de una persona que has conocido apenas unas horas antes y sientes en tu cuerpo y en tu alma, que despierta asombrada, una descarga de gran intensidad emocional, quedas paralizado y entregado totalmente a esa persona que deja su huella de amistad grabada para siempre en el fondo de tu corazón y de tu memoria; y tal vez no volverás a verla ni a abrazarla pero será amiga de por vida.
En otras ocasiones consideramos amigas a personas que tratamos en el día a día pero con las que no hemos entablado una relación de confianza y comunicación personal profunda, pero estamos dispuestos, sin que ellas lo sepan, a entregarles toda nuestra comprensión, nuestra solidaridad, nuestro apoyo sentimental y material en el momento que más lo necesiten, ¿son amigos en potencia o amigos durmientes?
¿Y la amistad que permanece con nosotros, inalterable y eterna, de amigos y amigas que abandonaron sus cuerpos para continuar a nuestro lado transformados en presencia y en energía inmaterial? Amistad que nos acompaña y nos pellizca en los momentos importantes de la vida; es una amistad en la sombra que ya no tiene marcha atrás, ni cuando vayamos a su encuentro definitivo al otro lado de la realidad.
Existe otra amistad, la amistad que con el tiempo, incluso con poco tiempo, evoluciona y se transforma en amor, no ya en amor universal sino en amor con mayúsculas: AMOR, ¿deja de ser amistad o es amistad enamorada?
Yo he sentido la amistad cuando las palabras de un amigo o de una amiga, que sólo puede ofrecerte palabras, te alivian de la carga y de la angustia en los momentos difíciles; también he vivido la amistad que se manifiesta en la alegría compartida en los instantes de felicidad que nos regala el destino, y aunque la euforia del momento nos impida reconcerla plenamente, es amistad exultante y desinhibida.
También siento la amistad cuando, sin saber tu nombre, presiento que al leer estas líneas eres mi amiga o mi amigo sin conocerme, sin conocerte, amigo, amiga.
Cuando escribimos, cuando expresamos y cuando abrimos nuestros corazones intentamos transmitir las vivencias que nos tocaron vivir y conformaron lo que fuimos en el pasado desembocando en el presente que ahora somos. Acontecimientos personales con gran carga emocional que marcaron para siempre nuestra piel y nuestra alma con cicatrices que son más visibles y profundas con el paso del tiempo.
Para contar estas pequeñas historias, irrelevantes para la Humanidad, pero importantes para nosotros que las vivimos en primera persona o fuimos testigos directos de situaciones que afectaron a seres queridos e impactaron en nuestras conciencias, empleamos el lenguaje de los sentimientos que lo conforma un rico y variado vocabulario de emociones escritas, casi siempre con mayúsculas, y un número ilimitado de expresiones unas veces alegres y resplandecientes y otras, por desgracia la mayoría, tristes y angustiadas.
Cuando cargamos las estilográficas con la tinta roja que circula por nuestras venas y ponemos rojo sobre blanco lo que sentimos, queda marcado el cuaderno para siempre con la historia y el presente de nuestras vidas, y ni las lágrimas salinas, amargas, dulces o ácidas, que en alguna ocasión resbalan y caen en nuestros escritos, son capaces de disolver la angustia o la dicha que en castellano glosamos.
Por tanto, si lo que escribimos, lo que expresamos y lo que intentamos transmitir te conmueve, debes saber, amiga y amigo lector, que también a nosotros nos conmueve. Y nos reconforta saber que te emocionas, que lloras y que ríes con nosotros, porque la tragedia y la comedia son las dos caras de una moneda que es la vida, moneda con la que pagamos caro el hecho de haber nacido.
Y como la Poesía es la forma más sutil y contundente de esparcir fuera de nosotros el alma que nos quema optamos, casi siempre, como ha decidido Caballero Bonald, por abandonarnos en sus brazos para que sea ella la que hable por nosotros. Y cuando se trata de relatar algún acontecimiento, aparentemente insustancial, surge siempre la visión poética que lo transforma, como ahora, en acontecimiento que trasciende lo puramente formal para elevarlo a la altura de nuestras ilusiones, siempre por encima de la realidad pero por debajo de nuestros sueños que esperamos sean los tuyos.